María Graciana Justina y María Esperanza Soldano, dos neuquinas emblemáticas
María descolló en los primeros tiempos del hospital Castro Rendón, en la capital. Esperanza fue una de las primeras operadoras del exENTEL.

Descendientes de pioneros instalados en la Norpatagonia, que contribuyeron a escribir parte de la historia con su labor cotidiana. María descolló en los primeros tiempos del hospital Castro Rendón, en la ciudad neuquina. Esperanza fue una de las primeras operadoras del extinto Ente Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL).
Sus padres se llamaban Margarita Saavedra y Ampeglio Soldano. María Graciana nació el 14 de abril de 1920 en Neuquén capital y Esperanza el 18 de diciembre de 1922. Ambas cursaron sus estudios primarios en la antigua escuela N° 2 de la ciudad natal, cuando estaba ubicada en la esquina de Avenida Argentina y Carlos H. Rodríguez. La escuela fue demolida a fines de la década del 70, grave error que atentó contra la preservación del patrimonio cultural.
Continuaron sus estudios en el colegio María Auxiliadora de General Roca en calidad de pupilas. Tenían un hermano llamado José que estudió en Fortín Mercedes, de acuerdo con el testimonio de personas que conocieron la vida familiar de nuestras homenajeadas.
Cuando María Graciana tenía 18 años se inauguró el Hospital Regional de Neuquén, cuyo primer director fue el doctor Eduardo Castro Rendón. En una oportunidad, éste comentó que la construcción estaba lista, pero no era puesta en funciones ¡porque faltaba una puerta! Por esa razón, la Dirección Nacional de Arquitectura no autorizaba su entrega. Los plazos se extendían. Tanto, que el domingo 14 de abril de 1940 ocuparon el hospital, un poco a la fuerza, puesto que la necesidad de trasladar la asistencia pública al nuevo edificio era prioritaria. Debido a este inicio, bastante accidentado, el hospital nunca fue entregado oficialmente. Todos los que trabajaban en salud ayudaron a mudar las camas, los colchones, el instrumental.
Oscar Arabarco, padre de Osvaldo Arabarco, autor de la letra del himno provincial neuquino, iba y venía con la ambulancia trasladando a los enfermos. Los ferroviarios también ayudaron al traslado. La planta del hospital estaba compuesta inicialmente por el propio Castro Rendón y el subdirector, el doctor Benedetti, que atendían a los pacientes internados en los consultorios externos y realizaban las operaciones. Gaspar Geordano era el administrador y su esposa Lucía la ecónoma. Manuel Zapana, el cocinero. Pedro Juan Paredes, Oscar Arabarco, María Soldano y María Salgado cumplían las funciones de enfermería y muchas otras tareas, porque en esa época se hacía todo a pulmón.
María integró el personal de mantenimiento, como mucama y enfermera, donde trabajó más de cuarenta años: allí aprendió varias disciplinas del arte de curar, fue asistente en todas las áreas. En 1980 se jubiló y recibió menciones y medallas de honor por su invalorable labor.
Esperanza se casó en 1962 con Gumercindo Juan Espinoza. El 1 de enero de 1946 ingresó al entonces Ente Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL) donde trabajó como operadora de la zona del Alto Valle por un lapso de veinticinco años. Fue partícipe de los avances tecnológicos que se produjeron en materia de telecomunicaciones desde la década del 40 hasta entrados los 70. Un tiempo después fue ascendida a supervisora: una de sus tareas era elaborar las planillas mensuales de control, donde se registraban todas las llamadas realizadas, día y hora en que se realizaban, origen y destino, y la duración de ellas. Su esposo Gumercindo era el jefe de la delegación regional de ENTEL. Esperanza se jubiló en 1971, galardonada con una medalla de oro por sus veinticinco años de servicio. Pertenecían a una familia muy católica y ellas muy practicantes, un tío Fabrizio era sacerdote. Pareciera que las vemos con sus mantillas en el templo. En la foto vemos a Esperanza a la izquierda y a María a la derecha. Evocaciones de un Neuquén no tan lejano: estas hermanas vivían en calle Buenos Aires en la tercera cuadra, eran las épocas del paseo por la Avenida Argentina, por la estación ferroviaria al arribo del tren. Nuestro sentido recuerdo a ellas: al memorarlas, vuelven a pasar por nuestras mentes las calles de aquel Neuquén que fue.