Corridas subversivas
Algunos radicales aún creen que la caída del gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín en medio de una explosión hiperinflacionaria no se debió a sus propios errores, sino a un “golpe de mercado” que fue urdido por neoliberales siniestros. Por su parte, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no ha vacilado en tomar medidas drásticas a fin de silenciar a consultoras que, a base de sus propios datos, insisten en que el aumento mensual de los precios al consumidor es muy superior al confeccionado por el Indec. Así las cosas, no resulta demasiado sorprendente que al jefe de la Unidad de Investigaciones Financieras, José Sbatella, se le haya ocurrido tratar “como terrorismo” las corridas cambiarias que a su entender responden al ánimo de “desestabilizar a un gobierno y voltearlo”. Parecería que aquí es tan fuerte la voluntad de ciertos políticos, en especial de populistas que se han acostumbrado a tomar en serio teorías conspirativas a menudo extravagantes, de dar por descontado que las dificultades económicas que enfrenta el gobierno kirchnerista son consecuencia de conjuras maquiavélicas que les resulta irresistible imputar casi todos sus problemas al accionar de malhechores inverosímilmente astutos que están en condiciones de manipular los mercados financieros para desbaratar programas que de otro modo funcionarían maravillosamente bien. Según Sbatella, en vista de que las corridas “aterrorizan a la población y afectan la gobernabilidad”, quienes “atacan a la moneda” deberían ir a la cárcel por muchos años. Aunque es de suponer que el planteo del funcionario cuenta con la aprobación tanto de la presidenta Cristina, que dice haber soportado “cinco corridas”, como de los muchos políticos que se afirman contrarios a la existencia de la “patria financiera”, castigar a quienes por los motivos que fueran desconfían de la fortaleza de la moneda no serviría para asegurar la estabilidad. Si bien es de suponer que Sbatella y otros partidarios de métodos policiales como el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, están pensando en las actividades a su juicio subversivas de empresarios y financistas que compran y venden grandes cantidades de divisas, la corrida más reciente fue obra de miles de ciudadanos comunes –“el chiquitaje”– que, lejos de querer ver destituida a Cristina, sólo aspiraban a defenderse contra una eventual devaluación. De más está decir que calificarlos de “terroristas” sería ridículo. Una razón por la que las teorías conspirativas, y las reacciones que se inspiran en ellas, inciden tanto en la política nacional es la propensión de buena parte de la clase dirigente a tratar a “sectores” enteros –como los conformados por los medios de difusión independientes, la industria, la banca, el campo– como si fueran bloques cohesionados bajo el mando de personajes que se creen capaces de voltear a los gobiernos que no les gustan. Las convicciones, según parece sinceras, en tal sentido pueden atribuirse a la mentalidad corporativista tan característica de nuestra cultura política, pero sucede que la realidad es un tanto más complicada de lo que suelen suponer quienes piensan de dicha manera. Asimismo, para que se produzca un ataque especulativo contra una moneda determinada, resulta necesario que los involucrados tengan buenos motivos para creer que es tan débil que les será fácil provocar una devaluación –caso contrario, perderán mucho dinero–, de suerte que amenazarlos con la cárcel podría resultar contraproducente porque sería tomado por un síntoma de desconfianza. Como los gobiernos de diversos países europeos han tenido que aprender últimamente, a la larga la mejor forma de defender el valor de una moneda consiste en eliminar las dudas en cuanto a su fortaleza manejando la economía con más sobriedad. En nuestro país, los esporádicos rumores en torno a devaluaciones por venir no proceden de bandas terroristas conformadas por especuladores financieros, sino de la sensación de muchos empresarios de que el peso ha dejado de ser “competitivo” y que la tasa de cambio debería por lo menos acompañar la de inflación. ¿Son subversivos los empresarios que piensan así, o los economistas mayormente “heterodoxos” que comparten su punto de vista? Parecería que en opinión de ciertos integrantes del gobierno actual, sí lo son.