Desde Bariloche, comprobaron que las poblaciones de abejas se reducen

Los investigadores de la Universidad del Comahue y el Conicet, Eduardo Zattara y Marcelo Aizen realizaron un estudio que tuvo repercusión mundial. Las abejas son necesarias para producción de arándanos, alfalfa, espárragos, manzanas y otros cultivos.

En el mundo, existen más de 20 mil especies de abejas silvestres que brindan servicios de polinización esenciales para la reproducción de cientos de miles de especies de plantas. También son fundamentales para la productividad de alrededor del 85 por ciento de los cultivos, como las manzanas y los arándanos.

En el mundo, existen más de 20 mil especies de abejas silvestres que brindan servicios de polinización esenciales para la reproducción de cientos de miles de especies de plantas. También son fundamentales para la productividad de alrededor del 85 por ciento de los cultivos, como las manzanas y los arándanos.

Un equipo de investigadores del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue encontró más evidencias que demuestran que las especies de abejas están declinando a nivel global. Si bien había más de 20.000 especies de abejas silvestres descritas, entre 2006 y 2015 solo se registró un 75% de las que se reportaron en los años noventa.

Los biólogos Eduardo Zattara y Marcelo Aizen detallaron que “la polinización es clave para asegurar un rendimiento adecuado en el 85% de los cultivos alimentarios: 130 cultivos de frutas y hortalizas dependen de las abejas para la polinización. Sin ellas no habría arándanos, alfalfa, espárragos, brócoli, zanahorias, aguacates, cebolla, calabacines, fresas o manzanas, entre otras”.

Si bien se sospechaba sobre una declinación en la población de abejas en todo el mundo, no había un estudio que lo ratificara. Los investigadores barilochenses analizaron la información del Centro de Información sobre Biodiversidad Global (GBIF), una red internacional de bases de información que recopila registros de museos, universidades y “ciencia ciudadana”.

“Es un trabajo comunitario global. Se trata de poner en valor las colecciones de los museos, evaluar trabajos antiguos de gente que ha recolectado abejas identificándolas en todo el mundo”, señaló Zattara, profesor adjunto en el Centro Regional Universitario Bariloche de la Universidad Nacional del Comahue, quien resaltó que el costo de investigación fue mínimo y el artículo científico tuvo un impacto internacional. El estudio fue publicado en la revista One Earth de Cell Press.

Desde 1950 -después de la Segunda Guerra Mundial- hasta los años 90, la cantidad de especies se mantuvo estable. Pero desde entonces, se comenzó a registrar menos especies pese al incremento de los registros.

“Muchas poblaciones se hacen más pequeñas o van desapareciendo de ciertos lugares donde vivían antes”, precisó Zattara, al tiempo que aclaró que el declive global de abejas está inserto en una problemática más grande de caída general de los insectos y degradación general de ecosistemas del planeta.

Los científicos Eduardo Zattara (foto) y Marcelo Aizen hicieron un trabajo a partir de la revisión de datos públicos sobre abejas colectadas o avistadas entre 1946 y 2015 en todo el mundo. El número promedio de especies de este grupo de insectos polinizadores a nivel global está en descenso desde los años ‘90. Foto: Marcelo Martínez

Los tres grandes sospechosos de causar el problema son, de acuerdo el estudio, el cambio climático, el cambio de uso de la tierra y las especies invasivas que generan un fuerte impacto en la naturaleza local. El abejorro europeo, por ejemplo, cruzó desde Chile y hoy se expande en Argentina generando una disminución de las poblaciones de especies locales.

El impacto

Las abejas silvestres son uno de los polinizadores más importantes de la mayoría de las plantas con flor. “A nivel biodiversidad, si declina la polinización, también lo harán las plantas que la requieren y que son importantes para los seres humanos”, planteó Zattara.

Comentó que entre 2006 y 2010, se registró una fuerte baja de colmenas de abejas melíferas en Estados Unidos debido a una epidemia que diezmó las colonias. Generó una fuerte baja en la producción de almendras en California. “Hasta ese momento, se preocupaban por las heladas pero nadie le daba importancia a las abejas”, advirtió.

