El 2013 y las inversiones en acciones

Quienes, durante el 2013, invirtieron en acciones en los distintos mercados internacionales tuvieron suerte variada. A algunos les fue razonablemente bien. A otros, muy bien. Y hay asimismo quienes fracasaron, o sea perdieron. Cuando el 2013 se ha cerrado ya, aquellos que eligieron invertir en acciones de empresas griegas –pese al altísimo nivel de riesgo que suponía invertir en papeles de un país que acumulaba nada menos que seis años de recesión y que ha atravesado varias crisis durísimas de deuda externa– obtuvieron un resultado excepcional: ganaron nada menos que el 44,8%, quizás como recompensa por su inusual apetito por el riesgo. Algo similar ocurrió con las inversiones en papeles accionarios irlandeses, que arrojaron un resultado anualizado de 35,4% como ganancia neta. También excepcional, por cierto. Otros a los que también les fue bastante bien fueron los que, en cambio, prefirieron comprar acciones de Finlandia, que ganaron un 35,3%, sobre todo por el impacto de Nokia; o de los Estados Unidos, que dejaron –en promedio– una alta rentabilidad, del 27,2%; o de los que compraron papeles de empresas alemanas, cuyo rendimiento anual fue del 23,3%. ¿A quiénes, entonces, les fue mal? En general a los que tenían posiciones en acciones de los llamados países emergentes, o compraron en el 2013 esas acciones, que resultaron castigadas. Los que invirtieron en acciones turcas –por ejemplo– perdieron un 20,8%, siempre en el 2013. Y Turquía sigue convulsionada. Los que, en cambio, lo hicieron en acciones colombianas, pese a que a Colombia –como economía– le ha ido bien, perdieron un 24%. También fueron castigados los que eligieron invertir en acciones chilenas, que pese a la pujanza del país perdieron un 24%, y los que lo hicieron en acciones de Indonesia, que tuvieron una pérdida del 26,8% y, finalmente, los que invirtieron en acciones peruanas, el país que ha sido en el 2013 la indiscutida estrella de la región, que sufrieron una pérdida del 32,4%, siempre en el 2013. Ésos fueron los resultados de algunas de las inversiones en esa suerte de “noble juego de azar” que es invertir en acciones en un mundo que sigue estando muy frágil y cuyos mercados operan con una dosis de alta volatilidad. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional.

Gustavo Chopitea (*)


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