El aumento permitido dentro del congelamiento de combustibles
Miguel A. Knecht*

El incremento otorgado del 4% en los combustibles que rige a partir de la tercera semana de septiembre se presenta en un contexto donde justamente, el valor del combustible constituía el “arnés de amarre político” de la inflación. Su precio estaba rezagado respecto del salto cambiario de la divisa norteamericana pero que actualmente se vio impactado con el incremento en el precio internacional del petróleo.
En ese sentido, los empresarios aseguraron que la suba de los combustibles constituye un “permitido” dentro del congelamiento y además señalaron que todavía existe un atraso del 25% en el rubro.
Se debe destacar que los precios del petróleo se incrementaron el lunes pasado como consecuencia del ataque contra instalaciones petroleras en Arabia Saudita que indicaban la posibilidad de una escasez del crudo.
Pero el aspecto más preocupante será lo que suceda cuando finalice el congelamiento (en diciembre), ya que al encontrarse relegado en ese 25%, si se actualiza, producirá una distorsión cuantitativa importante dentro del mercado interno de los demás rubros: alimentario, transporte, etc.
El congelamiento de precios ha sido concebido como una herramienta paliativa por el Gobierno nacional para afrontar la fuerte devaluación del peso pero al contener un carácter temporal, presenta una semejanza análoga a una olla a presión, ya que cada vez recibe más calor y donde nunca se podrá asegurar lo que ocurrirá al momento de suministrarle una mayor carga calorífica. Dentro de este análisis, debemos contemplar que llenar el tanque de nuestros vehículos nos cuesta entre $ 2.700 y $ 3.700.
La nafta súper se comercializa en el País a $ 45,49, Infinia a $ 52,49, el gas oil común a $42,60 y Premiun a $48,84 (YPF), encontrándose un poco más elevados los precios establecidos por la multinacional Shell.
Por otra parte, se debe acotar que este incremento del 4% dentro del congelamiento constituye un pequeño ajuste, que no ha sido liberado en su totalidad, sino moderadamente, donde podría alcanzar hasta un 25%.
Esta instancia coyuntural establece el inicio de un período traumático de transición progresiva que el próximo Gobierno nacional deberá afrontar, ni bien asuma el poder central.
No resulta convincente que el valor actual de un (1) litro de nafta cueste lo mismo que un (1) lt de la gaseosa más prestigiosa o idéntico valor que un (1) yogur o igual costo que un (1) litro de vino, donde los costos operativos de elaboración de estos productos resultan inferiores a los gastos que pagan las refinerías por la extracción y refinamiento del petróleo.
O sea, se deduce que la nafta se encuentra en su real y justo precio (valor internacional) o tal vez, los demás productos mencionados, resultan ser demasiado onerosos por contener amplios márgenes de utilidad que le reportan ganancias superlativas a los empresarios.
Lamentablemente este contraste económico repercute desfavorablemente en la vida de los consumidores, ya que conformamos el eslabón más débil y desprotegido de la cadena de comercialización.
* Docente, exconcejal PJ. Fundador y primer presidente de la Asociación de Defensa del Consumidor de Viedma.