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Dos soldados rionegrinos, de misión en Chipre por la paz

Los soldados Walter Gutiérrez y Leonardo Rodríguez, de Belisle y Río Colorado, forman parte de una fuerza de las Naciones Unidas que trabaja para “el mantenimiento de la paz” en la isla del mediterráneo. ¿Cómo es formar parte de un grupo tan diverso estando tan lejos?





Con la vocación del servicio humanitario como bandera, los soldados rionegrinos Walter Mario Gutiérrez y Leonardo José Rodríguez forman parte de una fuerza de las Naciones Unidas que trabaja en Chipre para “el mantenimiento de la paz”.


En un tiempo muy particular, con la pandemia golpeando fuerte, esta vocación es fundamental para trabajar en estados que se encuentran en un ámbito de gran conflicto.

“Esto te permite ver el mundo de otra manera, vivir en carne propia situaciones inimaginables con gente que pasa muchas necesidades. Te hace abrir la mente y valorar realmente todo lo que tenemos en nuestro país”, comentó Walter en una pausa de su trabajo. Leonardo, por su parte, aporta que “son misiones muy especiales que te hace sentir muy feliz y reconfortado de hacer un gran trabajo humanitario. Durante años nos preparamos y capacitamos para esto. Tenemos la empatía y comprendemos cuáles son las necesidades de la gente”.

Walter Gutiérrez, de 45 años, nació en Choele Choel aunque vivió toda su vida en Coronel Belisle junto a su mamá María Calfulaf y a sus hermanos, a quienes no ve desde 2019. En 1994, con 18 años y en una situación económica difícil, tuvo que abandonar los estudios para emprender nuevos caminos fuera de Valle Medio, buscando ayudar a la familia. “Se vivían momentos complicados, me sentía obligado a ayudar a mi familia y en la zona no había trabajo para los jóvenes”, explica.

Fue así que Walter ingresó a la Armada Argentina como personal voluntario, en el batallón de infantería de marina Nº 4, en Rio Gallegos. Una vez allí, la realidad lo superó en todo los aspectos: “comencé a vivir otras situaciones que nada se asemejaban a las vividas en mi pueblo. Extrañé horrores, había días que quería regresar. Pero el tiempo y el compañerismo dentro de la institución me ayudaron para superar cada obstáculo y comencé a tomarle cariño a la profesión. Hoy puedo decir que la necesidad laboral en aquel entonces fue un puntapié para mi vocación”, asegura.

Parte del pelotón que trabaja cerca de Avlona, localidad turco-chipriota. Allí desempeñan tareas buscando garantizar la paz y la seguridad.


Entre 1994 y 2001 vivió varias experiencias, pero fue en octubre de ese año que tuvo su primera salida al exterior. Allí fue designado para integrar el contingente Argentino Nº 18, que cumpliría tareas en la misión de las Naciones Unidad en Chipre, donde estuvo 6 meses. Posteriormente estuvo en Haití (2007) y Chipre de nuevo (2013).

Desde febrero y por seis meses, Walter es parte de un contingente de 250 soldados repitiendo la misión en Chipre. “Nuestra misión es patrullar, observar y reportar incidentes que ocurran en el área de responsabilidad, con el fin de contribuir al control del cumplimiento de los acuerdos de las fuerzas opositoras” señala Walter, que se encuentra en una zona muy próxima a la localidad de Avlona (Turco-chipriota), con un grupo de 20 efectivos. Allí se desempeña como encargado de la 2º patrulla. “Hemos logrado un excelente grupo de trabajo, donde la convivencia y la empatía son elementos fundamentales para la misión” comenta.

Junto a Walter está Leonardo José Rodríguez, de 36 años, oriundo de Río Colorado. Es hijo de Victorino “Tucho” Rodríguez y Juana Retamal, y es el sexto de nueve hermanos. Su niñez en Barrio Unión no fue fácil, al igual que para todo el núcleo familiar, que debía redoblar esfuerzos para salir adelante y valorar cada logro obtenido. Leo recuerda con emoción su paso por la primaria del barrio, la escuela Parroquial, y la secundaria en el ex CEM 61, donde egresó en 2002.

En 2005, ingresó al Ejercito Argentino como soldado voluntario. “Desde que tengo memoria me llamaba la atención y así fue que un 3 de abril, lleno de expectativas e incertidumbre, viaje a Bahía Blanca”, cuenta. Su primer destino fue el regimiento de Infantería Mecanizada N° 3, con asiento en el Guarnición Pigüé. “Me di cuenta que no me había equivocado y que estaba donde tenía y quería estar, y el día 20 de junio juré a la bandera” recuerda.

Constantemente, los soldados deben enfrentar situaciones complicadas.


Tras algunas experiencias en la escuela de Suboficiales de la Armada y en distintos batallones, llegó a Haití en febrero de 2007. “Fue una experiencia totalmente distinta a las anteriores, en un país muy castigado por desastres naturales, un país en que la mayoría de sus habitantes vive en extrema pobreza, sin servicios esenciales como gas, luz y agua corriente” comenta Leo. Al mismo tiempo, agrega que “era gratificante ver que hacíamos algo bueno al asistirlos para brindar la seguridad a las ONG que repartían comida, aunque al mismo tiempo te dejaba un sabor amargo el ver que nunca alcanzaba para todos”.

En 2014, Leonardo regresó al grupo que prestó servicios en Haití; y en 2021, por primera vez, fue designado para integrar la fuerza de tareas 57 en Chipre, donde recibió preparaciones especiales. “Esta misión es totalmente distinta a la de Haití en lo que respecta a las tareas a realizar, por el contexto en el que se desarrollan y la realidad del país”, cuenta Leonardo.

Así, Walter y Leonardo cumplen con una misión buscando garantizar la paz y, además, valorando todo lo que desde lejos a veces no se ve.


Los que están lejos, pero no se olvidan



Walter dejó un especial saludo para su hijo Walter Emanuel y su nuera Agustina (sin olvidar a su madre María Calfulaf), a quienes extraña desde la distancia.

Leonardo comenta que en Punta Alta quedó su mujer Cintia Cerna, cabo principal de operaciones generales, y su hijo de 4 años. “Son gajes del oficio y es un sacrificio por ellos también”, explica.


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