El amor que vende

Las novelas románticas son las favoritas y sus seguidoras, una legión de fanáticas y fieles lectoras. El cuento de hadas llevado a la adultez.

Redacción

Por Redacción

¿Será que los cuentos de princesas inundaron la fantasía femenina desde siempre, con sus historias de amor imposible, con los príncipes que llegan al rescate, con el clásico “…y vivieron felices para siempre”? Como sea, un ejército de mujeres soñadoras acapara diariamente el universo de las redes sociales, se reúne a intercambiar opiniones, ahorra a la espera del próximo ejemplar y marca el pulso en todas las presentaciones de sus autoras predilectas de novela romántica. Devoradoras de páginas interminables, apasionadas y exigentes, a las lectoras de novelas románticas no las para nadie. Con el amor como superador de la adversidad, heroínas posibles, contextos históricos reales y finales felices, las mujeres del género no dudan en sumergirse una y otra vez de lleno en las historias románticas. Reflejo de esto es el fenómeno de la cordobesa Florencia Bonelli, impulsora del género a nivel nacional, que con su trilogía “Caballo de fuego” va camino del millón de ejemplares. Con “Gaza”, la tercera y última entrega, vendió más de 20.000 libros en sólo una semana y con “Congo”, la segunda, alcanzó los 15.000 en los primeros quince días, todo un éxito editorial. “Es un público principalmente femenino. Muchas veces vienen en grupo y preguntan por Flor, sin vueltas. Hay una especie de fanatismo”, contaba en la Feria del Libro una de las responsables del stand de Santillana. “Me atrapa porque es tan realista que siento que estoy en la piel de cada uno de sus personajes. Te hace reír y llorar como si te estuviera pasando a vos. Sus personajes viven experiencias como cualquier persona normal y reaccionan como lo haría yo o mi vecino”, explica Faby Fer García, una acérrima seguidora de Bonelli. La lealtad a los autores que las apasionan parece ser un factor común entre las lectoras: “Tengo que ser sincera, no leo a otro autor porque siento que la traiciono a Flor. Leo cada uno de sus libros cinco o seis veces y siempre encuentro algo especial, no salteo ninguna parte… si tengo que sufrir, sufro”, detalla García. Con espacios especialmente dedicados a este tipo de narrativa, que algunos perfilan como femenina, la Feria del Libro les dio un espacio espacial a estas lectoras, que a pesar de que paseaban acompañadas se adentraban en solitario a hojear las páginas de estos libros con tapas llamativas, coloridas y brillantes. “Es un abanico gigante que atraviesa diferentes clases sociales. Hay adultas pero también hay muchas chicas jóvenes. En la presentación del libro de Bonelli en la Feria, una señora de 91 años dijo que ¡tenía miedo de morirse sin leer la última entrega!”, destaca Verónica Barrueco, encargada de prensa de Santillana. Al igual que Bonelli, otras autoras del género fanatizan a las masas femeninas. Como Gabriela Margall, que recién salido del horno tiene en su haber “La princesa de las Pampas”, una novela romántica histórica, un condimento frecuente y acaso fundamental en este tipo de