¿Cómo salimos?

Diego Lo Tártaro

Presidente del Instituto Argentino para el Desarrollo de las Economías Regionales (Iader).

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Lo más preocupante es que el gobierno que vive chocando con la realidad porque no tiene plan alguno para salir de este berenjenal solo atina a remiendos coyunturales e ineficaces.


Hace ya muchos años que la política argentina es conducida en muchos casos por legiones de bandidos de diferentes matices políticos que detentan poder y se adueñan del gobierno, consecuentemente es indubitable y lógico que vivamos la crisis más demoledora de nuestra historia. No vamos a enumerar las calamidades que nos agobian, destruyen, confunden y nos enfrentan entre hermanos porque resultaría un acto de masoquismo.

Con situaciones de estas características la historia llena infinitas páginas de libros. Todas tienen un patrón común. Primero, el derrumbe económico, social y político de las naciones, que genera y se retroalimenta de la corrupción que a su vez se convierte en endémica. Esto tarde o temprano provoca la reacción de los pueblos que desbordados y anarquizados buscan imponer castigo a quienes detentaban el poder. Resultado: miseria, dolor, devastación y finalmente muerte.

El gobierno que detenta Cristina Fernández de Kirchner y que ejerce por medio de su amanuense Alberto Fernández está a la deriva por la falta de liderazgo del presidente, ya que está sujeto a su obediencia debida a Cristina. Pero el problema es que Cristina está imposibilitada de ejercer el liderazgo necesario para gobernar porque es repudiada por más del 70% de la población, dado que sobre ella pesan numerosos juicios por corrupción.

Esta ausencia de conducción precipita el deterioro de la gobernabilidad en un contexto de adversas circunstancias heredadas y propias, se potencia por la pandemia de covid-19 que está haciendo estragos en la salud de la población, llevando paralelamente a la economía a una situación de calamitoso derrumbe.

Esta realidad se manifiesta y explicita de forma irreversible en las marchas y contramarchas del presidente que, desconectado de la realidad, desatiende las necesidades y demandas que hoy nos agobian e indubitablemente pueden conducirnos a una crisis de confianza y gobernabilidad con todas las consecuencias que ella conlleva.

Alberto Fernández ahora abjura de sus compromisos de campaña, para mansa y dócilmente obedecer a Cristina. Nos preguntamos: ¿qué pacto secreto de gobernabilidad existe entre Cristina y Alberto? ¿Qué sabe y/o tiene Cristina para lograr esta transformación en el presidente? ¿O es que Alberto Fernández actuó, simuló y ocultó su verdadera personalidad solo por la ambición de ser presidente?

Hoy son abrumadores los índices: de desempleo 13,1%, de pobreza 40,9% -es decir, 18.500.0000 de argentinos en la pobreza, y se proyecta el 47% para todo el 2020- y el 10,5%, casi 5.000.000, en la indigencia. La Unicef estima que el 63% de la infancia en la argentina está en situación de pobreza, esto representan entre 7 y 8,3 millones de chicas y chicos pobres. La destrucción y quiebra de las pymes no se detiene, continuamos desatendiendo y subvalorando a las economías regionales, denostamos y castigamos a los productores que son quienes generan y nos traen las divisas que nos permiten subsistir y es calamitosa la desatención de la educación.

Pero el hecho más preocupante es que el gobierno vive chocando con la realidad porque no tiene plan alguno para salir de este berenjenal y se conduce en forma atolondrada y desordenada, solo atina a remiendos coyunturales e ineficaces, es evidente que no llega a comprender lo dramático de la situación, y esto en parte explica el motivo por el cual nuestros jóvenes emigran.

Sintetizando: ¿con quiénes el gobierno entiende que comenzará a remontar la cuesta del abismo en que nos encontramos? Con los políticos y punteros corruptos e ineptos que en muchos casos ocupan bancas en el Congreso nacional o los provinciales, con cargos en el Estado o algunos que gobiernan provincias y municipios. Olvida el gobierno que históricamente los problemas de la Argentina se solucionaron desde el interior, que nuestro campo, al que hoy hostiga y castiga, sigue produciendo cifras récord; que fue el granero del mundo que abrió nuestras fronteras a todos los hombres del mundo que buscaban libertad, justicia, paz y trabajo, y que nos hizo en un momento uno de los diez países más prósperos y ricos del mundo.

* Durante la década de 1920 nos mantuvimos entre los 10 países más ricos del mundo.

* Durante la década de 1930, Argentina junto con EE. UU., Reino Unido y Dinamarca tenían el PBI per capita más alto del mundo. Nuestro PBI acumulaba el 50% del PBI de toda América Latina.

* Hoy nuestro PBI según el Fondo Monetario Internacional nos ubica en el puesto 73.

Resumiendo: ¿tan desconectado de la realidad está el presidente? ¿Tan grande es la anomia en la que hoy se encuentra el gobierno? ¿No advierte cuál es el clamor de la población sin distinción política? Entonces, de una vez por todas, terminemos con la corrupción, las culpas, los reproches, los odios, las venganzas; pongamos fin a las marchas, los piquetes, los cacerolazos, porque los tiempos se terminaron y la tolerancia llegó a su fin. Es hora de definiciones, o continuamos ahondando la decadencia y la confrontación entre hermanos o nos unimos todos, cada uno con sus ideas y pareceres pero con objetivos comunes, solo así remontaremos la cuesta. Aceptemos, protejamos y premiemos a los mejores, porque creer en la meritocracia señor presidente es una virtud y no un error, así lo entendía Platón en su obra “La República”. Cuando esto lo comprendamos todos recién entonces comenzaremos a reconstruir la Argentina.


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