Dudas sobre la medida que busca eliminar los campamentos petroleros

Las operadoras no fueron notificadas. Desde el sindicato aseguran que los plazos están vencidos. En la industria consideran que es una propuesta de difícil aplicación. 



En la provincia hay unas 40 concesiones no convencionales otorgadas. (Foto: archivo)

En la provincia hay unas 40 concesiones no convencionales otorgadas. (Foto: archivo)

La industria petrolera tiene varios datos que forman parte del secretísimo que profesa. Uno de ellos abre el interrogante respecto de cuántos operarios duermen en los campamentos de los yacimientos. El sindicato de Petroleros Privados tiene 28.000 afiliados, pero ni haciendo una aproximación ingenuamente optimista se concluiría que el 10% pernocta campo adentro. Entonces, el fin de los campamentos, impulsado por Guillermo Pereyra aparece como difuso y despierta dudas.

El senador del MPN anunció que controlarán que los operarios de mantenimiento no pasen la noche en los campamentos. Asegura que no se cumple con las horas de reposo porque los llaman por urgencias o imprevistos y eso interrumpe el descanso. Pide un nuevo turno.

“Río Negro” consultó a varias operadoras y ninguna dijo estar al tanto de una notificación formal desde el sindicato. Reconocieron contactos telefónicos informales o notas improvisadas. Los operarios de mantenimiento suelen ser muy pocos en comparación con resto de los planteles. Una fuente del sector calculó 130 en total.

Las dudas sobre su aplicación también llegaron al gobierno provincial que pidió más tiempo para opinar sobre el tema porque no contaba con la información suficiente. La medida informada por Pereyra llegó en medio del reactivado debate por las medidas de seguridad en los yacimientos, tras la muerte de Cristian Baeza y Maximiliano Zappia, dos operarios de Pecom, en el yacimiento Fortín de Piedra de la firma Tecpetrol.

El sindicato tiene un viejo reclamo: el desmantelamiento de todos los campamentos petroleros. Aseguran que los operarios a veces deben pasar extensos turnos en muy malas condiciones y por eso fomentan el regreso a las localidades, los cambios de diagrama y un desarrollo inmobiliario para las familias petroleras.

Esto último tiene avances en Añelo porque allí el sindicato adquirió tierras para desarrollar un barrio, donde buscan construir 1.800 viviendas. Por otra, parte el cambio de diagrama, la cantidad de días de trabajo por los de descanso, cuenta con el apoyo del gobierno que busca el arraigo de los trabajadores para desalentar la mano de obra foránea.

Más allá del antecedente trágico que justificaría la medida, las dudas surgen sobre la viabilidad de extender este modelo a todos los sectores petroleros. El éxodo pretendido por el sindicato implicaría subir a las rutas a cientos de operarios exponiéndolos a extensas jornadas de viaje y a los riesgos viales de las rutas petroleras. Respecto del afincamiento de las familias en el sector se preguntan qué ocurriría con localidades como Añelo o Rincón de los Sauces ante una hipotética crisis laboral ya que existen muy pocas oportunidades por fuera de esta industria.

En números

1.100
camas tiene el campamento del yacimiento estrella del gas en Vaca Muerta: Fortín de Piedra, que pertenece a Tecpetrol.
130
operarios, en promedio, es la capacidad que la mayoría de los yacimientos cabecera tienen en sus instalaciones.

Cuando el remedio puede ser peor que la enfermedad

Aún cuando no se sabe a cuántos operarios afectaría una medida como la que propone Guillermo Pereyra, de eliminar las bases en los yacimientos, si puede proyectarse rápidamente algunas consecuencias inmediatas.

Las rutas petroleras están colapsadas e incluso las operadoras desde hace tiempo trabajan en sistemas de transporte propios para reducir el número de vehículos que se usan en los caminos del corredor. Cualquiera sea el número que se sume significará un retroceso en seguridad.

Por otro lado, las distancias entre algunos yacimientos y las ciudades petroleras son extensas y en su mayoría se conectan a través de picadas de ripio. Cabe preguntarse en qué beneficiaría a un trabajador sumar un viaje de ida y otro de vuelta, de dos o más horas, a una jornada que en promedio supera las 10 horas de trabajo. Seguro algo debe revisarse, pero en este caso la solución parece ser lo único a rever.


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