La Regata y una etapa sin sobresaltos a la espera de la gran definición del fin de semana

Agustín Ratto y Julián Salinas se quedaron con el séptimo parcial, pero por poco margen sobre los hermanos Balboa, los líderes de la general. Se vienen dos etapas finales a todo o nada en la Regata de los 50 años.

Agustín Ratto y Julián Salinas se quedaron con el séptimo parcial de la Regata y siguen segundos en la general detrás de los hermanos Balboa. (Foto/ Daniel Nahuelcura)

La séptima etapa de la Regata Internacional del Río Negro fue como un paréntesis a tanta intensidad. Fue una jornada de transición, de tensión contenida y miradas puestas hacia adelante, en la antesala de un fin de semana que promete una definición a todo o nada en esta edición especial por los 50 años de la travesía más larga del mundo.

El parcial que unió el balneario de Conesa con el Establecimiento San Bernardo estuvo marcado por un protagonista que no figura en las planillas pero siempre juega su partido: el viento. Por suerte para los competidores, esta vez el calor no fue tanto pero sí las fuertes ráfagas que estuvieron presentes en la segunda mitad del recorrido, que tuvo más de tres horas de duración para las primeras embarcaciones. El viento sopló por momentos con mucha intensidad pero a diferencia del miércoles (el jueves fue día de descanso), en este parcial el viento no fue siempre en contra. Al contrario, por momento fue a favor pero aún así, los botes de punta administraron fuerzas para lo que viene.

En ese contexto, Agustín Ratto y Julián Salinas tuvieron un mejor final y se quedaron con la séptima etapa, aunque sin despegarse de manera contundente del resto de los protagonistas. La ventaja en la boya de llegada para los ganadores por sobre Franco y Dardo Balboa fue de apenas tres segundos, una diferencia casi imperceptible para los 6m38.1s que le llevan los hermanos neuquinos al bote N°1. Terceros en el agua y muy cerca de los líderes llegaron Damián Pinta y Facundo Lucero, que poco a poco dejan atrás la gastroenteritis que les hizo perder al menos dos etapas.

Los hermanos Balboa defendieron su lugar con inteligencia y templanza, tratando siempre de tener como referencia el bote de Ratto y Salinas. No hubo golpes de escena ni diferencias amplias, la Regata entró en ese terreno sutil donde cada segundo cuenta, pero nadie quiere mostrar todas sus cartas antes de tiempo. El margen es escaso, mínimo, para Ratto y Salinas, ya que son ellos los que deberán encontrar la manera de neutralizar esa ventaja que le llevan los neuquinos de aquí al final. Eso alimenta aún más la expectativa de lo que vendrá.

La etapa tuvo ritmo controlado, estrategias medidas y un clima general de prudencia. Se notó en el agua que todos saben que lo verdaderamente decisivo está por venir. Nadie quiso hipotecar el fin de semana por un intento apresurado, en una jornada atravesada por el viento y las condiciones cambiantes. Fue una etapa que se navegó más con la cabeza que con el corazón, algo poco habitual en una competencia generalmente atravesada por la intensidad. “Este triunfo parcial ayuda para levantar el ánimo. Fue una etapa larga, por suerte con momentos de viento a favor. La idea era no intentar recortar distancias en esta etapa, mañana va a ser muy largo y pasado también, así que no convenía salir a gastar mucho”, reconoce Julián Salinas.


Bajo esa calma aparente, la Regata entrará en su máxima ebullición a partir de este sábado con la disputa de octavo y penúltimo parcial, entre la Balsa de Guardia Mitre y La Cantera, que tendrá una distancia de 68 kilómetros, en lo que será el parcial más largo de la prueba. Con solo dos etapas por delante, el margen de error se achica. Cada largada será una final y cada llegada, un examen definitivo.

Los líderes saben que no hay espacio para la especulación, y quienes vienen detrás entienden que es ahora o nunca. La edición dorada empieza a pedir su desenlace. Así lo entiende también Agustín Ratto. “Para mañana se espera viento en contra y olas, con casi 70 kilómetros por recorrer. Quién sabe, quizás tengamos una oportunidad para recortar el tiempo que nos llevan los chicos Balboa”.

Fuerte viento corría en la Estancia San Bernardo, al momento del arribo de los palistas.

El tramo entre Conesa y San Bernardo dejó claro que nadie regalará nada. El viento exigió respeto, el río pidió atención y los palistas respondieron con experiencia. Fue una jornada sin sobresaltos en los papeles, pero cargada de señales. La Regata de los 50 años ya entró en su zona más sensible, esa donde la historia empieza a escribirse con mayúsculas.
El fin de semana asoma en el horizonte como una promesa de emoción pura. Serán dos días para definir una historia que lleva medio siglo. La Regata, fiel a su leyenda, se prepara para un cierre a la altura de su propia memoria.


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