Exportan una avispa nativa de la Patagonia para controlar plagas en manzanos de Uruguay
La tecnología del INTA Alto Valle traspasó las fronteras y realizó seis envíos de un pequeño insecto desarrollado en Río Negro. El innovador biocontrolador busca complementar el manejo sanitario y disminuir las aplicaciones químicas en montes frutales.
Una tecnología desarrollada en la Patagonia Norte comenzó a utilizarse en Uruguay para combatir dos de las principales plagas que afectan la producción de manzanas. Se trata de Goniozus legneri, una pequeña avispa nativa producida por el Centro Multiplicador de Biocontroladores Nativos (Cemubio) del INTA Alto Valle, que fue exportada para ser evaluada en establecimientos frutícolas del país vecino.
Entre diciembre de 2025 y abril de 2026 se realizaron seis envíos que totalizaron 34.700 individuos destinados a ensayos a campo. La experiencia constituye la primera exportación hacia Uruguay de un bioinsumo basado en macroorganismos para uso en fruticultura.
El Cemubio fue creado en 2018 en la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle con el objetivo de desarrollar tecnologías de producción masiva y estrategias de uso de controladores biológicos. Desde entonces, el proyecto obtuvo reconocimientos nacionales e internacionales y logró consolidarse como una referencia en el desarrollo de alternativas sustentables para el manejo de plagas.

“Esta tecnología se viene utilizando en la Patagonia Norte con eficacia para el control no solo de grafolita sino también de carpocapsa”, explicó Silvina Garrido, investigadora e ingeniera agrónoma en el INTA Alto Valle, responsable del Cemubio, en diálogo con Rural Río Negro.
La especialista destacó que el biocontrolador exportado fue producido íntegramente en Río Negro y que cuenta con antecedentes de utilización en cultivos de pomáceas de la región.
Avispas nativas de la Patagonia: una alternativa para disminuir el uso de insecticidas en manzanos
La iniciativa busca aportar una nueva herramienta para el manejo sanitario de la grafolita y la carpocapsa, consideradas las principales plagas que afectan a los manzanos en Uruguay.

Actualmente, más del 60% de la producción uruguaya utiliza la técnica de confusión sexual dentro de programas regionales de manejo integrado. Sin embargo, investigadores y productores coinciden en que es necesario sumar nuevas estrategias que permitan reducir la dependencia de insecticidas químicos.
“Se hace necesario contar con más herramientas que aporten al control de estas plagas y a la vez permitan disminuir el uso de insecticidas de síntesis”, explicó Valentina Mujica, investigadora del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) de Uruguay.
La especialista señaló que los productores uruguayos muestran un fuerte interés por este tipo de desarrollos debido a que entienden que el control de estas plagas requiere una combinación de tecnologías.
Insectos exportados
- 34.700
- Ejemplares de Goniozus legneri fueron enviados desde el INTA Alto Valle a Uruguay entre diciembre de 2025 y abril de 2026 para ensayos de control biológico en manzanos.
“Los productores de Uruguay, sobre todo los que participan en el plan de manejo, están más que interesados en contar con este tipo de herramientas ya que son conscientes que plagas como estas no se controlan con el uso único de insecticidas”, afirmó la investigadora.
Mujica agregó que la liberación de Goniozus legneri se complementa con otras prácticas de manejo, como la confusión sexual y el retiro de larvas invernantes, potenciando la eficacia de los programas sanitarios.
Además, remarcó que en Uruguay predominan los productores familiares que viven en los mismos predios donde producen, por lo que la incorporación de estrategias más sustentables no solo impacta en la calidad de la fruta sino también en la calidad de vida de quienes trabajan en las chacras.
El único desarrollo argentino elegido para validación internacional
La exportación se concretó en el marco de un proyecto impulsado por Procisur, una plataforma que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
A través de su Grupo de Trabajo en Bioinsumos, las instituciones impulsaron un programa para validar tecnologías desarrolladas en cada país y evaluar su desempeño en otras realidades productivas.

“En este grupo se planteó la necesidad de validar bioinsumos entre las instituciones para determinar la posibilidad no sólo del uso y aplicación, sino también la adopción por productores e inconvenientes desde el punto de vista logístico para la exportación e importación”, explicó Federico Rivas Franco, investigador del INIA Uruguay.
A partir de ese trabajo conjunto surgió el intercambio entre el INTA y el INIA para evaluar el comportamiento de Goniozus legneri en los sistemas productivos uruguayos.
El desarrollo del Alto Valle fue además el único bioinsumo presentado por el INTA que resultó seleccionado para este proceso de validación regional. “De todas las propuestas tecnológicas de bioinsumos hechas por el INTA para validar en el marco del proyecto Procisur, el único seleccionado fue el desarrollado por el Cemubio, debido a su alto grado de transferencia al sector productivo”, destacó Silvia López, investigadora del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola del INTA.
Los desafíos para llevar la tecnología de Río Negro a Uruguay
Antes de concretar los envíos fue necesario cumplir con una extensa serie de requisitos regulatorios y ambientales en ambos países, además de adaptar protocolos técnicos y metodologías de evaluación. “En primer instancia cumplimos con todos los requisitos reglamentarios exigidos por diversos organismos en ambos países”, explicó López.
Las gestiones involucraron a organismos sanitarios, ambientales y regulatorios de Argentina y Uruguay. También fue necesario ajustar las condiciones de transporte para garantizar la llegada del material biológico en óptimas condiciones.
El primer envío se realizó en diciembre de 2025 y contó con la participación de técnicos argentinos que viajaron a Uruguay para coordinar las liberaciones iniciales y acordar los criterios de evaluación junto a especialistas locales.

Posteriormente, el seguimiento quedó a cargo de los equipos uruguayos y para las próximas semanas está prevista una nueva visita técnica para analizar los resultados preliminares obtenidos en campo.
La experiencia es observada con interés por investigadores y productores de ambos países, que ven en el control biológico una herramienta con creciente potencial para los sistemas frutícolas.
“En un marco creciente de valorización de los servicios ecosistémicos que brindan los sistemas frutícolas, no solo en términos productivos sino también como secuestrantes de carbono, el uso de bioinsumos será fundamental en el desarrollo de planes sanitarios eficientes y sustentables”, sostuvo Liliana Cichón, profesional asociada del INTA Alto Valle e integrante del equipo.
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Una tecnología desarrollada en la Patagonia Norte comenzó a utilizarse en Uruguay para combatir dos de las principales plagas que afectan la producción de manzanas. Se trata de Goniozus legneri, una pequeña avispa nativa producida por el Centro Multiplicador de Biocontroladores Nativos (Cemubio) del INTA Alto Valle, que fue exportada para ser evaluada en establecimientos frutícolas del país vecino.
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