Búsqueda del perfecto sonido rocker

Redacción

Por Redacción

POR MARTIN VALBUENA

atupecu Machu es lejos la banda que ha llegado más alto en los últimos años, no por sus premios y reconocimientos, que de hecho los ha tenido, sino por la contundencia del sonido y la temperatura que alcanzan sus conciertos. Después de recluirse por seis meses y grabar su último disco «El número imperfecto», que salió en octubre pasado, la banda sigue sin mostrar «secuelas» de abstinencia de shows.

Arrancó el año arrasando estadios.

En mayo volvieron a Obras, mientras que agosto los llevaría a Nueva York con tres presentaciones, para luego terminar noqueando por primera vez las puertas del Luna Park. Parece que es época de grandes recitales.

La banda, que data de 1995, está integrada por: Fernando Ruiz Díaz en voz y guitarras, su hermano Gabriel en bajo, computadoras, samplers, producción y voz. Herrlein en acordeón y batería y Macabre en sintetizadores y samplers.

Desde Villa Luro y después de 10 años de trayectoria recordamos cuando «redeabajo» promocionaban sus discos y shows, tratando de ser independientes. Entonces grabaron un demo con el tema «Lavatuto» que se repartía gratuitamente entre los fans. En los primeros shows no vendían entradas anticipadas y tocaban en lugares donde nunca nadie había tocado. Aparecieron por primera vez en Heaven & Hell, un boliche de Palermo, y salieron de gira por la costa atlántica.

Hasta que en 1997 decidieron poner en marcha su propio sello Mueve! y se concentraron en grabar su primer disco «Dale!» que, remolcado desde la prehistoria, fue más que el amanecer de un grito desesperado.

Más que «tres monos» cargados de energía, que mientras revolvían los géneros, «avisaban» que dentro de la exageración buscaban su forma. Mucho más aún, si en ese momento estaban destinados a llenar un vacío en el rock local.

Argumentos suficientes como para esperar, nunca sentados, un segundo disco.

En 1998 llegaría «A morir!!!» un disco con más de 20 temas que se grabó en vivo en Cemento, con todo lo que eso significaba.

El registro de una banda novedosa que se desangraba cada vez que subía al escenario. Ya dejaban de ser una mezcla de rock de macumbas y sentimiento aborigen para empezar a contar «Cuentos decapitados».

Sin bajar un cambio, ordenaron un poco el caos y agregaron melodías muy personales con poesía para seguir. Decían que se habían vuelto comerciales, pero este cronista conserva sus dudas. Su espontaneidad obliga a vibrar dentro de la transformación, dejando poco margen para hablar de números. Siempre creí en su amor al arte.

En el 2002 llegarían por primera vez a Obras con «Eso Vive» una coproducción de EMI-Odeón Argentina y MTV Latino, con todos los condimentos de una banda que tampoco en vivo deja cabos sin atar.

Preocupados por la imagen que transmitirán a sus fanáticos (lo más importante), romperán con la forma tradicional de escenario plano, superponiendo los niveles, ajustando y elevándolo, para dar siempre con una puesta muy visual.

Algo que se repetirá en cada una de sus presentaciones.

En el mismo año volverían a las fuentes con «Cuadros dentro de cuadros» un experimento de gula tecnológica, donde la batería, los acordes y las bases cuadradas en un rebusque melódico, empezarían a descansar en los sintetizadores.

Pero nunca relegando el leit motiv de la existencia Machu: estremecer hasta remontar vuelo.

Pasaron dos años y llegó «El número imperfecto», de la evolución al sentido común. Catupecu Machu logra muy bien hacer convivir música y letras de sentimiento visceral, situación que generalmente suele repelerse. Y este disco es una muestra de cómo este «cuarteto power zen» ha comenzado, inconscientemente quizás, a hacerse cargo del espacio que ocupan.

Saben de su lugar y no pierden oportunidad para proponer alternativas a los comprometidos tiempos que nos tocan vivir.

Preferimos no imaginar la cantidad de padres que habrán cuestionado o acompañado (ambas opciones son posibles) sus letras – casi habladas – que nacen del espíritu de la banda, de su dolor, del despertar de la conciencia, del continuo descame, del amor, del agobio personal, de los reconocimientos, de la decadencia, de la hermandad, del auténtico sufrimiento, del escape mortal, de las polleras, de las botellas vacías, del ego, de sus giras nocturnas, de las reminiscencias del punk, de la evolución del hombre… suficiente.

Los han tildado de ser sólo una banda «muy power». Ni hablar, pero también son dueños de un sonido inconfundible, de personalidad electrizante y muy exigente, cuestión que los demoró muchas veces para lograr el mejor disco.

Rompen récords, agotan entradas, hacen delirar a sus seguidores en vivo y en la web. También tocan cada vez más seguido en el extranjero y acarrean miles de fans en el interior del país, así como en Capital y Gran Buenos Aires. Ya marcan tendencia. Cerca de cumplir un año, su último disco «El número imperfecto» ya es Disco de Oro, superó las 20 mil copias vendidas, y se preparan para aterrizar en la Patagonia el sábado 17 de setiembre.

Por la noche se presentarán en el boliche TKT de la ciudad de Neuquén. Al día siguiente estarán en los festejos del Día de la primavera en la costanera de Viedma, donde darán un recital gratuito.

GALARDONADOS

Entre sus menciones y premios se destacan:

«Los Mejores Discos del 2000» , por «Cuentos Decapitados» en la revista Rolling Stone, enero 2001.

«Mejor Banda de Rock Argentino 2001» , Premio del diario Clarín a la Música en el Rubro Rock, diciembre de 2001.

«Artista del Año» y «Mejor Banda del Año» según el voto de los lectores en los «Rolling Stone Music Awards», febrero 2002.

«Y lo que quiero es que pises sin el suelo»: «Premio MTV» al mejor video latino 2001 votado por la gente.

Catupecu Machu está nominado en «Los MTV Video Music Awards Latinoamérica 2005» en las categorías «Mejor Artista de Rock» y «Mejor Artista Sur», evento que se a realizará el 20 de octubre próximo, en Playa del Carmen, Caribe Mexicano.


POR MARTIN VALBUENA

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