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De todo, menos “contingencia”

Roca cumplirá esta semana un año bajo el sistema de “contingencia” para su red de transporte urbano.

El 23 de julio del 2020, los colectivos alquilados a la empresa KoKo salieron a las calles, para cerrar la etapa más crítica padecida por los usuarios, que durante más de dos meses no contaron con ese medio de movilidad.

La definición elegida por el gobierno local para el modelo es elegante, pero bastante alejada de la realidad.

Por definición, una “contingencia” es algo que puede suceder o no, sobre lo que no se tienen certezas, un problema que se plantea en forma imprevista.

Nada de eso ocurrió con el sistema de transporte público roquense.

Por el contrario, en la ciudad se recorrió lento pero sin pausa un camino que tenía altísimas probabilidades de terminar en el colapso.

Es claro que el uso del concepto “contingencia” busca poner en la mochila de la pandemia la mayor carga de responsabilidad por el desmadre de la red de colectivos.

Sin embargo, lo que hizo el coronavirus no fue más que profundizar o acelerar un proceso de descomposición activado mucho antes del 2020.

No había cuarentena cuando llegó el actual gobierno y lo saben bien los funcionarios del municipio, porque fue precisamente la protesta de los trabajadores de 18 de Mayo la que amenazó con alterar el mismísimo acto de asunción de autoridades, en diciembre del 2019. Los colectivos cruzados e impidiendo la circulación en las calles del centro se movieron apenas unas horas antes de las juras, bajo promesas de la entonces intendenta electa de solucionar un conflicto heredado de la gestión saliente.

Porque pandemia hubo en toda la región, el país y el mundo, pero no se conocen casos cercanos de vecinos que tuvieran que gastar fortunas en taxi para moverse porque en su ciudad dejaron de funcionar los colectivos.

El desdén con el que se trató durante mucho tiempo la crisis de la empresa concesionaria hizo que la bomba estallara en las manos de aquél nuevo gobierno.

Y un año después de activar esa experiencia, lo que parecía una transición tomó una forma bastante parecida a lo definitivo.

La cooperativa que conformaron los extrabajadores de 18 de Mayo dio pasos hacia la anunciada concesión, pero poco y nada se sabe sobre el contrato que debe establecer las nuevas reglas para el servicio.

Es cierto que no debe resultar para nada sencillo acordar esas pautas, por el contexto de incertidumbre que aún rodea al sistema sanitario y a la economía.

Lo que inquieta es que, a pesar de ese final abierto para la pandemia, desde la cooperativa repiten en sus declaraciones públicas que todavía no fueron convocados por el municipio para debatir las obligaciones y derechos que regirán en la nueva etapa.

Si esa desconexión es real, no es buen augurio para la planificación que demanda un servicio que precisamente pagó los costos de la imprevisión oficial.

Si no es así, sería positivo que los usuarios conozcan detalles sobre la etapa que viene. Esos vecinos que dependen de un colectivo para llegar al trabajo o a los colegios fueron hasta el momento convidados de piedra en el debate y merecen algo más de respeto.


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