También los tomates necesitan polinización. Si bien históricamente, se cultivaron a cielo abierto, el invernadero permitió cultivarlos todo el año. “Crecía la planta pero no daba fruto porque el tomate depende mucho de los polinizadores. Entonces, pusieron abejas. Pero como no les gustan los invernaderos, no funcionó”, señaló.

La declinación que detectaron los científicos Zattara y Aizen en la biodiversidad de abejas a partir de los años ’90 parece coincidir con el hecho de que es un momento en el que se generaliza un modelo global económico y productivo. "Ese modelo lleva -entre otras cosas- a la homogenización de las prácticas agrícolas en todo el mundo, así como a un crecimiento del comercio internacional", afirmó Zattara. Foto: Marcelo Martínez

“Durante décadas, en todo el mundo, se polinizó a mano. Hasta que incluyeron una colmena de abejorros como polinizador comercial en el invernadero y lograron una polinización adecuada del tomate. Hubo un boom”.

Menos taxónomos

La Patagonia Andina es rica en especies pero cada vez quedan menos especialistas que las identifiquen. “Con varios investigadores de Argentina, Chile, Brasil y el Reino Unido formamos parte de un proyecto internacional sobre polinización. Uno de los trabajos que tenemos colaboradores en todo el país es mirar la importancia de las abejas para la soja y arándanos y es difícil encontrar taxónomos que identifiquen a qué especies pertenecen”, señaló Zattara.

Advirtió que “hasta los años 50, 60 y 70, había mucho movimiento internacional de material biológico. Venía un investigador extranjero, guardaba lo que encontraba, se lo llevaba y describía en su país. Ahora las protecciones de biodiversidad no permiten ese tipo de traslados. La biodiversidad se cataloga en cada país”, comentó. Consideró entonces que “es posible que en los últimos 20 años, se cuente con menos especies porque faltan taxónomos locales o no se hayan hecho públicos los registros.

El cambio climático global también es uno de los factores que afecta a las poblaciones de abejas. Porque altera la estacionalidad y afecta la sintonía que tienen las poblaciones naturales de insectos con la plantas, advierten los científicos de la Universidad Nacional del Comahue y el Conicet, que publicaron su estudio en la revista OneEarth. Foto: Marcelo Martínez

Si bien es probable que parte del declive de especies esté explicado por razones que no son biológicas, Zattara señaló que no es suficiente para explicar un declive tan grande como el registrado del 25%. Es un fenómeno real”.

El científico hizo un llamado de atención: “La única manera de revertir la declinación es ir a las causas: el uso de la tierra, el avance sobre la frontera natural, la revisión de cómo hacemos agricultura y cuánto plaguicida es necesario. Llamamos a la acción. Más allá de que los datos no son perfectos, algo está pasando y más vale que hagamos algo pronto”.

El riesgo de solo mirar especies con carisma

“La preocupación por la conservación de la biodiversidad siempre se focalizó en lo que se conoce como especies carismáticas, como los osos panda, los tigres de Bengala o los lobos en Siberia. Son grupos que se observan mucho y si su número empieza a decrecer, inmediatamente es posible advertirlo”, comentó el biólogo Eduardo Zattara.

En cambio, la presencia de los insectos, y en particular de las abejas y su servicio de polinización, suele darse por sentada sin que casi nadie se moleste en saber qué es lo que está ocurriendo a nivel de las especies.

Cuando se empezó a mirar más en detalle en algunos lugares, se pudo notar que había especies de abejas, que son importantes para la productividad de cultivos estacionales, que no estaban tan bien. Esto puede tener consecuencias a nivel ecosistémico, pero también en la productividad de alimentos. Contar con diversidad de agentes polinizadores es importante, porque la mayoría de los insectos responsables tienen ciclos específicos de actividad y de hibernación.

Cada especie emerge en algún momento del año y sale a polinizar las plantas que estén en flor en ese momento. Si decae la diversidad, es posible que las abejas que están activas no alcancen a cubrir las plantas y cultivos que requieren ser polinizados, lo que limitaría la productividad.

Se puede acceder al informe a través de https://linkinghub.elsevier.com/retrieve/pii/S2590332220306515.


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