Crudo relato de la tortura a internos de la U11

Los que fueron blanco de los apremios revelaron que los castigaron con crueldad. Uno era Cristian Ibazeta, asesinado en su celda años después. Ayer se puso en marcha el juicio oral.

Redacción

Por Redacción

Leonardo Petricio

NEUQUÉN (AN).- “¿Qué seguridad me dan de declarar? Yo estoy detenido”, dijo al tribunal Manuel Serrano apenas se sentó en la silla. El testigo es un interno que vio cómo el 22 de febrero de 2009 un grupo de policías ingresó al sector de “buzones” (castigo) de la Unidad 11 y golpeó a Cristian Ibazeta, asesinado en la misma cárcel en mayo de 2012.

Con su testimonio concluyó ayer la primera audiencia del postergado juicio contra los efectivos Martín Castillo, Gastón Rosas, Sergio Catalán, Gustavo González y Mirko Bernardelli. Están imputados por torturas.

La acusación la lleva adelante, en soledad, la asociación Zainuco, como querellante, pues la fiscalía instó el sobreseimiento.

Serrano dijo temer represalias por su declaración y pidió continuar alojado en la Unidad 12. Su testimonio evidencia que Ibazeta, cuyo crimen no fue esclarecido, era blanco de ataques.

Sobre aquella noche aseguró que la requisa, seis ó siete efectivos que usaban uniforme y casco, sin identificación, y conducidos por un uniformado al que llamaban “Coca cola” junto a otro apodado “Sugus” (Bernardelli y González, respectivamente, según señaló el testigo) abrieron la celda de Ibazeta, lo golpearon, lo sacaron “de las patas” al pasillo y continuaron agrediéndolo.

También le pusieron una bolsa en la cabeza. Afirmó que “Coca cola” lo “verdugueaba” siempre y decía que era un “agrandado”.

Serrano estaba en la celda contigua y por un agujero vio todo. Les pidió a los policías con gritos que dejaran de atacarlo.

“Fueron a pegarle a él (por Ibazeta), esa es la realidad”, afirmó. Indicó que después de la paliza “no se podía ni mover.” Aclaró que en el sector hay poca luz y que el grupo ingresó por un lugar poco habitual, reservado a la visita.

Esa noche el interno Ramón Mansilla, que se encontraba en “buzones”, también fue atacado.

Contó que abrieron su celda, lo golpearon en la cara, le pusieron una bolsa en la cabeza, lo colocaron boca abajo y le dieron patadas en el piso.

“Me faltaba el aire, perdí el conocimiento”, agregó. Manifestó que le decían que tanto él como Ibazeta se tenían que ir porque los “iban a matar”.

Luego del hecho fue trasladado a Zapala, donde actualmente cumple su pena. Añadió que por la voz pudo reconocer a Bernardelli y a Catalán que “barreteaba” (golpes a los barrotes).

Marcelo Nuñez oyó los gritos de Ibazeta y Mansilla. La requisa también pasó por su celda. Relató que lo pusieron de espaldas contra la pared, le hicieron subirse la remera y bajarse los pantalones y calzoncillos. Recibió golpes de puño en las costillas y soportó la bolsa en la cabeza.

Dijo que Bernardelli estaba con la requisa y que daba la orden: “entren y peguen”. “Ellos te empiezan a hacer la guerra, cuando se denuncian estos hechos”, dijo. La contrapartida, aclaró, es el maltrato a las visitas o negarles beneficios.

González, Bernardelli (con el micrófono), Rosas, Castillo y Catalán, los carceleros acusados


Leonardo Petricio

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