De la cordillera al Atlántico por el río Santa Cruz

Tres aventureros cumplieron un añejo sueño. Lucharon contra remolinos, fuertes correntadas y vientos que llegaban a los 70 kilómetros por hora. Todo en medio de paisajes de ensueño.

Redacción

Por Redacción

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Entre el 18 y 21 de febrero tres remeros regionales unieron la cordillera con el mar, navegando unos 300 kilómetros por el río Santa Cruz. Durante la travesía disfrutaron de un viaje de ensueños pero comprobaron la desolación que nuevamente reina en la Patagonia: «De las 14 estancias ribereñas, 13 estaban abandonadas», constataron.

Los neuquinos Alberto «Beto» Meotto y Guido Fittipaldi junto al barilochense Juan Carlos Bottinelli, navegaron durante cuatro jornadas para unir el lago Argentino con el océano Atlántico. La navegación se llevó a cabo en kayacs individuales, tipo «daquie», y fueron acompañados por tierra, con vehículo de apoyo, por Héctor Batallán, de Neuquén.

«La idea de bajar por el Santa Cruz es de vieja data. Me lo venía prometiendo hace unos 20 años», recordó Bottinelli. El kayaquista tiene unos 30 años de trayectoria en descensos por los ríos de montaña y hace varios años que navega con Meotto, tanto en la Patagonia como por el por el noroeste argentino.

Durante su descenso recreativo, además de admirar las bellezas de la región, los aventureros constataron el abandono de las estancias sureñas. «Cuando se perdió el precio de la lana, la economía rural patagónica sufrió un grave estancamiento. Muchas estancias cayeron en el abandono. De todos los puestos que vimos durante el descenso, sólo uno estaba habitado. El resto refleja un abandono letal», sentenció Bottinelli. Para llegar hasta el lago Argentino el grupo descendió por la ruta nacional 40, un recorrido que definió como «magnífico».

El experto dijo que en el descenso, los daquie demostraron un óptimo rendimiento. «La ventaja de estos botes reside en que se pueden transportar enrollados, en la caja de la camioneta, y una vez armados, flotan muy bien, se pueden cargar fácilmente y son muy resistente y estables», dijo.

Estas embarcaciones aparecieron por primera vez en la región en oportunidad de llevarse a cabo el Raid Gouloises, la competencia de aventura que tuvo lugar en diciembre de 1996. «Nuestros botes son copia y fueron fabricados íntegramente en Bariloche», dijo Bottinelli. En el bote llevaron todo el equipamiento para los tres días de travesía: calentador, comida y equipo de pernocte.

«El río Santa Cruz es un río con mucho volumen de agua, es más caudaloso que el río Negro, no tiene rápidos, pero mantiene una corriente muy fuerte en todo su recorrido. Presenta frecuentes remolinos, es profundo y sus aguas transportan muchos sedimentos, por lo cual es muy lechoso y nada transparente», explicó el remero. El principal escollo a superar por los aventureros fue el fuerte viento patagónico, el cual llegó a superar los 70 kilómetros por hora.

El primer día acamparon en la balsa Don Pedro, a unos 90 kilómetros del lugar de partida. La segunda noche pernoctaron en una estancia abandonada sobre la margen norte del río. En la otra orilla se ubicaba un predio de la empresa Pérez Companc, un hermoso oasis en medio del desierto, «un gran emprendimiento agrícola, de hecho el único que vimos en nuestra travesía», dijeron. La tercer noche pararon en la estancia de Jesús Semino, el cual les ofreció una casa de los peones para pernoctar.


SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Entre el 18 y 21 de febrero tres remeros regionales unieron la cordillera con el mar, navegando unos 300 kilómetros por el río Santa Cruz. Durante la travesía disfrutaron de un viaje de ensueños pero comprobaron la desolación que nuevamente reina en la Patagonia: "De las 14 estancias ribereñas, 13 estaban abandonadas", constataron.

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