Heriberto Julio Wolff, el peluquero sobreviviente de la II Guerra Mundial

Nació en Misiones el 15 de febrero de 1924 y falleció el 13 de agosto de este año a los ciento dos años. Era hijo de Natalie Wolf y Gustav Wolff (alemanes), y vivían en Westfalen. En 1923 decidieron venir a la Argentina con su hijo Arnold -por escasez de trabajo, en busca de prosperidad- a Misiones donde Natalie tenía algunos parientes. Llegaron a Argentina y 9 meses después nació Heriberto, nuestro homenajeado. El gobierno les había otorgado tierras, la que trabajaron desmalezando el terreno para las plantaciones de tabaco, yerba mate, naranjos, bananos, papas y otras verduras; también criaban cerdos, gallinas, vacas y caballos que vendían o hacían trueques con los citadinos.

En 1925 recién pudieron construir una pequeña casa de madera. Don Heriberto “sólo tuvo 92 días de escuela con un maestro rural donde aprendió a leer, escribir y las operaciones básicas, dado que debía ayudar en tarea de campo y a la familia”, nos narró su hija Elvira. En 1936, Gustav envió a Arnold a Buenos Aires a probar suerte. Compró un billete de lotería y ganó 10.000 pesos. En ese momento decidieron volver a Europa, ya que Hitler ofrecía tres veces más por el dinero para aquellos que no habían aceptado la nacionalidad argentina. Para ese entonces, la familia se había agrandado dado que nacieron tres hermanas: Elsa, Ida, y Hedwig. Al morir su padre, Heriberto, con 15 años, decidió estudiar peluquería en Innsbruck. Por ser hijo de alemanes lo llamaron para el servicio de defensa o milicia para combatir contra el frente ruso, hasta que el invierno ruso los obligó a retirarse, caminando con algunos compañeros desde el Mar Negro hacia Alemania, comiendo lo que encontraban por el camino, deshaciéndose de sus uniformes y documentos ya que eran perseguidos por el ejército rojo. En el camino murieron varios de sus compañeros interceptados por los rusos. Luego también aparecieron los aliados (estadounidenses) y, como ellos no tenían documentos, los llevaron prisioneros a Passau.

Allí estuvo dos meses aproximadamente, hasta que los estadounidenses lo llamaron a don Heriberto, pero dudaron de su nacionalidad; por fortuna, llegó el informe de la Embajada Argentina, por lo cual lo liberaron; entonces comenzó a caminar nuevamente hasta que llegó a Regen. Allí comenzó a trabajar como peluquero. En 1946 conoció a Hermine Grassl y se casaron. Dos años después nació Herbert Johan. Don Wolff fue a Frankfurt, donde consiguió otro trabajo, hasta que en 1952 recibió una carta del Consulado Argentino en la que se le ofrecía viajar gratuitamente en barco a la Argentina. Así que se embarcaron en el barco “Entre Ríos” los tres, don Wolff, esposa e hijo.

Llegaron en 1952 a Argentina, que estaba de luto por el fallecimiento de Eva Perón. Se quedaron en el Hotel de los Inmigrantes por 14 días hasta que un tío lejano vino de Misiones a buscarlos, donde se reencontraron con otros parientes. Estuvieron tres meses allí pero no soportaron el calor, los insectos, sobre todo porque la esposa era asmática. Le aconsejaron probar en el sur y es así que Heriberto emprendió el viaje solo a buscar trabajo en la Patagonia. El primer lugar donde llegó fue General Roca, allí consiguió trabajo en una peluquería llamada “Bianco”. “Luego de dos meses buscó esposa e hijo y alquilaron una casita donde solo tenían un colchón”, continuó el relato su hija. Luego les avisaron que había una posibilidad en Neuquén.

Al llegar un domingo a Neuquén, se dirigió hasta la peluquería que le habían dicho en Juan B. justo 69, pero no había nadie; un vecino, Sr. Bezerra, le dijo que el dueño estaba en la estación de tren para partir a Buenos Aires, que si se apuraba lo podría ver, y así lo hizo y lo encontró. Como estaba apurado, el dueño le dio las llaves del negocio y le dijo que se ocupara de él (todo así… de palabra), que comience a trabajar y que él volvería en un año. Todo fue muy conveniente, ya que el lugar también ofrecía una piecita con baño donde podría traer y vivir mientras trabajaba con su esposa e hijo. Luego de quince años nació Elvira, la autora de estas memorias.

Los nietos completan la historia familiar. Posteriormente compraron un terreno en Juan B. Justo 751, lo que hoy sigue siendo el hogar familiar. Con mucho esfuerzo, don Wolff trabajaba más de 12 horas por día cortando el pelo a los ciudadanos de Neuquén. En 1960, la familia se comprometió con la iglesia evangélica bautista que los acompañaron y les dieron su contención hasta el fin de sus días. “Muchos años, mucha historia, muchas más anécdotas, algunas felices, otras estremecedoras, mucha vida: doy gracias a mis padres haberla vivido con ellos muchos años, por todo lo que enseñaron, por su legado”, nos dice emocionada Elvira.

Hoy, el homenaje va para Heriberto y, a través de él, para todos los inmigrantes que tuvieron que afrontar escenas fortísimas para, finalmente, contribuir al fortalecimiento de las raíces del Neuquén y el valle.