Consejo de amigo: estabilidad, diálogo y respeto
El expresidente de Brasil despertó calurosas ovaciones en su discurso en el Coloquio de IDEA.
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Lula cautivó en Mar del Plata. No tanto por lo que dijo desde el atril de IDEA, un monólogo bien aprendido de sus logros como gobernante, sino por el tenor de las tres claves para un buen gobierno que pareció dirigirle en público a su “amiga” Cristina Fernández para que la Argentina se suba al tren del desarrollo: diálogo, estabilidad y respeto por las instituciones. En su carismático discurso habló de movilidad social ascendente, de la importancia del mercado interno y del consumo, del crédito direccionado, de la importancia de la ciencia y la tecnología y de la educación como motor, a la vez que criticó la especulación financiera y los paraísos fiscales y, sobre todo, defendió el rol de la política por sobre la economía y el rol nivelador del Estado, casi caminos calcados de los que ha elegido el kirchnerismo. Pero a todo esto le agregó esos otros temas con los que la Argentina de hoy no tiene ninguna sintonía: “Crecer significa compromiso, responsabilidad y el ejercicio de mucha democracia. En mi país todos fueron convocados. Partí del principio de que el presidente no lo sabe todo y, a la vez, quiere que lo escuche toda la sociedad”, explicó. Ovación I. O esta otra frase: “Para el desarrollo sostenido sumamos la estabilidad de precios, buen nivel de ahorro público y privado, oferta de crédito, buen funcionamiento de las instituciones democráticas, trabajadores altamente calificados, etcétera”. Ovación II. La presencia del expresidente marcó los dos días posteriores de debates, ya que todas las mesas técnicas o políticas orientaron sus ponencias a tratar de explicar por qué la Argentina no termina de despegar, pese a tener alimentos y recursos mineros en abundancia, al tiempo que se sospecha que hay recursos energéticos no convencionales de un valor incalculable debajo de la tierra que se demoran en verificar porque YPF no puede conseguir financiamiento. Justamente el director de Planificación Estratégica y Desarrollo de Negocios de la petrolera, Fernando Giliberti, medio patinó ante el auditorio cuando se dedicó a repetir el Plan Galuccio que el CEO de YPF había presentado hace casi dos meses, que casi todos los empresarios conocían. Si Lula fue todo corazón para exponer sus consejos, el capítulo de honestidad brutal le correspondió al exsecretario de Cultura de la Nación José Nun, quien advirtió en la mañana del viernes que el populismo “destruye las instituciones”, al tiempo que recomendó “concertar” y se despachó con una frase de crítica extrema hacia la conducción institucional de la república: “¡Es la política, estúpido!”, remedó a Bill Clinton a la hora de tratar de explicar los porqués ideológicos de las trabas económicas que sufre el gobierno y que han derivado en el cepo cambiario y en mayor malhumor social. El exfuncionario de Néstor Kirchner destacó que hoy se exacerba el “individualismo extremo”, fundamento del capitalismo, porque éste “genera que amplios sectores de la población, pauperizados, sean la carne de cañón del populismo”, gente que “no tiene voz, ya que habla a través del líder populista y éste les devuelve el discurso a través de los medios”. En medio del revuelo que armaron en el Coloquio estas apreciaciones de Nun, y aunque éste no lo dijo, los participantes concluyeron que la necesidad de controlar la mayor parte de los medios es entonces una herramienta para que el populismo se propague, cuestión que los regímenes totalitarios del siglo XX tenían muy clara. De allí a inferir el significado del “7-D” hubo un solo paso. Justamente la pregunta más escuchada fue: “¿Qué va a pasar ese día?”. El grueso de quienes se interesaban tenía claro que la ley de Medios “está hecha únicamente para desmembrar al Grupo Clarín”. A la vez se suponía que, como las diferencias son tan marcadas y como el gobierno está cerrado a cualquier negociación política, la situación se debería destrabar a partir de un pronunciamiento explícito de la Justicia, o bien con un fallo de Primera Instancia, o bien con una prórroga de la cautelar por parte de la Corte, o bien con una aclaración judicial sobre el tiempo de adecuación, para que los medios que gozan del amparo cumplan con la ley. Pero más allá de tantas elucubraciones, la conclusión más seria de los empresarios fue que el avance del Estado sobre los derechos individuales, la libertad de expresión y la seguridad jurídica son palos en la rueda que se pone a sí mismo el kirchnerismo. “Qué pena que Lula no habló de estas cuestiones”, se lamentó un asistente. Al respecto se destacó como un gran valor del disertante la “autoridad moral para dar este tipo de consejos”. Y desde lo humano, casi todos quedaron impresionados por el relato que Lula hizo de su niñez: “Yo tengo ocho hermanos. Cuando nos fuimos a São Paulo, éramos 13 personas en una habitación, con una pequeña cocina y un baño que compartíamos con el vecindario. Teníamos colchones en el piso, que se armaban y desarmaban al estilo militar y nunca escuché a mi madre quejarse por nada”, detalló. Ovación III. (DyN)
Hugo E. grimaldi
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