El avance de LM
A pocos días de las elecciones presidenciales, el panorama sigue siendo tan confuso como era a mediados del año pasado. Según parece, los tres candidatos peronistas, Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá, se ven «técnicamente» empatados, mientras que los dos ex radicales, Ricardo López Murphy y Elisa Carrió, vienen un par de pasos atrás, de suerte que virtualmente cualquier resultado aún es posible. Aunque cuatro de los cinco contendientes principales representan diversas variantes del populismo, las diferencias entre ellos son enormes: por cierto, un eventual gobierno encabezado por Menem no tendría mucho en común con uno liderado por Carrió, mientras que de ser elegido presidente Rodríguez Saá, las consecuencias para el país no serían las mismas que ocasionaría el triunfo del duhaldista Kirchner. Con todo, ningún peronista parece estar en condiciones de concretar una alternativa auténtica al «modelo» realmente existente actual por tratarse de políticos de formación tradicional comprometidos a su modo particular con el clientelismo corporativo. Por su parte, en el caso ya muy poco probable de que ganara Carrió, sería de prever que pronto adquiriría un perfil no muy distinto de aquel del binomio conformado por Fernando de la Rúa y Carlos «Chacho» Álvarez cuyo intento de combinar el pragmatismo económico con «la ética» fracasó de manera tan contundente.
De los integrantes del quinteto con posibilidades de triunfar, el que más se destaca de los demás es con toda seguridad López Murphy, el «bulldog» que según ciertas encuestas ha avanzado notablemente en las semanas últimas a costa de su ex correligionaria Carrió y, entre la clase media, del «neoliberal» Menem. Sin embargo, a menos que mucho cambie en los próximos días, es posible en esta ocasión que no le sea dado a López Murphy superar los perjuicios en su contra. Si bien hay indicios de que en la Capital Federal y otros centros urbanos son muchos los «progresistas» que, asustados por la oferta peronista y decepcionados por la actuación errática de la «mística» Carrió, una política de ideas vagas sin experiencia administrativa, han llegado a la conclusión de que dadas las circunstancias López Murphy es por un amplio margen el candidato menos malo, se trata del mismo sector que durante largos años se empeñó en descalificarlo por «derechista» , «liberal» e incluso «militarista». Puede que al reflexionar muchos progresistas ya hayan comenzado a modificar sus opiniones en cuanto a las características del ex ministro y de sus propuestas, pero la imagen poco atractiva que tanto contribuyeron a plasmar sigue impidiéndole lograr adherentes en las capas más pobres de la población que, a pesar de todo lo ocurrido a partir de la irrupción del peronismo, siguen fieles a los populistas que a través de los años se las han arreglado para despojarlas de virtualmente todo.
Aunque López Murphy mismo jura creerse capaz de confundir a los escépticos forzando el ballottage para después triunfar en la segunda vuelta, los hay quienes sostienen que podría resultarle mejor perder en esta oportunidad porque el movimiento que está aglutinándose en torno de su figura dista de haber madurado, de suerte que le sería sumamente difícil formar un gobierno viable que sea lo bastante fuerte como para hacer frente a quienes, además de oponérsele en el Congreso, no vacilarían en fomentar la violencia callejera. Según ellos, a menos que contara desde el vamos con el apoyo resuelto de buena parte de la población, sería difícil que resultara exitosa la gestión de un presidente resuelto a llevar a cabo una serie de reformas económicas, administrativas y sociales profundas contra la resistencia implacable de sectores que se aferran con desesperación a esquemas cuyo fracaso ha sido patente. Puede que no se hayan equivocado por completo los que piensan de este modo, pero de triunfar López Murphy a pesar de la oposición de buena parte de la clase política nacional, sería debido a que por fin la mayoría se convenció de que el populismo facilista tan típico de las décadas últimas sólo puede significarle más pobreza, injusticia y arbitrariedad y que, por lo tanto, ya ha llegado la hora de emprender un rumbo que sea radicalmente distinto.