¿Cómo debe ser la “economía verde”?




Los expertos no lo saben a ciencia cierta y ahora lanzan la pregunta a la sociedad: ¿cómo hacer para cambiar el modelo de desarrollo económico vigente en el mundo desde la Revolución Industrial y reemplazarlo por un sistema que, al menos, desacelere el ritmo de consumo de los recursos naturales del planeta? Esta pregunta estará sobre la mesa de la Conferencia de las Naciones Unidas de Desarrollo Sostenible (Río+20), que reunirá el 20 de junio en Río de Janeiro a más de un centenar de jefes de Estado y de gobierno. Y los mandatarios no se limitarán a debatir las sugerencias resultantes de las intensas negociaciones diplomáticas previas sino que, gracias a internet, también recibirán propuestas presentadas por cualquier persona interesada en ofrecer sugerencias sobre qué debería ser una “economía verde”. Para presentar una propuesta hay que acceder a la página web lanzada por el gobierno brasileño (www.riodialogues.org) e inscribirse. Las recomendaciones deben estar vinculadas con uno de los diez temas sugeridos –seguridad alimentaria, lucha contra la pobreza, desarrollo sostenible como respuesta a la crisis financiera, energía sostenible, nuevos patrones de producción y consumo, océanos, agua, ciudades sustentables, bosques y desempleo y migraciones–, pero ahí se agota la interferencia oficial. Las propuestas serán analizadas por expertos de tres universidades –una de Brasil, una de un país industrializado y una de un país en desarrollo– que, a su vez, las elevarán a la deliberación del encuentro de organizaciones ambientales y sociales antes de la cumbre. Según la ministra brasileña de Medio Ambiente, Izabella Teixeira, ésta será la primera vez que la sociedad tendrá voz y acceso directo y autónomo a los debates de una conferencia internacional: “El gobierno no intervendrá en ese debate. Nosotros estaremos con el público, aprendiendo”. La apertura de la cumbre a la participación social pone de manifiesto la dificultad que enfrentan los gobernantes para establecer los parámetros de la “economía verde”, expresión elegida para definir un nuevo modelo de desarrollo económico capaz de asegurar el acceso universal a bienes como la energía y el agua y, al mismo tiempo, reducir el ritmo de consumo mundial de esos recursos. Según el economista y activista por el medioambiente Sergio Besserman, lo único que está claro es que la tesis vigente durante mucho tiempo que consideraba el desarrollo y la preservación del medioambiente como objetivos mutuamente excluyentes es equivocada. “No se trata de salvar el planeta sino de reconocer que dependemos totalmente de los bienes y servicios de la naturaleza y que los estamos consumiendo a una velocidad mayor que la que la naturaleza necesita para reponerlos. La factura está llegando y debe ser pagada”, advierte. Sin embargo, el mismo concepto de “economía verde” enfrenta críticas por parte de integrantes de la sociedad civil que intervendrán en la Cumbre de los Pueblos del 15 al 23 de junio. En un texto divulgado este mes, los organizadores del encuentro afirman que las propuestas en negociación sobre el cambio del modelo de desarrollo –como, por ejemplo, la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables– sencillamente alimentan “el mito de que es posible el crecimiento económico infinito”. Las discrepancias reflejan la perplejidad que todavía rodea el debate previsto en Río+20: “No sabemos qué es desarrollo sostenible. Nadie lo sabe. Seguiremos con esta pregunta mucho tiempo”, confiesa Besserman.

Diana Renée DPA


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