Bajemos la angustia
Carlos Javier Almendra
No quisiera imaginar de qué forma brusca subirá el índice de precios de julio a la luz de lo que estamos viendo: ventas paralizadas en los comercios, remarcaciones de hasta el 45%, falta de precios de referencia, stock insuficiente, disparada del dólar… En fin, incertidumbre frente a un gobierno inerte.
Comercios chicos y grandes condicionados por sus proveedores, casas de construcción, calzado, gastronomía, etc., están a ciegas.
Hay que considerar que muchos de estos negocios vienen de una situación muy dura: más de 50.000 en todo el país cerraron durante la pandemia. La sensibilidad es muy alta.
Sabemos que buena parte del origen de esta zozobra proviene de la descomposición de la cúpula gobernante.
Hoy avanza el ala cristinista y se repliega el presidente, con muestras de preocupante debilidad, para colmo a un año y medio de las elecciones.
Rogamos que, por lo menos, el equipo económico -una vez bien definido- establezca rápidamente decisiones, dé certezas macroeconómicas, promuevan acuerdos sectoriales (políticos, empresariales, gremiales) y no reincidan en más cepos, retenciones, controles de precios u otras medidas provocativas de las que el mercado toma nota al instante, profundizando la angustia general.