Del imperialismo ghanés al efecto araña pollito

Por Redacción

Marcelo Bátiz DyN

Desde que en 1982 estalló la crisis de la deuda en gran parte de América Latina, una amenaza cayó como una sentencia sobre la cabeza de quienes propiciaban un default: si el país incumplía con sus pagos, correría el riesgo de que cualquiera de sus activos fuera confiscado y, en primer lugar, los aviones y embarcaciones de bandera nacional serían retenidos en el primer aeropuerto o puerto extranjero al que arribaran. De tanto repetirse y no concretarse, con el transcurso del tiempo la amenaza dio paso a la ironía. Hasta que la sentencia llegó, en el momento, el lugar y la ocasión menos pensados. No precisamente de la mano de una superpotencia sino en Ghana, una república africana en la que la Argentina ni siquiera tiene embajada o consulado. Tampoco a instancias del juez Thomas Griesa, del distrito sur de Manhattan, sino de Richard Adjei Frimpong, del Tribunal de Comercio de Accra. Y lo que se reclama para liberar a la Fragata Libertad ronda los 15 millones de dólares, una suma irrisoria, menor a la diezmilésima parte del total de la deuda pública argentina, pero que si el país accede a pagar podría abrir la puerta de riesgos mayores. Riesgos como los que se hicieron sentir por estos días en los despachos de Hacienda de varias provincias. Y no por 15 millones de dólares sino por poco más de 260.000. Por lo general, la realidad suele ser menos elegante que los postulados teóricos y en esta oportunidad no hubo que esperar que el aleteo de una grácil mariposa desencadenara un tsunami en el otro extremo del planeta. Alcanzó, según la insólita explicación de los organizadores del partido que no fue, con que una araña pollito dañara un cable para que se cumpliera el deseo del gobernador Jorge Capitanich: “El partido Boca-River permitió que en 50 países del mundo se mencionara la palabra Chaco; el partido Argentina – Brasil tiene un impacto similar”. Y cómo. El mismo 3 de octubre, la provincia depositó 1.244.436,30 pesos para el pago de dos series de bonos denominados en dólares. Dos días después, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires le reclamaba aclaraciones a la Gobernación, ante la posibilidad de una pesificación forzada por la negativa del Banco Central a autorizarle la compra de dólares. Nuevamente todos volvieron a hablar del Chaco. Las justificaciones dadas con una semana de demora por Capitanich y el Banco Central omitieron un dato elemental: por 65 meses consecutivos los pagos se hicieron en dólares y entre esos desembolsos y el último en pesos no medió ningún cambio de normativa. Lo que sí hubo fue una nota del ministro de Hacienda provincial, Federico Muñoz Femenia, a la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en la que, previsor, deslinda sus responsabilidades: “Motiva la presentación la confirmación, por parte del Banco Central de la República Argentina, respecto de las restricciones cambiarias inherentes a las condiciones de emisión del título”. Al menos, no dijo “cepo”. El efecto araña pollito sólo fue amortiguado por el fin de semana largo, pero al regreso de la actividad laboral los mercados tomaron nota de lo ocurrido: fue una pesificación lisa y llana de un título público emitido en dólares, algo que podría repetirse en otras provincias con bonos de similares características, como Tucumán o Formosa. En la provincia de José Alperovich fueron rápidos de reflejos y salieron a aclarar que contaban con los dólares para hacer frente al compromiso. De no haberlo dicho, nadie puede imaginarse cuánto hubiera caído la cotización de los Consadep, que se derrumbó un 10,5%. En Buenos Aires la actitud fue diferente. Como si la responsabilidad fuera inversamente proporcional al peso relativo de cada provincia, el vicegobernador Gabriel Mariotto no sólo salió a apoyar la pesificación chaqueña sino que dijo que la Legislatura que él preside le daría su apoyo al gobernador Daniel Scioli en una eventual medida similar. Mariotto no reparó en que, a diferencia de los del Chaco, los títulos bonaerenses se emitieron bajo legislación foránea. En caso de pagarlos en pesos, no habría relato oficial que impida pensar en un default. Por tener un volumen superior al de los tucumanos y en consecuencia menor volatilidad, los bonos bonaerenses cayeron entre 1,37 y 2,45%, hasta que desde La Plata salieron a aclarar que no había planes de pagar los vencimientos en pesos. El propio Mariotto debió rectificarse aunque, fiel a la liturgia cristinista, cargó las tintas en la pregunta que se le formuló, pese a que los problemas los había generado su respuesta. Por lo pronto, Capitanich ha demostrado en su cuenta de twitter que está a la altura de las circunstancias y escribió: “Cuanto más temprana sea la estimulación, mejor será el rendimiento para el futuro”. Se refería a la educación, por supuesto.