Cómo en 60 años se construye y se destruye un país
COLUMNISTAS
Está bastante difundida la idea, entre los no peronistas, de que Argentina entró en una imparable decadencia a partir de Perón. Sin duda el país entró en una profunda decadencia a partir de la década del 40; sin embargo, ya han pasado casi 60 años desde que Perón fue derrocado por la Revolución Libertadora y todavía seguimos considerando que todos los males provienen de Perón. No sé si el argumento me termina de convencer porque es como si 60 años después de la caída de Rosas, esto es hacia 1912, en Argentina se hubiese estado discutiendo por qué no crecíamos y que toda la culpa era de Rosas.
Recordemos que Rosas fue vencido por Urquiza en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852. La Constitución nacional de 1853 fue promulgada el 1 de mayo de 1853, es decir un año y unos meses luego de Caseros, pero Buenos Aires terminó de unirse a la Confederación Argentina recién en 1860, es decir, pasaron otros siete años hasta que quedó completamente unificada la nación tal cual la conocemos hoy. Recién en 1880 terminaron las guerras civiles y podemos decir que se logró el proceso de organización nacional.
Ahora bien, en ese período hubo una generación que se conoce como la del 80, que hoy es denostada por los progres e ignorantes y fue la que, aun con sus enfrentamientos políticos y sus defectos, construyó una Argentina que 60 años luego de Caseros hacía que su economía fuera líder de América Latina. El flujo de inversiones que captó ese modelo de país basado en la Constitución de 1853/60 fue impresionante.
Siempre salta algún ignorante diciendo que en esos años había crecimiento pero no redistribución del ingreso. La realidad es que hacia la Argentina venían muchos inmigrantes con un saldo migratorio anual positivo que llegó a las 200.000 personas anuales.
Recordemos que en esos años había inmigrantes que venían sólo para la época de la cosecha y luego volvían a sus países de origen. Recién en 1914, con el inicio de la Gran Guerra, se cortó el saldo positivo entre inmigrantes y emigrantes. Entre 1896 y 1913 llegaron y se quedaron definitivamente en la Argentina 1.941.000 personas. Seguramente esa gente no venía a morirse de hambre.
Llegaba a la Argentina luego de la Conquista del Desierto, cuando la gente podía ir a los campos sin miedo a que los malones que venían de Chile la atacaran, le robaran su ganado, mataran a los campesinos y secuestraran a mujeres y niños. Bastante brutitos son los que dicen que Roca salió a aniquilar a los pueblos originarios de Argentina.
Cuando Sarmiento hizo el primer censo nacional en 1869, descubrió que el 78% de la población era analfabeta.
La generación del 80 recibió, entonces, un país despoblado, con el 78% de la población analfabeta, sin infraestructura y con mucha tierra pero asolada por los malones que venían desde Chile. Pero esa generación respetó el marco institucional que ofrecía la Constitución nacional de 1853/60 y logró transformar este desierto lleno de analfabetos en un país que progresó y llegó a ubicarse entre los cinco más importantes del mundo.
En rigor, no fue la generación del 80 que obró el milagro que permitió que, 60 años después de la caída de Rosas, Argentina recibiera grandes corrientes inmigratorias e inversiones y lograse exportar el 3% del total del comercio mundial. Fue el marco institucional diseñado por Alberdi el que obró ese milagro, que tampoco fue un milagro, sino la lógica consecuencia de respetar la propiedad privada, un gobierno limitado e integrado económicamente al mundo; lo que se llama una república liberal. Sí fue la concepción de una república liberal la que hizo grande a la Argentina.
El gran interrogante es por qué después de 60 años de la caída de Perón, que dejó el país destruido por el populismo, Argentina no pudo recuperarse al igual que después de Caseros. La respuesta parece estar en que ha calado muy hondo en la población argentina la demanda de populismo. Es decir, en el mercado electoral vemos una competencia de oferta de populismo porque los políticos perciben que hay demanda de populismo. Y, como para gobernar hace falta conseguir los votos, ofrecen populismo.
Si 60 años después de la caída de Perón Argentina no se recuperó del populismo, cómo sí había logrado despegar 60 años después de la caída de Rosas, quiere decir que, si bien puede haber alguna demanda de populismo por parte de la población, la dirigencia política no se animó a intentar cambiar los valores populistas impuestos por Perón. En otras palabras, o el resto de la dirigencia política e incluso los gobiernos militares, hablando en términos generales, también era populista o no se animó a formular una propuesta de crecimiento volviendo a las raíces de nuestra organización nacional. Me refiero a los valores que contienen la Constitución de 1853/60, explicados ampliamente por Juan Bautista Alberdi no sólo en su libro las “Bases…” sino, particularmente, en el “Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina”.
¿Podemos salir de esta larga decadencia aun con una población que demanda populismo? Mi impresión es que sí se puede considerando que el populismo sólo es viable en la medida en que haya recursos para financiarlo, y ese financiamiento se está acabando. El kirchnerismo destrozó la economía argentina, aprovechando el viento de cola para impulsar el populismo. El problema es que ya no hay más viento de cola y tampoco stock de capital acumulado para financiar más populismo. En consecuencia, el próximo gobierno tiene la oportunidad de girar 180 grados en esta política populista, pero además es deber de la dirigencia política en general ayudar a cambiar esta cultura de vivir sin trabajar.
Cristina Fernández se ha encargado de meterles en la cabeza a los que viven del trabajo ajeno que es un derecho de ellos vivir de esa manera. La perversidad de ese discurso para transferirle al próximo el infinanciable populismo disfrazado de planes sociales muestra que los límites no existen para el kirchnerismo. El poder es un negocio que para ellos hay que cuidar.
Se puede argumentar que luego de Caseros gobernaba una elite y no existía el tipo de democracia que hay hoy en día. En rigor esto no es democracia; es, como sostenía Alberdi, un sistema para elegir a nuestros propios tiranos.
Respecto de que luego de Caseros la gobernaban unos pocos, la pregunta es: ¿y ahora? Basta con ver a toda una legión de políticos profesionales que han hecho de la política una profesión y van saltando de partido en partido dependiendo de cuál les ofrece más chances de seguir cobrando en algún puesto del Estado. ¿Cuántos son los que hoy deciden sobre los grandes lineamientos de la política argentina? Un grupo que deben ser menos que los dedos de una mano.
Por eso, el próximo gobierno tiene, a mi entender, las siguientes misiones básicas: demostrar cómo el poder se ha utilizado para acumular fortunas personales, aplicar una política económica racional e iniciar un firme discurso que vuelva a poner en lo más alto los valores de nuestra Constitución de 1853, que fueron los que permitieron hacer de la Argentina un país de inmigrantes que venían a buscar su futuro trabajando duro y un tsunami de inversiones que transformó un desierto en uno de los países más prósperos de la Tierra.
Cambiar el rumbo de la Argentina se puede. Sólo hacen falta una dirigencia política, intelectuales y comunicadores que lideren esa empresa.
Esos políticos, intelectuales y comunicadores existen. El tema es que logren tener cabida para expresar sus ideas, las que -por cierto- están bastante ausentes del debate sobre el país que podemos ser.
ROBERTO CACHANOSKY
Economía para Todos
Licenciado en Economía
ROBERTO CACHANOSKY
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