La opinión del Mono Navarro Montoya: Argentina está en octavos pero Scaloni recibió una advertencia antes de enfrentar a Egipto

La Selección Argentina avanzó a los octavos de final tras derrotar a Cabo Verde, aunque dejó dudas en su funcionamiento. Lionel Messi volvió a ser decisivo, mientras Lionel Scaloni deberá ajustar el equipo antes del exigente duelo frente a Egipto.

Por Carlos Fernando Navarro Montoya, enviado especial Diario Río Negro

Messi se abraza a Licha Martínez y Cuti Romero, los goleadores de Argentina ante Cabo Verde.

Argentina ganó, pero también recibió una advertencia. La clasificación llegó envuelta en alivio, con el resultado asegurado apenas después de un esfuerzo extremo, pero el desarrollo dejó más preguntas que certezas. Cabo Verde hizo exactamente el partido que se esperaba: ordenado, intenso y dispuesto a llevar al límite al campeón del mundo. Y la Selección respondió con algo que nunca le falta, la voluntad, aunque esta vez casi no apareció el fútbol que la convirtió en referencia del planeta.

El triunfo se construyó desde el sacrificio más que desde el juego. Argentina fue un equipo lento, previsible, sin cambios de ritmo ni movimientos que rompieran líneas. La circulación de la pelota resultó cómoda para un rival disciplinado, que redujo los espacios y obligó a los dirigidos por Lionel Scaloni a depender, casi exclusivamente, de una vieja certeza: Lionel Messi.


El capitán volvió a ser el factor desequilibrante. Cada vez que recibió el balón transmitió la sensación de que algo distinto podía suceder. Gambeteó, aceleró y asumió la responsabilidad cuando el resto parecía atrapado en la lentitud. Su gol resumió esa diferencia: una asistencia magistral de Lisandro Martínez, un control exquisito y una definición que confirmó por qué sigue marcando diferencias incluso a los 39 años.


Más allá de las individualidades, el funcionamiento colectivo encendió señales de alerta. Hubo pasajes en los que Argentina quedó partida, con varios futbolistas sin regresar en los ataques finales de Cabo Verde. El rival, sin contar con grandes elementos desequilibrantes, encontró espacios que un equipo de mayor jerarquía seguramente habría aprovechado con mayor contundencia.

Una explicación posible aparece en las condiciones del partido. El intenso calor de Miami golpeó físicamente a la Selección. Hubo futbolistas exhaustos, otros terminaron acalambrados y el ritmo general cayó notablemente en el segundo tiempo. El cambio de escenario puede convertirse en un aliado: el próximo encuentro ante Egipto será en Atlanta, bajo techo y con aire acondicionado, un contexto mucho más favorable para desplegar la intensidad que caracteriza al equipo de Scaloni.


Sin embargo, el clima no alcanza para explicar todo. También aparecen interrogantes futbolísticos. Thiago Almada parece haber perdido terreno en la consideración por su dificultad para encajar en un rol que termina restando profundidad. La alternativa más natural sería el ingreso de Nicolás González para recuperar amplitud y agresividad, aunque otra opción sería sumar a Leandro Paredes para liberar a Alexis Mac Allister y Enzo Fernández, dos jugadores que, además de acusar el desgaste físico, estuvieron lejos de su mejor nivel.


También la defensa plantea desafíos. Nicolás Tagliafico asoma como una variante confiable para el lateral izquierdo. Más complejo parece el panorama por la derecha, donde ni Nahuel Molina ni Gonzalo Montiel lograron ofrecer la seguridad ni la proyección ofensiva que el equipo necesita.

En ataque tampoco sobran certezas. Ni Lautaro Martínez ni Julián Álvarez atraviesan un gran momento y hasta comienza a instalarse la posibilidad de que Scaloni sorprenda con una alternativa diferente, como el Flaco López, si decide modificar el esquema habitual.


El próximo obstáculo será mucho más exigente. Egipto ofrece un nivel superior al de Cabo Verde. Argentina deberá recuperar dinámica, precisión y sorpresa para evitar una dependencia excesiva de Messi, que ante Cabo Verde alcanzó niveles poco habituales: cuando el equipo no encontraba respuestas, todas las miradas apuntaban al capitán. Y él volvió a responder. Pero ningún campeón puede aspirar a recorrer un Mundial apoyándose únicamente en el talento de su mejor jugador.


La clasificación a octavos de final mantiene intacta la ilusión. Miles de hinchas argentinos ya ponen rumbo a Atlanta con la esperanza de acompañar a una Selección que sigue en carrera. Sin embargo, el mensaje que dejó Cabo Verde es tan claro como oportuno: en esta Copa del Mundo nadie regala nada y, si Argentina no recupera su mejor versión, el camino hacia los objetivos será mucho más empinado.



Exit mobile version