Crean una empresa startup biotecnológica para hacer protectores solares con levaduras de la Patagonia
La clave está en un hongo que sobrevive a la intensa radiación solar. La empresa surge de la alianza entre científicos del Instituto IPATEC, que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, y el Grupo Harmony. Cuáles fueron los primeros pasos y qué proyectos tienen
El esfuerzo de años de investigar a las levaduras de la Patagonia en una institución pública ahora servirá para el crecimiento de una empresa fundada por científicos y empresarios.
Se trata de BioH41 es una startup de biotecnología nacida en Bariloche a partir de la colaboración entre el Grupo Harmony y el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (IPATEC), que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue.
Apuesta por la fermentación de levaduras patagónicas para crear ingredientes naturales en cosmética y alimentación.
Los cuatro socios fundadores: Héctor Guardia y Juan Cruz Valenzuela del Grupo Harmony junto con los científicos del Conicet Diego Libkind y Martín Moliné. “Los fundadores hemos podido avanzar gracias a una visión común. Matías Altilio, responsable de Bioprocesos y Operaciones, y Lucas Creus, técnico de laboratorio de bioprocesos, han sido impulsores fundamentales para que el proyecto avance y para alcanzar los hitos ya logrados. Nos repartimos las tareas de forma muy equilibrada”, contó Libkind a Diario RÍO NEGRO.
“La idea nació tras muchos años de investigación en levaduras aisladas de ambientes naturales en la Patagonia. Dentro del Instituto IPATEC, hace más de 20 años el laboratorio CRELTEC inició la enorme tarea de estudiar la biodiversidad de levaduras en la región”, dijo Libkind.
“Se aislaron cientos de especies de levaduras, y, en el marco de los trabajos tempranos, descubrimos que algunas de esas especies eran capaces de sobrevivir en ambientes con alta exposición a la radiación solar y que producen moléculas llamadas micosporinas, que las ayudan a protegerse de esa radiación. A partir de eso pensamos: si estos microorganismos tienen moléculas que funcionan como mecanismos naturales de protección solar, tal vez podamos transformarlas en ingredientes útiles para cosmética y protección solar”, detalló el científico, quien es también director del IPATEC.
Los proyectos de hoy
Con todo el conocimiento y tras decenas de estudios publicados, ahora se fundó la empresa. El científico señaló cuál es la prioridad hoy: un ingrediente para los protectores solares.
“Rhodoboost es un ingrediente que está en una etapa muy avanzada, con ensayos sobre pacientes que muestran que su actividad en protección y mejora de la piel es excepcional. Sin embargo, para que llegue a una crema comercial todavía falta recorrer un pequeño tramo más en su desarrollo”, mencionó.

“En cuanto a los ensayos clínicos -afirmó- ya hemos realizado grandes avances: completamos las pruebas de seguridad más estrictas, los ensayos de estabilidad y las pruebas de eficacia cosmética en personas, que arrojaron resultados muy alentadores. El ingrediente superó nuestras expectativas más optimistas”.
Actualmente la empresa está avanzando en las etapas de escalado productivo y en evaluar los efectos beneficiosos al ampliar los ensayos sobre pacientes.
“Nuestro objetivo es que pueda llegar al mercado en uno o dos años para que los elaboradores lo incluyan en sus productos, así que esperamos que pronto pueda conseguirse en farmacias”, estimó Libkind.
Por otra parte, la empresa Bio H41 tiene en la mira a otro proyecto. “Rhodoboost ATX es una segunda línea de desarrollo pensada como una versión enriquecida. Contendrá astaxantina, un caroteno muy potente considerado el antioxidante natural más poderoso que se conoce, que también produce esta levadura nativa”, puntualizó.
“Si bien tenemos avances sobre ese producto, hoy nos estamos concentrando en consolidar Rhodoboost -expresó- porque primero necesitamos fortalecer el producto inicial y su llegada al mercado. La versión ATX apunta especialmente a productos antiage, antioxidantes y de cuidado de la piel, y será el siguiente paso lógico porque aprovecha la misma plataforma biotecnológica”.

La Patagonia no solo tiene increíbles paisajes. También representa un área de biodiversidad protegida y un polo nacional de ciencia e infraestructura tecnológica, resaltó el científico del Conicet Diego Libkind.
“Hay instituciones como la Universidad Nacional del Comahue, la CNEA, INVAP, la Universidad Nacional de Río Negro y nuestro instituto, el IPATEC. En Bariloche hay investigadores muy formados que estudian, entre muchos otros aspectos, la biodiversidad, tanto para protegerla como para hacer un uso racional de ella”, dijo.
En IPATEC en particular, “el instituto del que surge nuestro proyecto, tenemos mucha experiencia en microbiología, biotecnología y transferencia tecnológica. La empresa startup BioH41 se incuba en nuestro instituto y aprovecha esas capacidades para lograr un desarrollo acelerado”.
El esfuerzo de años de investigar a las levaduras de la Patagonia en una institución pública ahora servirá para el crecimiento de una empresa fundada por científicos y empresarios.
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