Debate por la utilización de organismos genéticamente modificados
Unos aseguran que mejoran la producción. Otros sostienen que pueden resultar peligrosos. En el medio están los consumidores, sin saber qué hacer.
BUENOS AIRES (Télam).- Ecologistas, productores agrícolas y científicos discrepan sobre las posibilidades y peligros que representan los alimentos transgénicos para el organismo humano y el medio ambiente, en un debate originado por la utilización de «organismos genéticamente modificados»(OGMs).
Debido a los avances científicos se puede tomar un gen de un ser vivo e insertarlo en otro organismo. Por ejemplo, es posible sacarle el «gen anticongelante» a un pez que vive en aguas heladas y ponérselo a un tomate, para que pueda ser cultivado en climas muy fríos.
Respecto a estos avances, la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) aseguró que «con las nuevas técnicas se han obtenido plantas resistentes a organismos perjudiciales y por lo tanto más productivas», y se están desarrollando «nuevas variedades que resulten más nutritivas».
«También se ha demostrado la utilidad de las plantas transgénicas para producir vacunas u otras sustancias terapéuticas, o materias primas de interés industrial como los plásticos biodegradables», destacó ASA.
La asociación agrícola indicó que «las plantas transgénicas son herramientas muy útiles para la investigación científica ya que permite conocer la función de los distintos genes de una planta, modificándolos y observando los efectos producidos en la misma».
Pero para Greenpeace estos adelantos científicos pueden guardar peligros no visibles: «Se están liberando al mercado productos derivados de la ciencia, cuyos riesgos todavía se desconocen. Por ahora, sólo se sabe del impacto de estos organismos sobre la resistencia a los antibióticos y a las alergias».
La asociación ecologista va más allá: «Estos organismos, al ser liberados fuera del laboratorio, originarán una contaminación genética que puede derivar en mutaciones no controladas por el hombre, generando pérdidas o cruzamientos no previstos entre especies vegetales o animales, e incluso efectos secundarios no deseados en los seres humanos».
«El 85 por ciento de la soja que se produce en el país -denunció Greenpeace- es genéticamente modificada. Los campos argentinos están gravemente amenazados por la contaminación genética».
«Y la cantidad de alimentos que se fabrican con este vegetal es enorme: jugos, alfajores, galletitas, chocolate, margarinas, salchichas, papas fritas, aceite, entre otros», enumeró.
De este modo, «día a día, miles de argentinos compran los más variados alimentos en los supermercados, sin saber que en muchos de ellos está la soja y el maíz transgénicos, dos de los cultivos que más polémica y resistencia han despertado en el mundo de la medicina y la agricultura», advirtió Greenpeace.
En lo que hace a las posibilidades de que los alimentos transgénicos causen enfermedades, ASA opinó que «una planta transgénica no debe causar más alergia a los agricultores que la que pueda producir la planta original de la que procede».
«La introducción de un nuevo gen o genes en una planta, mediante ingeniería genética, no supone que la nueva planta tenga que producir alergia», subrayó.
ASA resaltó que «los caracteres que se incorporan a las plantas transgénicas modifican la composición del producto aumentando su calidad (sabor, olor, textura, forma) o su valor nutritivo, y el consumidor puede beneficiarse de estas mejoras», La segunda ventaja, según ASA, es que «si la planta transgénica está diseñada para mejorar su rendimiento agronómico, incorporando caracteres tales como mayor vigor, mejor aprovechamiento del agua y de los fertilizantes o resistencia a plagas y enfermedades, el producto es de igual calidad que el de una planta no transgénica, pero su costo de producción es menor».
«El primer beneficiario es el agricultor, que reduce sus costos, pero de manera indirecta se beneficia también a la población: tanto de una posible reducción en el precio como del menor impacto ambiental que supone su cultivo al precisar menos agroquímicos», afirmó.
La asociación agrícola recordó que «siete academias de ciencias de países desarrollados y en vías de desarrollo publicaron el 11 de julio de 2000 un documento en el que piden la extensión de las investigaciones en biotecnología referidas a la agricultura, para reducir el hambre y la pobreza en el mundo».
«Es esencial mejorar la producción alimenticia y la distribución para alimentar y liberar del hambre a una parte cada vez más importante de la población mundial», señaló el documento de las academias de ciencias de Estados Unidos, Brasil, China, India, México y la Sociedad Real de Londres, según resaltó ASA.
Sin embargo, Greenpeace hizo hincapié en que «la prestigiosa Sociedad Británica de Médicos y otras organizaciones científicas de todo el mundo recomendaron a la gente que exija el etiquetado de los alimentos que contienen componentes obtenidos a través de la ingeniería genética».
«Los consumidores argentinos, a diferencia de los europeos, no pueden elegir lo que comen porque no existe un etiquetado en los productos que advierta si sus ingredientes o procesados contienen, o no, organismos genéticamente manipulados», alertó Greenpeace.
Ocupan muchas hectáreas
BUENOS AIRES (Télam).- Unas 7.5 millones de hectáreas son sembradas actualmente en Argentina con cultivos transgénicos, en especial en la Pampa Húmeda, en tanto que un 85 por ciento de la soja producida corresponde a semillas genéticamente modificadas.
Según la asociación Greenpeace, Argentina tiene cultivos de transgénicos en 7.5 millones de hectáreas, Estados Unidos en 20,5 millones y Canadá en 2,8 millones.
También, México, España, Sudáfrica, Francia y Australia tienen cada uno 100 mil hectáreas cultivadas con semillas genéticamente modificadas, especificó la entidad de medio ambiente. En Argentina, la zona donde más rápido se realizaron los cultivos obtenidos a través de la ingeniería genética es la Pampa Húmeda, señaló Greenpeace.
La asociación ecologista precisa que un 85 por ciento de la soja, un 20 por ciento del maíz y un 0,9 por ciento del algodón corresponde a semillas transgénicas.
En este sentido, la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) aseguró que gracias a la biotecnología, en el último año, Argentina ahorró más de 200 millones de dólares en la producción de soja.
Asimismo, ante las proyecciones demográficas que estiman en 5000 millones de personas más para alimentar en el 2050, ASA destacó que la industria semillera argentina creció un 46 por ciento en los últimos tres años.
Y el rendimiento de los principales cultivos aumentó un 50 por ciento en los últimos 20 años gracias al mejoramiento genético, añadió la asociación agrícola.