De Neuquén a Brasil: el inolvidable viaje de 14 amigos

En la previa del día en que se celebra la amistad, nada mejor que esta historia que relata Pablo “Palito” Galaz: enlaza la Copa América 2019 con un recordado torneo de penales playero en Arraial do Cabo y los tiempos de estudiantes en La Plata en los años 80.





El 19 de junio del 2019 salimos de Neuquén con destino a la Copa América de Brasil un grupo de 14 amigos: Lucho, Chino, Cacho, Yoryi, Walter, Mauri, Luchin, Kb, Rodri, Chile, Mudo, Pela, Zalaza y yo, Palito. En un viaje que organizamos desde enero, con la compra de pasajes, entradas y alojamientos.

En las playas de Arraial do Cabo.

Nos alojamos a una cuadra de Copacabana en un penthouse con terraza y una pequeña pileta. Un lugar soñado donde la convivencia de un grupo de amigos de toda la vida es lo mejor que te puede suceder.

Los duros de la delegación en la «Celda 14″…

Fuimos al Maracaná, nos trasladamos a Porto Alegre para ir a la cancha de Gremio y poder ver a la Selección.

Copacabana, Ipanema y Leblon fueron testigos de nuestras aventuras diarias intentando hacer jueguitos con la pelota en las playas. Pero al ver que no podíamos contra la habilidad de los cariocas, retornábamos al desafío de vencer los vasos de caipirinha.

En el hostel de Porto Alegre.

Un viaje relámpago a Arraial do Cabo y las visitas obligadas para hacer en Río de Janeiro fueron parte de la aventura.

Una noche de salida en Río: Lucho, Cacho, Jorge, Pela y Dani.

Y luego de 11 días de playa, fútbol, paseos, tragos y largas charlas en la terraza, el 30/06 volvimos a casa. Las anécdotas son innumerables e incluyen por ejemplo el campeonato de penales que ganamos en dupla con “Marcelinho” y no logró tener reconocimiento oficial… hasta ahora.

El recordado torneo playero de penales.

Después de nuestro histórico triunfo volvimos a Río. Otro día, mientras todos iban a almorzar a Ipanema, me fui a una zona comercial de Copacabana que sería como nuestro bajo neuquino para estampar las remeras de los campeones.

Tardé unas tres horas y por suerte en la fila había un argentino y su mujer portuguesa, que me ayudó para la traducción. Así que llegué a Ipanema con las remeras de los ganadores.

Sobre la arena carioca quedó el testimonio de la consagración de la dupla ganadora. Que a pesar de sus nombres de pila, fueron bautizados Permiño y Cinturao (intentaron decir permiso y cinturón de seguridad en portugués…)

Palinho y Marcelinho: las remeras de los campeones.

Las horas compartidas que intentaban resumir 30 años de amistad, que incluyen las historias de familia, de hijos, hoy parecen pocas.

En la previa del partido, la banda está de fiesta.

Pero lo más importante de todo es que fuimos 14 amigos que pasamos 11 días en familia. Porque APR (nombre de nuestro equipo de fútbol) es eso, la familia aperreista.

A mediados de la década del 80, en la ciudad de La Plata, un grupo de estudiantes neuquinos participa en la Liga de Fútbol del Interior, Neuquén A.

Los primeros tiempos del equipo.

En ese equipo había varios estudiantes de Arquitectura. Era común juntarse muchas personas a ayudar cuando llegaban los momentos de la entrega final de Planos. Allí la participación era total.

El equipo de los estudiantes neuquinos.

Desde cebar mate, pintar pastito en un plano o ayudar en lo que sea. Al volver a Neuquén, el fútbol vuelve a ser motivo de reunión de aquellos amigos.

Y en el año 1995 en una noche de copas y jolgorio, se toma la decisión de participar en el torneo de la Universidad. Y fue necesario llamar a distintos participantes para completar la lista de buena fe.

Brasil 2019: los años pasan, la amistad perdura.

Durante los últimos 25 años, con suerte dispar en lo deportivo, pero con el triunfo de seguir juntos, hemos concretado el sueño de perdurar. Somos un grupo que se inició con el objetivo de patear una pelota. Nunca imaginamos que iba a terminar así…”


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