“Atribuciones que no les corresponden”
Los habitantes de San Carlos de Bariloche –la hermosa ciudad turística de la que los rionegrinos nos enorgullecemos por sus paisajes– han sufrido en pocos días dos hechos de extrema gravedad. Uno, el de los saqueos y violencias de fin de año, lamentables sucesos que obedecen a diferentes causas y a personajes hartamente conocidos: fuertes contrastes sociales, pobreza, marginalidad, internas y prácticas políticas bastardas que los barilochenses conocen sobradamente. Otro, tan o más grave, ha sido protagonizado por el gobernador Weretilneck y el senador Pichetto intimando al intendente Goye como consecuencia de aquellos hechos a “dar un paso al costado”, un tapujo utilizado para no hablar de la renuncia a su cargo, expresión que según el periodismo se cuidaron de utilizar como si con ello disminuyera lo improcedente de su accionar. Resulta sintómatico que el gobernador y el senador –enfrentados duramente durante este primer año de gobierno del Frente para la Victoria en Río Negro, con las negativas consecuencias que ello tiene para la provincia– se hayan unido para realizar un acto de desconocimiento de la voluntad popular de los ciudadanos de Bariloche que eligieron a ese intendente y de los procedimientos y mecanismos institucionales para juzgarlo en caso de mal desempeño en sus funciones. Actuando con una prepotencia impropia de los cargos que desempeñan, han procurado acorralar al intendente para forzarlo a tomar una decisión que les pertenece en exclusividad a él y a la ciudadanía de Bariloche a través de sus representantes institucionales, que deberán actuar sin ningún tipo de presiones o motivaciones ajenas que, como en este caso, parecen responder a cuestiones de la interna política del partido oficialista. Llamativamente, no se ha visto la misma preocupación de ambos funcionarios para lo ocurrido en esa ocasión en Cipolletti , con saqueos y destrozos que a pesar de ser importantes fueron minimizados; y en ese caso no se le pidió al intendente Baratti un paso al costado, ni siquiera una explicación por esos hechos. Asimismo no puede dejar de señalarse que, habiendo sucedido ese mismo día alrededor de 270 saqueos similares en 40 lugares del país, el único que ha sido objeto de consideración por parte de la presidenta de la Nación haya sido el de Bariloche, en lugar de habérselos considerado en su conjunto como parte de una situación social sumamente deteriorada con políticas que sólo atienden al clientelismo asistencialista en lugar de generarse verdaderos procesos de inclusión social aprovechando el extraordinario crecimiento económico que ha tenido nuestro país y del que tanto se enorgullece el gobierno. En el caso de Bariloche, tanto el gobernador Weretilneck como el senador Pichetto se han arrogado atribuciones y facultades que no les corresponden y han realizado un acto reñido con la soberanía popular, la democracia y al Estado de derecho al que válidamente se puede calificar como un golpe desestabilizador que, de concretarse con la renuncia del intendente Goye motivada por esa exigencia, sentaría un peligroso y negativo precedente no sólo para Río Negro sino para todo el país. Bariloche, al igual que muchas otras ciudades de nuestra provincia, necesita de soluciones reales para los serios problemas que gran parte de sus habitantes tienen. Es decir: necesita de acciones de política con mayúsculas, y no de actos patoteriles como el protagonizado. Carlos Segovia LE 7.304.065 Cipolletti
Carlos Segovia LE 7.304.065 Cipolletti
Los habitantes de San Carlos de Bariloche –la hermosa ciudad turística de la que los rionegrinos nos enorgullecemos por sus paisajes– han sufrido en pocos días dos hechos de extrema gravedad. Uno, el de los saqueos y violencias de fin de año, lamentables sucesos que obedecen a diferentes causas y a personajes hartamente conocidos: fuertes contrastes sociales, pobreza, marginalidad, internas y prácticas políticas bastardas que los barilochenses conocen sobradamente. Otro, tan o más grave, ha sido protagonizado por el gobernador Weretilneck y el senador Pichetto intimando al intendente Goye como consecuencia de aquellos hechos a “dar un paso al costado”, un tapujo utilizado para no hablar de la renuncia a su cargo, expresión que según el periodismo se cuidaron de utilizar como si con ello disminuyera lo improcedente de su accionar. Resulta sintómatico que el gobernador y el senador –enfrentados duramente durante este primer año de gobierno del Frente para la Victoria en Río Negro, con las negativas consecuencias que ello tiene para la provincia– se hayan unido para realizar un acto de desconocimiento de la voluntad popular de los ciudadanos de Bariloche que eligieron a ese intendente y de los procedimientos y mecanismos institucionales para juzgarlo en caso de mal desempeño en sus funciones. Actuando con una prepotencia impropia de los cargos que desempeñan, han procurado acorralar al intendente para forzarlo a tomar una decisión que les pertenece en exclusividad a él y a la ciudadanía de Bariloche a través de sus representantes institucionales, que deberán actuar sin ningún tipo de presiones o motivaciones ajenas que, como en este caso, parecen responder a cuestiones de la interna política del partido oficialista. Llamativamente, no se ha visto la misma preocupación de ambos funcionarios para lo ocurrido en esa ocasión en Cipolletti , con saqueos y destrozos que a pesar de ser importantes fueron minimizados; y en ese caso no se le pidió al intendente Baratti un paso al costado, ni siquiera una explicación por esos hechos. Asimismo no puede dejar de señalarse que, habiendo sucedido ese mismo día alrededor de 270 saqueos similares en 40 lugares del país, el único que ha sido objeto de consideración por parte de la presidenta de la Nación haya sido el de Bariloche, en lugar de habérselos considerado en su conjunto como parte de una situación social sumamente deteriorada con políticas que sólo atienden al clientelismo asistencialista en lugar de generarse verdaderos procesos de inclusión social aprovechando el extraordinario crecimiento económico que ha tenido nuestro país y del que tanto se enorgullece el gobierno. En el caso de Bariloche, tanto el gobernador Weretilneck como el senador Pichetto se han arrogado atribuciones y facultades que no les corresponden y han realizado un acto reñido con la soberanía popular, la democracia y al Estado de derecho al que válidamente se puede calificar como un golpe desestabilizador que, de concretarse con la renuncia del intendente Goye motivada por esa exigencia, sentaría un peligroso y negativo precedente no sólo para Río Negro sino para todo el país. Bariloche, al igual que muchas otras ciudades de nuestra provincia, necesita de soluciones reales para los serios problemas que gran parte de sus habitantes tienen. Es decir: necesita de acciones de política con mayúsculas, y no de actos patoteriles como el protagonizado. Carlos Segovia LE 7.304.065 Cipolletti
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