Educación y amistad social





Queremos ser escuelas inclusivas −abiertas a toda la sociedad− que enseñamos a valorar la diversidad.


Las escuelas católicas de la Diócesis de Neuquén queremos poner en valor la labor y la misión que ejercen frente a la sociedad neuquina con su presencia.

La fe en un Dios vivo y presente en nuestra historia nos fortalece y nos anima en nuestra acción educativa cercana a las familias más afectadas por la pandemia. Queremos compartir nuestra contribución a la paz social en la vivencia de los valores evangélicos y nos hacemos voz para hacer visible la injusticia y la exclusión social de tantas familias.

En estos tiempos inciertos y frágiles, como escuelas católicas del pueblo de Neuquén, agrupadas en torno a la Comisión Diocesana de Educación Católica (CDEC) que preside nuestro padre obispo Fernando M. Croxatto, nos comunicamos públicamente para expresar cómo estamos viviendo esta pandemia y compartir nuestros aprendizajes.

La adaptación del modo de enseñar frente al cierre de las escuelas nos hizo más conscientes de cuánto nos aporta una educación centrada en el evangelio de Jesús.

Más allá del medio presencial o virtual, nuestra pedagogía se basa en ir al encuentro del otro desde nuestra propia experiencia de ser amados por Dios y desde la actitud de “primerear” en el amor, como dice el papa Francisco.

En épocas de crisis, los valores evangélicos relucen como el oro, se contagian y se multiplican en gestos de escucha y acogida, o en acciones concretas de solidaridad, tanto al acercar alimentos a nuestras familias como al animar a un estudiante deprimido o al construir una casa para preservar la dignidad de una alumna.

Nos sentimos honrados de ser elegidos por tantas familias de nuestro pueblo para educar en la fe y en los valores evangélicos a sus hijos e hijas.

Queremos ser escuelas inclusivas −abiertas a toda la sociedad− que enseñamos a valorar la diversidad, a aceptarnos con nuestras limitaciones y a crecer en la solidaridad.

Nuestra sociedad necesita reconocerse en su dimensión espiritual, que nos llama a trascender lo puramente individual y abrirnos a la generosidad, a ser constructores de paz y promover la justicia.

Los espacios de encuentro y la formación religiosa propios de nuestras escuelas invitan a reconocer la propia interioridad, a sentir la inmensa dignidad de personas al sabernos constituidos a imagen y semejanza de Dios y a experimentar, aun en medio del dolor, la presencia de su paternidad en la cotidianeidad de la vida.

En nada competimos con la educación pública. Somos parte de la educación pública de gestión privada y en muchos casos con una gran carga de gestión social.

Como tales, somos garantes de la libertad de enseñanza según lo establecen las constituciones nacional y provincial, las leyes de Educación Nacional y Provincial y la ley de Educación Privada.

Como dice el papa Francisco en su última Carta Encíclica Fratelli Tutti: “Los cristianos no podemos esconder que «si la música del Evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados-enviados. Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer». Otros beben de otras fuentes. Para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo” (277).

Agradecemos el apoyo y el respeto de la sociedad hacia nuestras instituciones como una parte esencial del sistema educativo. Les pedimos que sigamos construyendo juntos una patria de hermanos y hermanas, una patria de encuentro y amistad social.

Que María Auxiliadora nos auxilie y nos cubra con su manto en este tiempo de pandemia.

* Comisión de Educación Católica-Diócesis de Neuquén


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