El lado oscuro del brillante ciclo de Gallardo en River

Anoche en Fortaleza el Millo vivió una situación a la que no está acostumbrado: fue dominado, su arquero fue figura, jugó en su campo buena parte del partido en Brasil y fue incapaz de jugar de contra ante un rival que se lo permitió, sencillamente porque no sabe hacerlo.





River suele vencer por obstinación, persistencia, convencido del poder de sus armas.
A lo largo del ciclo de Marcelo Gallardo su equipo ha sabido resolver situaciones adversas de todo calibre. Siempre desde el lado del juego, de la superioridad numérica provocada por el desmarque permanente, en la inventiva que nace desde la confianza.


Pero anoche River se encontró con la horma de su zapato. Fortaleza, con el apoyo de 65 mil espectadores, con el calor y la humedad como aliados extras pero con una insistencia ofensiva casi permanente, estuvo a punto de vencer al gran candidato del Grupo F de la Libertadores, que hasta anoche había ganado todo lo que había jugado en la Copa.
Fue 1-1 y gran parte del punto conseguido fue gracias a Franco Armani, que cerró el arco en el momento más urgente de su equipo.

El Millo fue a Fortaleza a buscar la clasificación a los octavos de final, pero el objetivo quedará para lo que resta de la fase regular.
Fue casi una rareza que a este equipo de Marcelo Gallardo, generalmente altivo y dominador, jugara buena parte del partido en su campo, obligado por la presión de su rival, que necesitaba una victoria para seguir con chances de clasificar.

La habitual vocación ofensiva del Millo se vio opacada por la postura de su rival, que apoyó su juego en el buen pie de Crispim y Lucas Lima, y la peligrosidad silenciosa de Silvio Romero. El Chino, que viene de jugar en Independiente, estuvo en el lugar correcto en la primera gran jugada del partido.
Fortaleza mostró credenciales muy distintas a las exhibidas en el cotejo de ida en el Monumental cuando cayó 2-0, un resultado que pudo ser más abultado.

Anoche el Muñeco Gallardo no se movió del 4-1-4-1: un esquema ya casi clásico y armado para dominar, pero no para ser dominado. En una imagen desacostumbrada, por momentos River la pasó mal. No sólo porque su rival le ganaba en intensidad sino porque este equipo no está acostumbrado a jugar de contra.

Como casi siempre es el preponderante, no está en su naturaleza aprovechar los desajustes que anoche ofreció Fortaleza, que es un equipo atacando y otro bien distinto defendiendo.

Y fue ahí el momento de Franco Armani, muchas veces espectador de lujo en los partidos de su equipo. El ‘1’ le sacó un gol cantado a Lucas Lima con mano cambiada y después hizo lo mismo con un cabezazo de Felipe con el mismo final, en las dos jugadas que podrían haber cambiado el partido antes del descanso.


Armani siguió desactivando cualquier intento al arco del equipo de JP Vojvoda y terminó el juego como la figura de River.

Un dato no menor. Brasil sigue siendo una tierra difícil para el Muñeco Gallardo. A lo largo de 14 encuentros, su equipo ganó sólo tres, empató siete y perdió cuatro, con 18 goles a favor y 18 en contra.


Anoche River salió, obligado, de su zona de confort. Un desafío al que deberá enfrentarse cada vez que rivales como el Fortaleza le pierden el respeto y deciden no jugar condicionados por los antecedentes inmediatos y sin tachaduras del último campeón del fútbol argentino. Todo sea para «seguir creciendo como equipo». Si Gallardo lo dice…


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