“Cansada de los atropellos constantes”
Recuerdo que cuando se lanzó el último sistema de estacionamiento en la ciudad de Neuquén (que merece un capítulo aparte por incómodo para el usuario; no entiendo por qué no se buscó un mecanismo como los tan prácticos parquímetros ubicados en la misma cuadra donde se estacionaba) se dijo que la recarga de la tarjeta no incluiría ningún gasto extra para el usuario. Fue así por un tiempo hasta que, como el tiempo todo lo borra, el 27 de mayo me encontré con que el señor del quiosco Alcorta, sito en Ministro Alcorta 96 casi esquina con San Luis, me cobró por la recarga de mi tarjeta de estacionamiento el peso que muchos quioscos cobran por venta de tarjetas, recarga de celulares y otros servicios (tema digno de un capítulo aparte). Fue tal mi indignación que le pedí al quiosquero una factura por el peso abonado y lo tomé tan de sorpresa que me confeccionó la factura C Nº 0001-00001013 por $ 1 en concepto de estacionamiento, que obra en mi poder y de la cual adjunto copia. Me fui con ella al Sein, no para recuperar el peso sino la dignidad de ciudadana, cansada de los atropellos constantes a nuestros derechos por parte de gente como el Sr., quien me dijo “y bueno, señora, las cosas son así…”. La señorita que me atendió en el Sein puso cara de “¿Qué le pasa, señora? ¿No sabe que le cobran por recargar la tarjeta?” y me dijo: “Ése es un asunto que tiene que arreglar Ud. con el quiosquero”. Digo yo, la empresa hace su negocio y determina cuáles serán los centros de recarga pero no los regula ni controla para no perderlos y yo me tengo que pelear con el quiosquero que, si no le pago el peso, no me carga la tarjeta, lo cual es un chantaje en todo el sentido de la palabra. Y mejor ni mencionar que ese peso que abonamos es negro, negrísimo, dinero que ingresa directo al bolsillo del quiosquero y que muchas veces sale de sueldos blancos, blanquísimos, sobre los que el Estado cobra impuestos. Pedí hablar con otra persona y me atendió un señor Alberto que no debe tener apellido porque nunca me lo dijeron (creo que últimamente la gente nace sin apellido). Se nota que este señor Alberto tenía todos los másteres posibles en “antiatención al cliente”, “antimarketing”, “subestimación del usuario” y otras especializaciones. Éstos fueron algunos de sus argumentos: • “No le hubiera pagado”. ¿Y no cargo la tarjeta, estaciono sin pagar? • “Hubiera venido a cargar a las oficinas del Sein”. ¡Qué cómodo! ¿Camino cuatro cuadras cuando el quiosco está a la vuelta de donde estacioné? • “No tenemos nada en el contrato que impida que los quiosqueros cobren”. Bueno, entonces que me den una factura cada vez que pago ese peso. • “La inflación…”. ¡Esto sí que no se puede creer! • “¡Bueno, al final tendríamos que sacar los quioscos y que todos vengan a cargar acá!”. ¡Se enojó! ¡Qué susto! El Sr. Alberto me ofreció, de lástima, reintegrarme el peso, pero sólo contra entrega de la factura original. Sin comentarios… la factura sigue y seguirá en mi poder. Marta S. Díaz, DNI 11.478.663 Neuquén
Marta S. Díaz, DNI 11.478.663 Neuquén
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