“Calamaro y yo”



Andrés Calamaro es autor de más de 400 canciones. Algunas me gustan más que otras, y –al final de la decantación propia que generan los inevitables almanaques– han quedado ancladas en distintos rincones de la memoria.

Calamaro escribe de una manera muy simple, muy directa, sin grandes giros literarios, y tal vez sea esa simpleza la que me atrae y la que ahora me sirve para exponer la sensación de abatimiento provocado por “la grieta” que (una vez más) reedita nuestro país, de manera circular, casi trágica, llevándonos a los tumbos a través de una alternancia política recurrente y repetitiva que decididamente no ha sabido ni ha querido terminar con los gravísimos problemas estructurales que desde hace tantos años nos aquejan.

Llevamos muchos años viviendo de desventura en desventura.

Y ahí vamos. De los populismos a los neoliberalismos, sin escalas. Ineptitudes varias, promesas incumplidas o proclamas inconclusas.

Da igual, para este ya histórico juego de la Oca que nos permite avanzar tres lugares para después retroceder cinco. Una y otra vez.

Reducido a su mínima expresión el pensamiento crítico, no se promueve la verdadera participación ciudadana (no aludo, claro está, a la circunstancial concurrencia a un acto partidario o a la eventual emisión de un voto). Se ha esfumado (desde hace muchísimo tiempo) la crítica constructiva y bienintencionada. Unos y otros apuestan al fracaso del contrario, y cuanto más estrepitoso sea... tanto mejor. Idéntico destino ha corrido la autocrítica. Nadie se hace cargo de nada y todo sucede por culpa del otro.

Los que llegan a la política se resisten a dejarla. Se atrincheran. Arman una “pyme” (familiar o amistosa) y apuestan a entronizarse allí durante años, succionando la inagotable teta del Estado. Esa misma perpetuidad, como es sabido, termina fungiendo en corrupción, y en dolorosa metástasis.

Los partidos políticos (todos, según lo indica mi propia experiencia) no están dispuestos a aceptar voces disonantes. Al contrario. Rápidamente procuran silenciar al “indócil”. Esos mismos dirigentes son los que hoy se dedican a juntar los escombros que desaprensivamente supieron generar, dejando en la intemperie a millones de ciudadanos que alguna vez estuvieron dispuestos a creer en alguien, incluyéndonos a nosotros mismos, los más veteranos, los que alguna vez defendimos en las asambleas universitarias la necesidad de un “hombre nuevo” para la Argentina.

Me quedo recostado sobre aquellos recuerdos tan lejanos en el tiempo, mientras sigo escuchando a Calamaro decir: “Sé lo que no quiero, y no lo puedo evitar
Puedo seguir escapando, y aún lo estoy pensando.
Lo estoy pensando... pero estoy cansado de pensar”.

“No sé lo que tengo, pero sé lo que no tengo
Sé lo que no tengo, porque no lo puedo comprar.
Puedo seguir cantando, pero sigo esperando.
Sigo esperando... pero estoy cansado de esperar”.

Mario Álvarez

Concejal Vecinalista

“Unos y otros apuestan al fracaso del contrario, y cuanto más estrepitoso sea... tanto mejor. Idéntico destino ha corrido la autocrítica”.

Mario Álvarez

Concejal Vecinalista

“Se ha esfumado (desde hace muchísimo tiempo) la crítica constructiva y bienintencionada. Unos y otros apuestan al fracaso del contrario, y cuanto más estrepitoso sea... tanto mejor”.

Datos

“Unos y otros apuestan al fracaso del contrario, y cuanto más estrepitoso sea... tanto mejor. Idéntico destino ha corrido la autocrítica”.
“Se ha esfumado (desde hace muchísimo tiempo) la crítica constructiva y bienintencionada. Unos y otros apuestan al fracaso del contrario, y cuanto más estrepitoso sea... tanto mejor”.

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