Cameron prefirió aislar a su país a perder algo de soberanía
Consumado el hecho, algunos colegas se negaron a estrecharle la mano. El presidente francés Nicolas Sarkozy pasó junto a él como si fuera invisible. David Cameron, el primer ministro británico, se convirtió en el paria de Europa. Su pecado fue rechazar la invitación a participar con 26 socios europeos en una alianza financiera más estrecha para salvar el euro. Con ello hizo que su país desentonara en una época de grave peligro financiero, y generó dudas de que Londres pueda seguir siendo miembro de la Unión Europea. La Unión Europea, originada en una alianza de seis naciones en 1051, ha sido la piedra angular de la estrategia del continente para mantener la paz desde la Segunda Guerra Mundial al establecer lazos económicos y culturales entre los antiguos adversarios. Su mercado único y el libre tránsito a través de las fronteras dio lugar a una prosperidad sin precedentes. La integración se aceleró con la moneda única, pero la supervivencia del euro está en peligro por la crisis de la deuda. Esa realidad permitió convencer a 26 de los 27 países que era necesario sacrificar parte de la soberanía nacional para mantener vivo el sueño europeo. Para Gran Bretaña, una nación insular orgullosa de su independencia, la idea de ceder algo de control sobre su propio destino fue imposible de asimilar. Agotado tras una noche de reuniones y con su corbata torcida, insistió que Gran Bretaña seguía siendo un miembro influyente de la UE. “Queremos seguir en Europa por el comercio, la inversión, los empleos y el crecimiento’’, dijo. Pero rechazó de plano el proyecto, que según él no protegía debidamente los intereses británicos y le obligaba a ceder demasiado control sobre la regulación del sector financiero. El deseo de Cameron de seguir en la UE sin firmar el nuevo tratado enfureció a otros gobernantes, que no quieren permitir que Londres decida por su cuenta qué aspectos de la vida de la Unión está dispuesto a aceptar. El premier italiano Mario Monti dijo que Gran Bretaña ya no estará “en el corazón de Europa’’ . “Creo que vendrá cierto aislamiento’’, dijo. “ Era inaceptable. Si aceptamos una derogación (del nuevo pacto fiscal) para el Reino Unido (…) sería cuestionar gran parte del trabajo hecho”, comentaba el presidente francés, Nicolas Sarkozy. “No estábamos dispuestos a hacer concesiones irresponsables. Necesitamos reglas (presupuestarias) más duras”, comentó la canciller alemana, Angela Merkel.
Fiel a la tradición británica, Cameron rechazó controles supranacionales a su economía.