Sanampay dice adiós, su legado solo descansará un rato

Después de 50 años, el grupo creado por el neuquino Naldo Labrín, se despide de los escenarios con una gira por Argentina y México, país que lo vio nacer. Un canto a la historia de los pueblos latinoamericanos que perdurará en el tiempo.

Cincuenta años rescatando la identidad de los pueblos latinoamericanos a través de la música y la experimentación artística. (FOTO: Gentileza)

“Fue una aventura musical”, dijo Naldo Labrín, el creador del emblemático grupo Sanampay que luego de casi 50 años anunció su retiro de los escenarios. Pero esa frase encierra mucho más de lo que se puede pensar, leer y escuchar en una superficial vista panorámica.

Sanampay nació como una revolución musical en los años 70, en plena dictadura cívico militar en Argentina, exilio de por medio y todo lo demás. México era por entonces, la cuna que dio cobijo a todos los perseguidos, “desarraigados políticos”.

Ya en tierra azteca, Naldo Labrín, Delfor Sombra y Eduardo Bejarano encontraron la forma de resistir y encontraron un modo de unir culturas, cuando todo era casos, terror y muerte. “La música salva al mundo”.

La elección del nombre del grupo no fue azarosa. Sanampay, proveniente del quechua se traduce como “dar aviso”, “hacer señales” o “estar presente”. Y ahí estaban ellos, buscando la manera. Pasaron casi 50 años de dejar huellas de lucha y resistencia, pero llegó el momento. Los ciclos se terminan y Sanampay encontró ese momento para decir un adiós que no será para siempre porque la música no muere, ni se puede matar.

El grupo ya se despidió en Argentina, pero una llamada desde México los alertó: “Si aquí nació es justo armar una despedida en esta tierra”. Ese llamado movilizó a los músicos pero su creador dijo: “sigan sin mí”. Es que tiene entre manos otros proyectos a los cuales dedicarse. Pero… la música pudo más.

Sanampay ha buscado a lo largo de sus años caminar toda la piel de América en su propia piel”.

Armando Tejada Gómez, en una entrevista refiriéndose al grupo creado por Labrín.

Así que Sanampay el próximo jueves se embarca en una gira de varios días para pisar la tierra que los vio nacer y les dio la posibilidad de seguir siendo “voceros” de una historia con más de 50 integrantes desde su fundación que hoy son una marca registrada.

Y comienza el show. La gira final comenzará el próximo viernes en La Carbonera, ubicada en el barrio porteño de San Telmo. De allí cruzarán el Río de la Plata para presentarse en La Zitarrosa de Montevideo, Uruguay. Serán dos conciertos previos para llegar a la tierra “natal” de Sanampay, donde los esperan el 2o de mayo en la Facultad de Filosofía y Letras para un concierto y conferencia abierta al público.

El 22 de mayo la cita será en el teatro Jaime Torres Bodet de Guadalajara para luego subirse al “bondi” y continuar rumbo a Tlalpan, donde el 23 brindarán un segundo encuentro musical en la explanada de la Alcaldía.

Y el broche de oro. Sanampay lo dará todo al día siguiente, en el Teatro del Pueblo de la ciudad de México, donde el grupo cerrará un proyecto para rendirle honores a la música y la historia que los vio nacer y a la tierra que “sin pedir nada a cambio” les dio un lugar donde ser libres para expresar el arte que “tanta falta hace en el mundo”.

Labrín definió a este trayecto artístico como una aventura musical “porque es y fue un camino que tuvo un desarrollo fantástico y un final maravilloso” porque su descendencia, hijos y nieta, lograron sacar de sus entrañas ese legado y mostrarlo desde otras aristas artísticas.

Pero no solo eso. “Los que han pasado por la música, no importa si son grandes o medianos. Lo importante es que son mejores personas. Los que han pasado por la música después son buenos ingenieros, buenos abogados. La música transforma el alma del niño, del individuo. A veces no se entiende, pero cuando un niño integra un grupo musical le cambia la vida porque la música lo obliga a compartir el sonido con otros y cuando aún no se pueda creer, eso potencia enormemente el desarrollo intelectual. Eso es la música”, agregó Labrín a punto de preparar sus valijas para partir de gira.

Y eso fue y es Sanampay, un grupo que dejó potencialidades musicales para pensar un mundo distinto. Cuando suenan los acordes argentinos mezclados con sones de otros parajes de la tierra latinoamericana, se completa el rompecabezas de una historia de gente musicalmente preparada para dejar huellas.

Una música con identidad propia

Durante casi medio siglo, Sanampay construyó un cancionero latinoamericano profundamente ecléctico, donde conviven sones mexicanos, chacareras argentinas, ritmos andinos, canciones del Nuevo Cancionero e influencias de la Nueva Trova Cubana.

El grupo mantuvo siempre un fuerte compromiso con la poesía, la memoria histórica y la identidad cultural latinoamericana. A lo largo de su historia, Sanampay fue mucho más que un conjunto musical: se convirtió en un verdadero espacio de formación y transmisión cultural.

Ensayos, giras y escenarios compartidos generaron una intensa experiencia de aprendizaje colectivo, donde la práctica musical se entrelazó con el intercambio de saberes, la reflexión política y la creación artística en pos de encontrar un norte.


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