¿Hacía falta aclararlo?

Por Carta de lector

Germán Patricio Ramírez
NEUQUÉN

Vamos a darle la razón por una vez al inefable Diego Brancatelli.

Tuitió en contra de la vocera presidencial Gabriela Cerruti: “El 1% de los argentinos escuchó lo que dijo el fantasma este de GH sobre el Presidente, hasta que @gabicerru se encargó de que lo sepa el 90%. Ella o el cráneo que pensó que hacer eso era acertado, sepa que nos están haciendo mucho daño y siendo funcionales al macrismo. No hagan más nada”.

Se refería al revuelo generado por un personaje de Gran Hermano, Alfa, que en medio del reality show dijo: “Lo conozco hace 35 años. Alberto Fernández a mí me coimeó un montón de veces. Lo conozco muy bien a Alberto Fernández. Hay muchos políticos que se han atado al poder que son Cafiero, los hijos de Cafiero, los nietos de Cafiero. Que se han enquistado en el poder y han hecho fortuna”.

Parece mentira, pero la vocera dijo en un tuit (con el peso que tienen sus palabras en representación del Presidente de la Nación): “1) el Presidente no tiene información sobre esta persona ni recuerda haberla conocido” y “2- Como es sabido por todas y todos, a lo largo de su trayectoria pública Alberto Fernández nunca se vio involucrado en hechos de corrupción. Ha hecho de la transparencia un propósito central de su gestión en la función pública. Preservando su honor, no podemos naturalizar que se alguien se exprese ligeramente de un modo tal que solo busca difamarlo y desprestigiarlo”.

¿Hacía falta decirlo? Un ciudadano debe suponer que un mandatario se mantiene en su cargo por su alto estándar ético.

Si necesita aclararlo, puede que haya quienes empiecen a ponerlo en duda.