“Conventillo”
La carta destacada
Es cada vez más evidente que cuando los delincuentes, especialmente los juveniles, salen a lo que ellos llaman “trabajar” lo hacen decididos a todo, y a no ponerse límite alguno si “la cosa se complica”. Tienen todo a favor: saben que les sobrarán abogados especializados en delincuencia y que conocen todos los vericuetos de una legislación que, por aparecer como de avanzada, ha logrado que el victimario aparezca como víctima y que por lo tanto se le otorguen privilegios legales impensables en países serios. Los que viven fuera de la ley saben que arriesgan muy poco con su conducta delictiva.
Los que sí arriesgan, hasta su vida, son los ciudadanos honestos, lo que habla de un retorno a la barbarie. Es de absoluta evidencia que la civilización comenzó cuando apareció el límite, cuando la conducta reprobada por la comunidad tenía sólidos muros defensivos en su Código Penal, fuera consuetudinario o escrito. Esto suponía jueces dispuestos a dar a cada uno lo que merecía sin importar que fuera político, empresario, analfabeto o pandillero. La impunidad es incompatible con la civilización.
Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180
Humberto Guglielmin, DNI 10.401.180