Discuten la legalidad de la caza de ballenas



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Japón está puntillosamente defendiendo la legalidad de sus capturas de ballenas realizadas presuntamente con fines científicos, ante la Corte Internacional de Justicia. El caso, que fuera iniciado por Australia en el 2010, está ahora culminando y la etapa de las llamadas “vistas orales” está por cerrarse. Para Australia, más allá de las excusas públicas de Japón, la realidad es que sus capturas de ballenas tienen –en definitiva– fines comerciales atento a que puede pedirse y comerse carne de ballena en algunos de los mejores restaurantes japoneses. Japón contesta a ello que el artículo 9 de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas le permite seguir “investigando” el ADN y otros temas vinculados con los cetáceos, para lo cual debe poder examinar –entre otras cosas– el contenido de los estómagos de los mamíferos que Australia ciertamente defiende, a capa y espada. Japón caza ballenas desde hace muchos años, pero lo cierto es que de un consumo de 230.000 toneladas anuales de ese producto en 1962, ha bajado a apenas 4.200 toneladas en la actualidad. El tema, obviamente, ha perdido la dimensión social que tenía en el propio país consumidor. Por ello, ahora debería poder resolverse sin generar demasiado rechazo o convulsiones sociales. Ocurre además que las capturas japonesas, que tienen sustancialmente lugar en la Antártida, han caído y siguen cayendo. El año pasado se cazaron 103 cetáceos, contra 266 del año inmediato anterior. En gran medida esto ocurre por la vigilancia y hostigamiento de organizaciones no gubernamentales, particularmente de la denominada “Sea Shepherd”, que cuenta con dos buques con los que incomoda y obstruye permanentemente la actividad específica (en alta mar) de los balleneros japoneses, amenazando con colisionar con ellos, en especial durante los momentos de captura. Este accionar es ininterrumpido y parece haber sido sumamente efectivo. Nueva Zelanda se ha unido ahora a la acción de Australia en procura de disuadir a Japón de continuar con la caza de ballenas y ayudar a la comunidad internacional en sus esfuerzos por proteger la especie. Por ello interviene –también ella– en la acción judicial referida que tramita ante el máximo tribunal internacional. Pese a todo esto, Japón acaba de anunciar por boca de su ministro de pesca, Akira Gunji, que seguirá, también este año, con sus capturas. Además, renovará uno de sus más modernos balleneros. La Argentina se ha unido a los 30 países que acaban de presentar conjuntamente una queja formal contra el programa de pesca japonés, lo que cabe aplaudir. Australia, que ejerce claramente el liderazgo contra Japón en este tema, incorporará un avión y un buque a las tareas de protección y vigilancia de las ballenas en el extremo sur del globo. También para aplaudir, fuertemente en este caso. Nosotros podríamos, seguramente, hacer bastante más. Por ahora, acompañamos. (*) Analista Internacional del Grupo Agenda Internacional.

GUSTAVO CHOPITEA (*)


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