Defienden la libertad de prensa en la ONU

Por Redacción

emilio j. cárdenas

En su reciente discurso pronunciado desde el podio de las Naciones Unidas –ante la Asamblea General al inaugurar el nuevo período de sesiones de la organización multilateral–, el presidente norteamericano Barack Obama –en plena campaña electoral– se refirió expresamente a la libertad de prensa. Aquella que hoy está peligrosamente asediada entre nosotros, en momentos en los que el autoritarismo parece haber aparecido nuevamente en nuestra castigada Argentina. Para el presidente Obama, la libertad de expresión es universal, porque debe considerarse innata en el ser humano y porque tiene siempre que ver con la construcción de nuestro futuro. Y, además, porque ella es esencial a la democracia, que es mucho más que simplemente concurrir periódicamente a las urnas a votar. Por esto Obama aprovechó para recordar expresamente las sabias palabras del expresidente sudafricano Nelson Mandela, cuando dijera: “Ser libre es no solamente romper las cadenas que nos aprisionan; es más, es vivir de manera de respetar y mejorar las libertades de los demás”. A lo que agregó, enseguida, que “la verdadera democracia exige que los ciudadanos no puedan ser encarcelados por lo que creen y que las empresas puedan crearse, sin tener que pagar una coima”. Ella, a su vez, “depende de la libertad de los ciudadanos de poder decir lo que piensan y de reunirse en asambleas, sin miedo, y de que el Estado de derecho y el debido proceso legal garanticen los derechos de todos por igual”. Por ello recordó asimismo a todos que “la verdadera democracia exige trabajo duro”. “Quienes están en el poder –señaló el presidente estadounidense– deben resistir la tentación de reprimir a los disidentes. En épocas de dificultades económicas los países pueden caer en la tentación de convocar a la gente para enfrentar a presuntos enemigos, en lugar de enfocarse en el duro esfuerzo que siempre supone una reforma”. Siempre en una encendida y oportuna defensa de la libertad de expresión, Obama aprovechó para señalar que los norteamericanos “han luchado y muerto alrededor del mundo para proteger el derecho de todos a expresar sus ideas, aun cuando tengan profundos desacuerdos con ellas”. Porque “en las sociedades diversas los esfuerzos por restringir la libertad de expresión pueden rápidamente transformarse en una herramienta para silenciar las críticas y oprimir a las minorías”. Refiriéndose enseguida a quienes, como consecuencia de sus pasiones religiosas, pueden de pronto inflamar agresivamente a los demás, agregó que contra ellos la respuesta es también la libertad de expresión, porque así “las voces de la tolerancia que se alzan contra el odio y la blasfemia encienden los valores de la comprensión y del respeto mutuo”. Por lo demás, dijo, “en el 2012, en tiempos en los que cualquiera con un teléfono celular puede diseminar sus ideas ofensivas con el pulsar de una tecla, la noción de que podemos controlar el flujo de la información es obsoleta”. Y es efectivamente así. Palabras sabias, ciertamente, que han sido pronunciadas con claridad meridiana frente a la comunidad internacional. Por su importancia, no deben ser desoídas; particularmente en aquellos rincones del mundo en los que –como está lamentablemente ocurriendo entre nosotros– las restricciones a la libertad de prensa están apareciendo con el propósito habitual: el de poder instaurar un discurso único, el de los autoritarios. Cuando esto ocurre, la libertad sufre y la dignidad de los individuos muy rápidamente deja de ser respetada. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas