Doctor Adolfo Coco Mantilaro y su esposa Ana María Brasa Nápoli Luzuriaga

NEUQUÉN
Procedente de Buenos Aires, arribó a estas tierras en noviembre de 1971 para formar parte del modélico Plan de Salud que se estaba implementando en la provincia. Creadores del hogar de tránsito Cristo del Amor.
Coco es hijo de Clemente, descendiente de italianos del Piamonte y Génova, y de María Teresa Butta. Nació el 5 de febrero de 1940 en Ramos Mejía, estudió en el Colegio San José de Morón, escuela de los hermanos maristas. En 1968 se recibió de médico clínico cirujano en la Universidad Nacional de Buenos Aires y se especializó en la Maternidad Peralta Ramos, lugar en el que trabajó. Les llegó la información de parte de la Alianza para el Progreso acerca del otorgamiento de becas para el crecimiento de la pediatría. Por ese motivo se contactó con la provincia y con su esposa Ana María Nápoli Luzuriaga llegaron en tren a la ciudad. Brasa nació en Lomas de Zamora en 1942. Mujer inquieta, estudiosa de teología, teatro, entre otras. Al Valle llegaron solos, ya que los dos hijos mayores, Máximo y Belén, quedaron al cuidado de los abuelos. Recién arribados durmieron en el hospital Bouquet Roldán.
“Encontramos una contención humana genial, impactados, Neuquén nos atrapó”. Acá nacieron Nicolás, Ignacio, Francisco, Esteban, Clara, que en total les dieron veintidós nietos. Trabaron intensa relación con don Jaime de Nevares, con el padre San Sebastián, padre Oyarzo, entre otros: adherían a los ideales de una iglesia liberadora, con los pies en la tierra, que se hacía presente en los lugares más necesitados. En épocas de dictadura fue dejado cesante del hospital central; más adelante fue restituido.
En 1981 vivían en el Barrio Jardín, desde allí Brasa veía a los niños concurrir a la escuela 107 en medio de pobreza y carencias. Hasta que un día le propuso a don Jaime generar algo para comprometerse más en forma orgánica ante tales situaciones. En calle Pilar entre Godoy y Las Palomas compraron dos terrenos para vivienda y otros dos para emprendimiento. Brasa, con gran visión de la situación, empezó a alojar a gente carenciada, preferentemente mujeres embarazadas. En un principio los recibían en la casa familiar, un lugar de puertas abiertas. Luego pudieron construir el hogar en los dos terrenos que, más adelante, donaron al obispado.
El hogar tenía dos habitaciones, un baño, patio en el medio, y al lado otras dos habitaciones, cocina, comedor. El tema central era la presencia activa ante situaciones de madres solteras que eran echadas por sus patronas y quedaban en la calle, además de realidades de género y violencia familiar. La concepción era la de un lugar de acogida y terapéutico, recibieron la ayuda de muchos amigos, constantes colaboradores. Brasa puso toda su vida en esta tarea. Coco sintió gran amor por la salud pública: se desempeñó en el hospital Castro Rendón y como pediatra reconocido en la comunidad.
El centro de salud de San Lorenzo Sur lleva su nombre por la enorme tarea que realizó en la zona oeste. Brasa partió a otra vida hace dos años, rodeada de sus hijos, siempre fue una madre presente: les enseñó a ser absolutamente libres. Con orgullo, Coco nos dijo: “Nuestros hijos estudiaban y trabajaban para pagar sus estudios. No les faltaba nada. Un estar compartido, necesario y armónico para ser digno”. El trabajo en el hogar era realizado por todos, era una escuela de vida, cualquiera lo hacía.
Otros puntales importantes del hogar de tránsito fueron el entonces obispo don Agustín Radrizzani y luego el obispo Marcelo Melani que, unos años después, fue destituido. Ya con el obispo Bresanelli se cerró el hogar. En las instalaciones en donde tuvo vida el Hogar Cristo del Amor se abrieron oficinas del Ministerio de Desarrollo Social.
En el mismo predio tiene su casa la fundación solidaria Otras Voces, que realiza una importante misión. Coco solo tiene agradecimiento a esta ciudad: formaron una red solidaria de afectos que Neuquén permitía sin frenos. “Uno es donde se construye un destino”. Una inmensa obra fraternal construida durante 37 años, que se cerró en 2018: su espíritu de hermandad, de respaldo, de solidaridad hace que el Neuquén agradezca el establecimiento de la familia Mantilaro – Nápoli Luzuriaga en estas tierras. Nuestro homenaje en el día del médico y en su nombre a todos los que vinieron a poblar la Nor Patagonia.