“El arte sí tiene mucho por hacer en la naturaleza de la región patagónica”

Lo afirma la artista visual e investigadora Maia Gattás Vargas. Acaba de obtener un doctorado en Artes gracias a una beca doctoral Conicet.





Ciencia y arte generalmente son percibidos como territorios separados. Pero la artista audiovisual e investigadora Maia Gattás Vargas se atrevió a mezclarlos en su tesis doctoral que lleva el título “Una constelación de imágenes monstruosas: arte contemporáneo y paisaje en la región del lago Nahuel Huapi” y se puede leer desde Internet desde aquí.

La apuesta de Gattás Vargas consistió en combinar archivos históricos, videos, fotografías, collages y documentos para elaborar una investigación de la región basada en la idea de caos.

Una frase de Exequiel Bustillo en su libro “El despertar de Bariloche” fue, de alguna forma, la disparadora para el trabajo de la artista. “De regreso estuvimos en la isla Victoria, otra de las joyas de este lago. En ella todo es poesía y su encanto está por encima de cualquier descripción. Sin duda, tiene razón Saenz Hayes cuando al referirse a la belleza de nuestra zona lacustre dice que ‘los artistas no tienen nada que hacer aquí, como no sea mirar y marcharse”, decía Bustillo.

“¿Qué significa que el arte aquí no tiene lugar? Bustillo tenía la idea de que el arte es belleza que compite con la naturaleza, pero no necesariamente es así. Esa frase fue el motor para pensar que el arte tiene mucho que decir acá. Quise pararme en un lugar para discutirle a Bustillo”, sintetizó Gattás Vargas, que es becaria doctoral del Conicet en diálogo con RIO NEGRO.

Recién en 2001, el Parque Nacional Nahuel Huapi incorporó la cuestión del Patrimonio Cultural. “Hasta ahí, sólo los elementos de la naturaleza eran protegidos y conservados”, dijo. ¿Qué tiene el arte para decir de la construcción del paisaje en esta región? Esa fue la pregunta de la que partió la investigación de Gattás Vargas para unir arte, naturaleza y ciencia.

Cuando obtuvo la beca para su Doctorado en Arte Contemporáneo Latinoamericano en la Universidad Nacional de La Plata, decidió hacer un recorrido por la construcción del paisaje en el parque Nahuel Huapi para llegar a la mirada actual de los artistas. A través de un exhaustivo análisis histórico, eligió algunos casos representativos. “¿Desde dónde crean las imágenes los artistas y con qué nociones? Era un diálogo de imágenes entre presente y pasado. Entre arte y ciencia”, aclaró.

Co-organizó  junto con la bióloga Gabriela Klier la residencia Arte/Ciencia/Naturaleza en Isla Victoria del lago Nahuel Huapi.

El primer capítulo estuvo vinculado a lo histórico; luego, a lo filosófico y finalmente, a lo estético, a través del cine y la fotografía.“Indagué los libros de la comisión de límites de Frey y Moreno para pensar cómo, en ese momento, se usó la montaña como argumento para la cuestión limítrofe. La naturaleza terminó siendo la protagonista. En cambio, en una gran ciudad como Buenos Aires, la naturaleza no tiene el rol determinante de esta zona”, señaló. Es becaria del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos del Cambio) que depende del Conicet y la Universidad Nacional de Río Negro.

Paralelamente a la indagación en la historia, escribía y volcaba esos temas en obras de arte. Cada tema era “traducido” al lenguaje artístico. “Con la cuestión de límites, por ejemplo, hice un video performance llamada Divortium aquarum que era el argumento de Chile para dividir la frontera. Moreno manda a desviar el cauce del río Fénix, en Santa Cruz para demostrar que el argumento chileno era muy lábil. En el video, jugaba a desviar las aguas en el Lago Moreno”, afirmó.

También abordó la mirada colonial sobre el paisaje y la construcción de la Suiza Argentina. Advirtió que más allá del paisaje hegemónico, otros pueden aparecer a través del arte. Por ejemplo, en la película de Manque La Banca, Los muertos 2, aparecen el hotel incendiado del barrio El Trébol y El Elefante Blanco (el centro de convenciones de Bariloche que no se terminó). “Me interesaba la idea de las cicatrices del paisaje, del fracaso. Lo que pudo ser y no fue. Ahí también juega lo monstruoso”, aclaró.

“En Mar del Plata, muchos trabajos de fotógrafos cuestionan la identidad que se le da al lugar. No encontré muchos trabajos que cuestionaran la identidad visual de Bariloche. Sólo esta idea colonial de paisaje y naturaleza:una zona a imagen y semejanza de Europa. Lo importante acá es el turismo y para eso el lugar debe ser bello”, expresó.

Sin embargo, la idea de monstruosidad atraviesa el trabajo de Gattás Vargas, con el argumento de que “nos constituye”. El concepto se le apareció por primera vez al encontrar el primer mapa de Patagonia en la Expedición de Magallanes en 1562, en el que se retrata a los patagones como gigantes.

“Los viajes coloniales tenían siempre esta idea de las personas como animales, como salvajes. Uno piensa también en el Nahuelito y la importancia de los mitos sobre los territorios. O también en la historia de la isla Victoria”, relató la artista e investigadora que se radicó en Bariloche en 2004, cuando tenía 17 años.

Desde la mirada colonial, la monstruosidad tuvo un sentido negativo. “Estamos tratando de dominar, controlar, estudiar la naturaleza, cuando, en realidad, si la consideramos monstruosa tiene una vitalidad que nos desborda”, consideró.

En 2017, durante una visita al Museo de la Patagonia, Gattás Vargas se topó con mapas forestales de la Isla Victoria, que está ubicada en el lago Nahuel Huapi en la provincia del Neuquén y frente a Bariloche. Con la bióloga Gabriela Klier, organizó una iniciativa de investigación que incluyó residencias de Arte/Ciencia y Naturaleza en la isla Victoria en los años 2019 y 2020 como un espacio de encuentro y reflexión.

Este año Gattás Vargas editó su primer libro: Diario de exploración al territorio del color.

La “naturocultura”: el laboratorio de la Isla Victoria

La Isla Victoria “es uno de los lugares más interesantes y contradictorios de nuestra región”, describió Maia Gattás Vargas. Es un ejemplo “de lo que se hace con la naturaleza en Patagonia”, a través de un intento de domesticación, ya que la isla es como un laboratorio natural a cielo abierto. “Fue atravesando distintos paradigmas políticos y científicos. Primero se la regalaron a Anchorena, una decisión política muy particular. En los inicios del Vivero se sembraban exóticas; ahora el paradigma es el contrario: sólo autóctonas”, dijo. Según la investigadora, la Isla Victoria funciona como metáfora del vínculo entre ciencia, política y naturaleza en la región. Por eso, el video que realizó sobre esta isla se llamó “Taxonomía de la desmesura”.

La mujer se doctoró en arte el 15 de julio pasado. “Está aún vigente la idea de que el ser humano está encargado de proteger a la naturaleza. Esa mirada de potestad, de cultivarla, de usarla como decoración o explotación económica. Pero, siguiendo a Donna Haraway podemos pensar en un ensamblaje entre naturaleza y cultura. Propone hablar de “naturocultura”: la naturaleza no es algo distinto al ser humano, no es una otredad como la vivimos en la cultura occidental”, afirmó.


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