Derecho de autor y la era digital

Los medios de comunicación y creadores, por un lado, y los gigantes de internet y militantes de la libertad de internet, por otro, libran una feroz batalla en torno a la directiva europea que pretende modernizar la ley de los derechos de autor en plena era digital.

“Es una batalla muy intensa, agresiva” porque “hay muchísimo dinero en juego”, resume Olivier Hoedeman, de la oenegé Corporate Europe Observatory, que estudia la influencia de los grupos de presión en la UE.

El objetivo de la reforma, propuesta en el 2016 por la Comisión Europea, es modernizar el derecho de autor en la era de internet.

El propósito es incitar a las plataformas, como Youtube, a pagar mejor a los creadores de contenidos (artículo 13) y crear un nuevo “derecho afín” para los editores de prensa (artículo 11), para que los diarios o agencias puedan recibir una remuneración por la reutilización en internet de su producción.

Se han creado dos frentes: por un lado, los creadores y la prensa, en busca de ingresos; y por otro, una alianza inesperada entre los gigantes de internet, que temen que se cuestione su modelo de negocio, y los militantes de internet, que consideran el texto como una amenaza para la libertad en la web.

En medio de la batalla se encuentran los 750 diputados europeos, a veces desconcertados por las presiones alrededor de la reforma relativamente técnica sobre la que deben pronunciarse.

Mucho dinero

La industria de internet ganó la primera ronda a principios de julio cuando el parlamento rechazó el texto, que será sometido a una nueva votación el 12 de septiembre.

Varios eurodiputados habían denunciado entonces la presión “sin precedentes” de los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), acusados de manipulación.

“El único equivalente que he tenido es la industria de armas de fuego”, cuenta la eurodiputada Virginie Rozière (socialistas y demócratas), para quien los GAFA han empleado “recursos colosales” para financiar, “de forma disimulada”, “pseudocampañas ciudadanas”.

Rozière dice que recibió más de 40.000 correos electrónicos en contra del texto antes de la votación de julio. “Por el momento es la única manera de conseguir la atención de los eurodiputados. ¿Qué habría que hacer? ¿Enviarles post-it? ¿Postales?”, le responde Caroline De Cock, coordinadora de la coalición Copyright For Creativity (C4C), iniciadora de una de estas campañas.

De Cock representa a museos, asociaciones de consumidores o bibliotecas, pero admite igualmente que C4C está financiada “en un tercio” por el CCIA, el “lobby” de la industria de internet. También gestiona una agencia de comunicación que cuenta con Google entre sus clientes.

Siada El Ramly, directora del Edima, grupo de presión del sector tecnológico, asegura que gastó “mucho menos de un millón de euros” en este caso considerado en cambio “prioritario”.

Pero se indigna ante los medios empleados por la industria musical, que trajo a “grandes artistas” como Jean-Michel Jarre –presidente de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (Cisac)– para defender la directiva frente a los diputados. Paul McCartney también les escribió, y en Francia, más de 70 artistas, como AIR, IAM o Renaud, publicaron una carta abierta.

“¿Imagina el impacto de nuestros comunicados cuando hay gente conocida en frente?”, se lamenta El Ramly.

La eurodiputada alemana Julia Reda, figura emblemática de la oposición al texto y afiliada a los ecologistas, no deja de denunciar en su blog “los golpes bajos” y “el intenso ‘lobby’” de los editores y los artistas.

Reda insiste en la “mezcla de géneros entre lobby e información por parte de los propios medios”, en especial cuando, según ella, publicaron antes de la votación de julio “artículos favorables a la directiva”.

Altavoz de la corriente antirregulación en internet, Reda no tiene miedo de remar junto a los gigantes de internet: “En lo único que estoy de acuerdo con ellos es que el texto actual no es bueno. Pero no estamos de acuerdo en los cambios que hay que hacer”, zanja.


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