Un manual enseña cómo la naturaleza puede ser clave para el bienestar humano
Lo hicieron expertos de la Fundación Bariloche con apoyo del Gobierno de Alemania. Qué herramientas y metodologías aporta para promover la conservación y el uso sostenible del capital natural.
Los servicios ecosistémicos son los beneficios que la naturaleza brinda a diario y de los que depende la vida humana, aunque muchas veces pasen desapercibidos.
Incluyen desde el agua limpia de un río, el aire puro que respiramos, la polinización de las abejas o la sombra de un árbol, hasta el disfrute de paisajes y la inspiración que generan.
Estos servicios hacen posible la salud, la seguridad alimentaria, el bienestar emocional y hasta la economía de muchas comunidades. Sin ellos, la vida sería mucho más difícil y el ambiente menos habitable para todos.
Ahora, expertos de la Fundación Bariloche publicaron un manual porque cada vez resulta más urgente entender y cuidar estos beneficios de la naturaleza. Son Laura Nahuehual y Pedro Laterra.
Nahuelhual es ingeniera Agrónoma, magister en Desarrollo Rural de la Universidad Austral de Chile y doctora en Economía Ambiental y de Recursos en la Universidad del Estado de Colorado en los Estados Unidos. En tanto, Laterra es licenciado y doctor en Ciencias Biológicas (UBA) y responsable del programa sistema socio-ecológicos en la Fundación.
En un mundo donde la contaminación, el cambio climático y la pérdida de bosques y ríos avanzan rápido, tomar mejores decisiones sobre el uso del territorio se vuelve esencial.
“La idea principal del manual es ayudar a gobiernos, técnicos, organizaciones y comunidades a descubrir, valorar y proteger los servicios ecosistémicos en cada lugar. Así, la naturaleza se transforma en una aliada estratégica para el desarrollo y el bienestar”, explicó la doctora Nahuelhual a Diario RÍO NEGRO.
Herramientas para ver lo invisible
El manual aporta herramientas prácticas para identificar qué servicios ecosistémicos están presentes en un territorio y cómo benefician a la población. Por ejemplo, enseña a usar mapas, sensores y datos científicos para localizar áreas clave como bosques, humedales o pastizales.
También recomienda preguntar a la gente local sobre los recursos que usan y valoran, integrando el conocimiento tradicional con la ciencia. De este modo, se logra una visión más completa y realista de los beneficios que ofrece la naturaleza en cada región.

Otra herramienta importante es el uso de modelos y escenarios que permiten imaginar cómo cambiarían los servicios ecosistémicos si se realizan obras, se deforesta o se protege un área. Así, antes de tomar decisiones, se pueden prever consecuencias y elegir la opción más sostenible.
El manual sugiere además métodos para medir el valor económico, social y cultural de los servicios, mostrando que proteger la naturaleza no es un lujo, sino una inversión en bienestar, salud y futuro.
Metodologías para decidir mejor
Entre las metodologías, el manual incluye guías paso a paso para hacer diagnósticos ambientales, talleres participativos y entrevistas con diferentes actores. Estas herramientas ayudan a que todos los sectores puedan dar su opinión y sentirse parte de las decisiones.
También enseña a construir mapas colaborativos, donde la comunidad señala los lugares más valiosos o problemáticos del territorio. Esto hace que las políticas sean más justas y reflejen la realidad de quienes viven allí.
Se destaca la importancia de comunicar los resultados de forma clara, usando gráficos, historias y ejemplos que todos puedan entender. Así, gobiernos, empresas y vecinos pueden trabajar juntos para encontrar las mejores soluciones.
El manual, realizado con apoyo del gobierno de Alemania, “pone en manos de quienes planifican y gestionan recursos naturales una caja de herramientas para cuidar el capital natural sin frenar el desarrollo”, afirmó la experta.
En definitiva, el mensaje es directo: si la naturaleza recibe el valor y el cuidado que merece, puede ser la mejor aliada para lograr una vida más saludable, justa y sostenible, hoy y en el futuro.
Vínculos invisibles: quiénes dependen más de la naturaleza y cómo cuidarlos
Uno de los grandes temas del manual publicado por la Fundación Bariloche es cómo identificar a los beneficiarios de los servicios ecosistémicos y evaluar su vulnerabilidad. No todas las personas dependen igual de la naturaleza: algunas comunidades no tienen alternativas si los servicios se ven afectados.
Por ejemplo, quienes viven de la pesca en zonas sin otro ingreso serían muy vulnerables si el mar deja de proveer alimentos. Otros grupos, como operadores turísticos o habitantes con acceso a diferentes fuentes de agua, pueden adaptarse más fácilmente a cambios en el ambiente.

El manual propone priorizar en las evaluaciones a los beneficiarios directos con alta dependencia y baja capacidad de sustitución, porque son los más expuestos a los cambios y tienen menos opciones para reemplazar lo que pierden.
También considera a quienes, aunque dependan mucho del entorno, tienen alguna alternativa, aunque esta sea costosa o limitada. Esto permite diseñar políticas más justas y enfocadas, asegurando que las estrategias de conservación y manejo realmente contemplen a los más vulnerables.
La clave está en mirar tanto la relación con el ambiente como la capacidad real de adaptación de cada grupo. Así, las acciones sobre el territorio pueden ser más efectivas, equitativas y sostenibles, porque ponen en el centro a quienes más necesitan de los servicios ecosistémicos para su bienestar y su vida diaria.
Los servicios ecosistémicos son los beneficios que la naturaleza brinda a diario y de los que depende la vida humana, aunque muchas veces pasen desapercibidos.
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