Crónica de un día que no se olvidará

Diego Armando Maradona falleció pasadas las 12 del mediodía por un paro cardiorrespiratorio.

Un beso de despedida. Murió Maradona, nace el mito.

Un beso de despedida. Murió Maradona, nace el mito.

El 2020 quedará en la historia como un año difícil de olvidar. En medio de una pandemia que cambió los parámetros de vida en el mundo, y cuya solución se espera con ansias, este miércoles se dio una de esas noticias que conmovió a propios y extraños. Esas cosas que después quedan en la retina, porque todos nos vamos a acordar en el futuro qué estábamos haciendo el miércoles 25 de noviembre al mediodía.

El ser humano que vivió mil vidas dejó de respirar. Diego Armando Maradona falleció pasadas las 12 del miércoles por un paro cardiorrespiratorio. Había cumplido 60 años hace menos de un mes y su situación de salud era precaria, a partir del último hematoma subdural en la cabeza que había derivado en una intervención quirúrgica a comienzos de noviembre.
Cerca de las 13 el rumor se hizo fuerte. Redes sociales, radios y después canales de televisión empezaron a elegir tema único.

Apenas minutos después, repentinamente, la muerte del 10 se confirmó. El corazón, que ya había librado varias batallas entre la vida y la muerte, se frenó un 25 de noviembre, el mismo día de la muerte de su amigo Fidel Castro, fallecido hace cuatro años.

Según explicó John Broyard, fiscal general de San Isidro, antes de que el cuerpo fuera trasladado para la autopsia, “la muerte fue natural y no hubo signos de criminalidad en el cuerpo”.
Al tratarse de una personalidad tan relevante, fueron cuatro los fiscales presentes para cotejar las razones del fallecimiento en la casa de Nordelta, partido de Tigre, provincia de Buenos Aires. Allí pasó Diego los últimos días de su vida. Rodeado, como nunca, de sus hijas y lejos de los excesos.

Por cómo transitó su vida y lo público de sus actos, este desenlace era de esperar. Pero por su historia y edad muchos tenían la sensación de que todavía le quedaba hilo en el carretel.
Su cuerpo dijo basta, pero el mito recién nace. La enorme cantidad de historias, frases, goles, actitudes y reacciones del 10 se verán por todos los medios. Muchos no necesitarán más que cerrar sus ojos para verlo gambetear.

La noticia sacude a la región, el país y el mundo. Los llantos y gestos de tristeza fueron factor común en las calles de las ciudades futboleras del planeta. Es que la condición de ídolo de Maradona se origina en lo deportivo, pero trasciende la pelota y supera límites del campo de juego.
La empatía que genera Diego se explica por sus formas. En un país que siente el fútbol como ningún otro, Maradona fue un artista del balón, ganó partidos y mundiales y protagonizó historias épicas en todos los lugares en los que estuvo. Fue líder y fuente de alegría para los futboleros del todo el planeta.

Para algunos es el número uno indiscutido. Otros lo ponen entre los destacados de la historia, pero no lo indican como el mejor. Hay quienes lo consideran un Dios futbolístico, pero dividen al jugador de la persona y cuestionan su vida personal.

La valoración sobre el lugar en el que lo puso su talento es subjetiva, pero el liderazgo y autenticidad le otorgaron una identificación para con la gente que explica el dolor popular.

Ocurre lo mismo con el origen humilde de Diego, aquel en el cual pasó hambre y tuvo pocas herramientas para construirse como persona en un contexto adverso. Sobre todo teniendo en cuenta lo que vino después: llegar a “la cima del mundo”.

Por varias razones, Maradona recorre muchos puntos de la historia argentina. Genial, ciclotímico, amado y defenestrado. Diego tocó todos los extremos y en sus 60 años pareció transitar varios siglos.
Repleto de talento, imposible de imitar, pero también lleno de errores como cualquiera, porque fundamentalmente fue un ser humano.

Lo llora su familia, sus hijas, hijos e incluso varias de quienes fueron sus parejas; pero también padecen la partida muchos de sus colegas, deportistas de otras disciplinas, hinchas, técnicos, amigos, periodistas y presidentes. De acá y de otros países, de este y de otros planetas.

Porque nunca podremos saber, Diego querido, de qué planeta viniste.


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