La Sureña Jazz Band: celebra sus treinta años con un gran show en Cipolletti: su desopilante origen y el regreso de uno de sus fundadores
La formación de dixieland y hot jazz, única en la Patagonia y una de las pocas en el país, se presenta este viernes en La Caja Mágica de Cipolletti. El trompetista Guillermo Lancelotti, miembro fundador, recrea el origen de la formación y el modo en que dio con el banjo y la tuba.
Este viernes, a las 21, la Sureña Jazz Band celebrará sus treinta años en La Caja Mágica (Mariano Moreno 354, Cipolletti) con un gran concierto que combinará su repertorio histórico y nuevos arreglos.
Será una noche especial no sólo por las tres décadas en escena de una de las pocas formaciones en el país dedicada al dixieland y el swing, sino porque marcará el regreso de uno de sus fundadores, el trompetista Guillermo Lancelotti. Hasta aquí, lo formal de la invitación porque la historia de La Sureña Jazz Band es tan desopilante como que el banjo apareció por una foto ocasional y a la tuba la tomaron “prestada” de la orquesta de la Policía de Neuquén.
A mediados de los ‘90, Guillermo Lancelotti lideraba una formación de jazz moderno, bebop, hard bop, cool jazz, con piano, bajo eléctrico, clarinete, saxo y trompeta, pero quería otra cosa: sonar más autóctono, pero autóctono de allá, del Mississippi. Quería un jazz más originario, que profundizara en los sonidos negros como los que se estaban gestando en la Nueva Orleans de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Pero no le iba a resultar fácil porque ¿quién en el Alto Valle de mediados de los ‘90 tenía un banjo y una tuba?
Lancelotti, entre su entusiasmo por lograrlo, una pequeña ayudita del azar y cierta dosis de osadía logró ambas cosas. Al banjoista lo encontró de casualidad a partir de una foto en una casa de fotografía de Neuquén. Allí estaba el muchacho retratado con el instrumento que Lancelotti tanto buscaba.
El trompetista le preguntó al dueño del negocio si por casualidad sabía quién era ese músico de la foto o si tenía algún contacto. Le dijo que sí y el muchacho resultó ser (un tal) Sergio Ianni. Lo llamó, le contó del proyecto y lo que sigue es historia que se celebrará esta noche. Ianni es, además de miembro original de la banda, el único que nunca se fue. Todo muy lindo, pero todavía faltaba la tuba… y quien supiera tocarla.
El inusual instrumento fue cedido por la Orquesta de la Policía de Neuquén, de la que Lancelotti era miembro. El “préstamo” fue un tanto particular: por las noches, Lancelotti, que formaba parte de la orquesta, tomaba prestado el instrumento y en la mañana lo devolvía sin que nadie supiera nunca de la ausencia de la tuba. El primer tubista de la banda fue… un trompetista. “Si querés ser parte de la banda vas a tener que tocar la tuba”, le sugirió Lancelotti. El trompetista, por supuesto, aceptó.
El proyecto pasó por varios nombres, entre aquello formación de jazz más “modernosa” y la orquesta de jazz tradicional. Primero fue la Quimey Jazz Band, luego Pehuenia Hot Club. Cuando el proyecto ya estaba más o menos encaminado decidieron buscar uno que involucrara a todos los músicos. A instancias del banjoista (sí, el chico de la foto) todos pusieron un nombre en una bolsa, revolvieron y el papelito que salió decía La Sureña Jazz Band. Era el que había propuesto el banjoista.
A fines de los ‘90, Lancelotti se mudó del Alto Valle a Bariloche y luego a España, donde vivió muchos años. Luego se fueron el clarinetista y el baterista, pero La Sureña Jazz Band nunca dejó de tocar. Lo hizo durante estos treinta años con diversas formaciones. Lancelotti regresó a la formación en diciembre del año pasado, a partir de la salida del trompetista de ese momento.
La formación actual de La Sureña Jazz Band es con Roberto Flores, clarinete y saxo; Francisco Álvarez, trombón y tuba; Julio Garrido, guitarra dobro; Javier Larrión, contrabajo; Mauricio Costanzo, batería y whasboard; Guillermo Lancelotti, trompeta, corneta y scat; y Sergio Ianni, el chico de la foto con un banjo, el que siempre estuvo.
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