Horacio Martínez: traumatólogo neuquino que dedicó su vida al cuidado de los otros


Hablamos hoy del doctor Horacio Martínez. Era hijo de Clara Rosa y de Ricardo Martínez, descendientes de familias tradicionales de la zona.

La familia Rosa en Argentina, se inició con Nicola Rosa, italiano, se casó con Teresa Gogiera; tuvieron ocho hijos Francisco, Rosa, Pedro, Antonia, Nicolás, Ana, Pascual y José.

Pascual Rosa, abuelo de Horacio, llegó a la región en 1909 junto con su hermano Pedro-de acuerdo con el testimonio de una nieta- y se unieron a las actividades que habían comenzado Francisco y José, sus otros hermanos. Se dedicó a la compra y venta de hacienda recorriendo los campos.

En la zona de El Chocón sobre la margen rionegrina, había una posada. Allí conoció a quien sería su esposa: Clara Bustingorri, hija de Josefa Apestegui y Alejandro Bustingorry, ambos de origen vasco.

En 1919 se casaron y fueron a vivir al paraje China Muerta. Fueron sus hijos Fausto, Ricardo -Purrete-, Laurentino, Justo-Chicho- y Clara Rosa, que se casó con Ricardo Martínez, también hijo de antigua familia asentada en Neuquén.

Don Gregorio Martínez Gracia, nacido en Villa Roya de la Sierra, España, se casó con Andrea García, ambos españoles, fueron padres de cinco hijos: Ricardo, Luisa, Goyito, Fausto y Alicia; se dedicó al comercio: fue empresario panadero. Y, además, una persona muy servicial y bondadosa. La escuela de Bouquet Roldán, hoy Escuela Nº 107, fundada en 1935, funcionó muchos años en unas habitaciones que él había cedido para que los niños neuquinos de ese barrio tengan un espacio para estudiar. “Como estábamos afuera del pueblo, y mi viejo tenía vacas, diariamente les daba a todos los chicos el desayuno”, recordó uno de sus hijos.

Participó de distintas actividades, en la Cooperativa CALF, por ejemplo, pero siempre mantuvo un bajo perfil don Gregorio.

Y así llegamos a su nieto Horacio: nació en la casa familiar de calle San Luis, hoy Tienda Galver: la escuela secundaria la hizo en el colegio secundario Domingo Savio y quinto año lo terminó en el colegio Manuel Belgrano de Cipolletti. Estudió medicina en la Universidad de La Plata, realizó su residencia de Traumatología en el Hospital de Clínicas.

Regresó a Neuquén, trabajó en el Hospital Bouquet Roldán y luego en el Hospital Castro Rendón durante 35 años, donde fue jefe del Servicio de Traumatología. Mientras transcurría su tarea estudió medicina laboral, por la que viajaba a Córdoba a rendir: este título le permitió ser médico de varias empresas como TGS, San Antonio (Pride), Casino, Oldelval, entre otras.

Viajaba a atender a Rincón de los Sauces cuando no había traumatólogos: iba en un avión enviado por YPF hasta que se abrió una clínica en el lugar.

También fue médico del Club Independiente, en la subcomisión de fútbol, cuando el técnico era Machado Gómez. Su hijo Hernán, kinesiólogo de Neuquén, habla de él con amor: “Destaco la parte profesional de mi papá -veo muy pocos médicos hoy que visiten enfermos.

Recuerdo haberlo acompañado a casas de pacientes que había operado a curarlos y controlarlos, saber cómo estaban, pacientes que operaba en el hospital”.

Cuando realizó el servicio militar lo designaron dragoneante porque estaba estudiando medicina y asistía en curaciones de sus compañeros.

Horacio se casó con su novia de toda la vida, a la que había conocido a los 15 años: Anahí Guillem, también hija de una tradicional familia neuquina (su padre tuvo una de las primeras fábricas de pastas asentadas en la capital).

Se casaron en La Plata y estuvieron toda su vida juntos hasta el domingo 3 de julio, cuando Horacio partió a otra vida. Sus dos hijos -Hernán y Ricardo Ricky- y sus nietas y nietos lo despiden con amor y orgullo.

Hoy lo recordamos junto a su familia, lo despide el Neuquén pionero de sus ancestros, destacamos su labor como médico y como ser humano: una tarea al servicio de la gente, que hoy está triste, ya que uno de sus hijos dilectos ha partido.

Nos unen lazos de amistad entre nuestros padres y corazón neuquino inalterable.


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