literatura. “La vamos a compartir pero yo voy a leerla primero –impone una madre a su hija adolescente–. Nos gusta mucho y está bueno porque la compartimos. El único problema es que las dos queremos leerlo sin esperar a que la otra lo termine”, dicen sobre el libro de Margall. En la misma sintonía, madre e hija recomiendan con énfasis leer a escritoras de otras latitudes como la alemana Sarah Lark y las estadounidenses Lisa Kleypas, Sherrilyn Kenyon, Danielle Steel y Barbara Delinsky, todas best sellers que cuentan con millones de lectores en el mundo, sin olvidar a la italiana Francesa Petrizzo ni a la irlandesa Cecilia Ahern. “La novela romántica se vende sola. El público es bastante variado, no son sólo adolescentes, como muchos creen. Hay muchas mujeres de 40 para arriba. Van derecho a esos libros”, destacan desde el Grupo Z. Desde Random House Mondadori opinan algo similar: “Son lectoras devoradoras. Todo el año están esperando que salga el libro de la autora que les gusta y cuando sale se quema, se vende muchísimo. Tienen una cierta avidez y lealtad”, ilustran. Otra de las mujeres que impactan a este mundillo de fanáticas es Gloria V. Casañas, cuya última novela “Yporá. Amor y guerra bajo el sol guaraní”, una historia de amor situada a mediados del siglo XIX, en la guerra de la Triple Alianza, es un boom literario. Aun con el traje de escritoras estrella, las autoras de estas novelas se postulan como las más fanáticas lectoras del género. “Casañas es una abogada fan enferma de la romántica que tiene una gran biblioteca, acaso la más completa de literatura romántica del país”, asegura Florencia Ure, de Random House Mondadori. Al igual que las autoras, sus seguidoras son “fans descontroladas, de las que se tiran encima o llegan cinco horas antes a la presentación para estar primeras. Miles de blogs y de grupos se juntan a debatir sobre el género, una tribu mucho más activa y participativa que la novela negra o el resto”, detalla. En cuanto a las ventas y los ejemplares, todos aseguran que el género crece a pasos agigantados: “Las tiradas nunca son menores a los 20.000 ejemplares”, desliza Ure. Ejemplo de este fenómeno es que “este mes publicamos la entrega 25 de la saga de novela romántica paranormal de S. Kenyon, protagonizada por el líder de los Cazadores Ocultos, Aqueron. Y lleva vendidos millones de ejemplares en todo el mundo”, señala. Sin embargo, los hombres autores que se le animan al género no quedan relegados a segundo plano, así como tampoco los lectores invisibilizados ante los corazones apasionados de las mujeres. Tal es el caso del escritor estadounidense Nicholas Sparks, que cautivó la pantalla con sus novelas que nunca le fallan a lo estructural del género: que el amor todo lo puede. Prueba de eso son sus libros llevados al cine: “Mensaje en una botella”, “Un paseo para recordar”, “Cuando te encuentre” y “Querido John”. Tal vez la esencia de una buena novela romántica, como perfila una fanática, es la combinación de “amor, pasión, intriga, mucha acción y ¡que exista el príncipe que siempre termina rescatando a la princesa de las garras del malvado!”. (Télam)


