Clara Liptak, profesora de dibujo y pintura en Chos Malal

Por Beatriz Chávez


Los padres de Clara se llamaban Rudolf Liptak y Bárbara Saska. Su hermano, Teodoro. Llegaron a Buenos Aires en 1927. Se instalaron en el barrio de La Boca: Rudolf comenzó a trabajar como litógrafo en Peuser. Clara y Tedoro, de 13 y 11 años, concurrieron a una escuela primaria pública, en la que aprendieron el idioma. Terminado el ciclo ingresaron a la Escuela de Bellas Artes de Buenos Aires, Clarita completó su formación artística.

Vivieron en Banfield y en Saavedra, donde nació Eduardo, el único argentino nativo de la familia. Rodolfo y Teodoro se establecieron en la provincia del Neuquén con el propósito de explotar unas minas de oro en el departamento Minas, en la zona de Guaraco, lugar en el que Clarita, de alrededor de 20 años de edad, vivió durante un tiempo.

En los años 40 vivió en Martínez, Buenos Aires, y retornó a Neuquén en 1957 al fallecer su padre: se estableció con su mamá en Buta Ranquil y luego se asentaron en una chacra en Chos Malal. Clara alternaba ese trabajo con sus clases de dibujo y pintura en la recientemente creada CEPEM 4, escuela secundaria pionera. Era 1960. Su primera directora fue la Profesora Fenny Goransky, y en ella Clarita fue profesora fundadora de manualidades, caligrafía cocina y artesanías. Asimismo, fue esa pintora que retrató, como nadie más, los lugares más simbólicos de la ciudad desde su vista preferida: su chacra a orillas del río Curi Leuvú. Pintó el Torreón, al Caycallén y su amado Cerro Mayal.

Las faldas del cerro de la Virgen, como la unión entre los ríos Curí Leuvú y el Neuquén, vestidos de mantos primaverales o blancas capas de invierno, reflejan en los cuadros de Clarita su particular visión y amor por estas tierras del norte neuquino. Varios murales realizados en lo que hoy es el edificio que contiene a la biblioteca popular y oficina de turismo provincial fueron parte de su obra, como así también en el CEPEM4, donde da la bienvenida a estudiantes y personal educativo. Parte de sus cuadros están expuestos en el municipio local.

Clara, además, fue profesora de caligrafía y escultura, entre otras ramas del arte. También fue un ser especial. Mujer, que, con su acento extranjero, pronunciaba la “r” contraída y la “s” marcada en charlas extensas, donde dejaba notar una educación completa, rigurosa y profunda, lo que le permitía mantener conversaciones sobre diversos temas, envueltas por el humo gris de su tabaco negro. Esas charlas, acompañadas con un vaso de whisky o una cañita, dejaban entrever la figura de una artista bohemia que, habiendo nacido hacía más de un siglo en Budapest, eligió Chos Malal para vivir. Entre sus obras se destacan paisajes típicos. Por ejemplo, en el hotel del ISSN en San Martín de los Andes o en Gendarmería Nacional El Güemes. La comunidad de Chos Malal le agradece la restauración de los escudos de catorce provincias argentinas que se encuentran en el museo de la ciudad.

Elaboramos este escrito a partir del sentido relato que realizó su sobrino, Dante Castro Liptak, con el que nos contactamos. En el agradecimiento al Archivo Histórico Municipal de Chos Malal va el homenaje a esta gran profesora de las artes que supo plasmar en sus pinturas el paisaje y sentimientos que le transmitió esa tierra que adoptó como propia, que no abandonó hasta el último de sus días y que miró y recreó con ojos encariñados.

Beatriz Carolina

Chávez