El allanamiento que fue la llave para todos los casos
Como en una novela negra, la brigada de policías que investigó los movimientos de Zapata tras el crimen de Parlanti no pudo evitar impresionarse cuando empezó a desenmascarar al sujeto al que se le atribuye una escalofriante seguidilla de violaciones, robos y crímenes en la región. En su casa hallaron ropa interior de las mujeres a las que sometió, sus perfumes y hasta un neceser, atesorados como trofeos de su vida delictiva. En enero de 2011, los fiscales acumularon varias denuncias de mujeres que aseguraban haber sido secuestradas y violadas mientras estaban acompañadas por su parejas en lugares alejados del casco urbano. Una de esas muchachas contó que había sido abordada, pero que los delincuentes la liberaron antes de consumar la violación. “Sólo se quedaron con su teléfono celular”, contó uno de los investigadores. Se sospecha que, tiempo después, alguien le hizo llegar el aparato a la jovencita y ese hecho fue determinante para avanzar en la investigación. Es que los casos de abusos tenían un denominador común, excepto el de aquella chica que logró bajarse del auto antes de ser sometida. Después del asesinato de Parlanti, que fue en enero de 2012, la entonces jueza de instrucción Alejandra Berenguer (ahora camarista, excusada de intervenir en este juicio) conformó una comisión para tratar de resolver el homicidio. La compañía telefónica informó que el chip del odontólogo se había activado en una antena cercana a la chacra donde vivía Zapata junto a su mujer y a sus hijas. Ese lugar está ubicado en la entrada del paraje La Llanada, a la vera de la Ruta 151 y a pocos metros del tanque de agua donde se produjeron las otras violaciones. El día del allanamiento en su chacra, el 28 de febrero de 2012, los investigadores detuvieron a Zapata y encontraron un neceser en una de las estanterías de la cocina. “Vimos una caja de acrílico reluciente que contenía cremas, maquillajes y cosméticos”, reveló uno de los policías. En un aparador también había un costoso perfume que se exhibía como un souvenir. Después, la justicia corroboró que esos elementos pertenecían a la turista que fue emboscada y violada en la Ruta 6, a pocos kilómetros al norte de Roca. Zapata cometía los delitos con su sobrino adolescente, una especie de aprendiz que en todos los juicios terminó confesando su participación pero afirmando que había actuado amenazado por su tío. Los violadores se cubrían la cara con un pasamontañas, utilizaban guantes y preservativos. Una vez que lograban consumar el hecho se llevaban todos los elementos para no dejar pruebas de cada macabro ataque. En la casa de Zapata también había una bolsa con ropa interior que pertenecía a las víctimas. Todas las causas tenían alguna similitud y perfilaban a un autor común. Después de esa detención Zapata burló dos veces las rejas de las fuerzas de seguridad de Río Negro. Pasó apenas un día alojado en la Comisaría Séptima de Cinco Saltos, de la que escapó por el patio tras “arrancar” los barrotes de una pared sin mayor esfuerzo. Con un inédito despliegue policial lo capturaron al otro día, a la madrugada, cuando pretendía regresar a su casa de la Ruta 151. Y en agosto de 2012, junto con Alex Hernán Velázquez Barrientos (condenado a perpetua por el asesinato de la adolescente de Fernández Oro Agostina Mazzina en 2009), Zapata volvió a escapar. Estaba alojado en el Penal 2 de Roca y, una vez más, pudo huir sin demasiadas complicaciones. La captura se produjo dos días después, mientras los prófugos caminaban a la vera de la Ruta 22 en Cervantes. Desde entonces se dispuso que Zapata mantenga custodia extra en las unidades rionegrinas, hasta que finalmente fue alojado en la cárcel de Senillosa. (AC)