¿Será que los cuentos de princesas inundaron la fantasía femenina desde siempre, con sus historias de amor imposible, con los príncipes que llegan al rescate, con el clásico “...y vivieron felices para siempre”? Como sea, un ejército de mujeres soñadoras acapara diariamente el universo de las redes sociales, se reúne a intercambiar opiniones, ahorra a la espera del próximo ejemplar y marca el pulso en todas las presentaciones de sus autoras predilectas de novela romántica. Devoradoras de páginas interminables, apasionadas y exigentes, a las lectoras de novelas románticas no las para nadie. Con el amor como superador de la adversidad, heroínas posibles, contextos históricos reales y finales felices, las mujeres del género no dudan en sumergirse una y otra vez de lleno en las historias románticas. Reflejo de esto es el fenómeno de la cordobesa Florencia Bonelli, impulsora del género a nivel nacional, que con su trilogía “Caballo de fuego” va camino del millón de ejemplares. Con “Gaza”, la tercera y última entrega, vendió más de 20.000 libros en sólo una semana y con “Congo”, la segunda, alcanzó los 15.000 en los primeros quince días, todo un éxito editorial. “Es un público principalmente femenino. Muchas veces vienen en grupo y preguntan por Flor, sin vueltas. Hay una especie de fanatismo”, contaba en la Feria del Libro una de las responsables del stand de Santillana. “Me atrapa porque es tan realista que siento que estoy en la piel de cada uno de sus personajes. Te hace reír y llorar como si te estuviera pasando a vos. Sus personajes viven experiencias como cualquier persona normal y reaccionan como lo haría yo o mi vecino”, explica Faby Fer García, una acérrima seguidora de Bonelli. La lealtad a los autores que las apasionan parece ser un factor común entre las lectoras: “Tengo que ser sincera, no leo a otro autor porque siento que la traiciono a Flor. Leo cada uno de sus libros cinco o seis veces y siempre encuentro algo especial, no salteo ninguna parte... si tengo que sufrir, sufro”, detalla García. Con espacios especialmente dedicados a este tipo de narrativa, que algunos perfilan como femenina, la Feria del Libro les dio un espacio espacial a estas lectoras, que a pesar de que paseaban acompañadas se adentraban en solitario a hojear las páginas de estos libros con tapas llamativas, coloridas y brillantes. “Es un abanico gigante que atraviesa diferentes clases sociales. Hay adultas pero también hay muchas chicas jóvenes. En la presentación del libro de Bonelli en la Feria, una señora de 91 años dijo que ¡tenía miedo de morirse sin leer la última entrega!”, destaca Verónica Barrueco, encargada de prensa de Santillana. Al igual que Bonelli, otras autoras del género fanatizan a las masas femeninas. Como Gabriela Margall, que recién salido del horno tiene en su haber “La princesa de las Pampas”, una novela romántica histórica, un condimento frecuente y acaso fundamental en este tipo de literatura. “La vamos a compartir pero yo voy a leerla primero –impone una madre a su hija adolescente–. Nos gusta mucho y está bueno porque la compartimos. El único problema es que las dos queremos leerlo sin esperar a que la otra lo termine”, dicen sobre el libro de Margall. En la misma sintonía, madre e hija recomiendan con énfasis leer a escritoras de otras latitudes como la alemana Sarah Lark y las estadounidenses Lisa Kleypas, Sherrilyn Kenyon, Danielle Steel y Barbara Delinsky, todas best sellers que cuentan con millones de lectores en el mundo, sin olvidar a la italiana Francesa Petrizzo ni a la irlandesa Cecilia Ahern. “La novela romántica se vende sola. El público es bastante variado, no son sólo adolescentes, como muchos creen. Hay muchas mujeres de 40 para arriba. Van derecho a esos libros”, destacan desde el Grupo Z. Desde Random House Mondadori opinan algo similar: “Son lectoras devoradoras. Todo el año están esperando que salga el libro de la autora que les gusta y cuando sale se quema, se vende muchísimo. Tienen una cierta avidez y lealtad”, ilustran. Otra de las mujeres que impactan a este mundillo de fanáticas es Gloria V. Casañas, cuya última novela “Yporá. Amor y guerra bajo el sol guaraní”, una historia de amor situada a mediados del siglo XIX, en la guerra de la Triple Alianza, es un boom literario. Aun con el traje de escritoras estrella, las autoras de estas novelas se postulan como las más fanáticas lectoras del género. “Casañas es una abogada fan enferma de la romántica que tiene una gran biblioteca, acaso la más completa de literatura romántica del país”, asegura Florencia Ure, de Random House Mondadori. Al igual que las autoras, sus seguidoras son “fans descontroladas, de las que se tiran encima o llegan cinco horas antes a la presentación para estar primeras. Miles de blogs y de grupos se juntan a debatir sobre el género, una tribu mucho más activa y participativa que la novela negra o el resto”, detalla. En cuanto a las ventas y los ejemplares, todos aseguran que el género crece a pasos agigantados: “Las tiradas nunca son menores a los 20.000 ejemplares”, desliza Ure. Ejemplo de este fenómeno es que “este mes publicamos la entrega 25 de la saga de novela romántica paranormal de S. Kenyon, protagonizada por el líder de los Cazadores Ocultos, Aqueron. Y lleva vendidos millones de ejemplares en todo el mundo”, señala. Sin embargo, los hombres autores que se le animan al género no quedan relegados a segundo plano, así como tampoco los lectores invisibilizados ante los corazones apasionados de las mujeres. Tal es el caso del escritor estadounidense Nicholas Sparks, que cautivó la pantalla con sus novelas que nunca le fallan a lo estructural del género: que el amor todo lo puede. Prueba de eso son sus libros llevados al cine: “Mensaje en una botella”, “Un paseo para recordar”, “Cuando te encuentre” y “Querido John”. Tal vez la esencia de una buena novela romántica, como perfila una fanática, es la combinación de “amor, pasión, intriga, mucha acción y ¡que exista el príncipe que siempre termina rescatando a la princesa de las garras del malvado!”. (Télam)

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