El blue se asusta



No se equivoca por completo el ministro de Economía, Axel Kicillof, cuando dice que la diplomacia norteamericana y los “buitres” están detrás de la suba reciente del dólar blue, el que hace poco superó los 15 pesos. Tanto en nuestro país como en todos los demás, cualquier episodio que motive inquietud influirá en la cotización de la divisa. Con todo, ha incidido mucho más en la evolución del blue su propia propensión, y la de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a atribuir todo cuanto no les gusta a maniobras conspirativas urdidas en Nueva York y Washington que algunas palabras pronunciadas por un representante de un país extranjero o las actividades sin duda molestas de los abogados de los fondos especulativos. Por razones evidentes, la reacción furibunda del gobierno ante la sugerencia nada polémica del encargado de negocios estadounidense de que al país le convendría salir pronto del default ha motivado más incertidumbre, mientras que nadie ignora que el conflicto con los “buitres” ha contribuido a ensombrecer un panorama económico que, antes de la intervención del juez Thomas Griesa, parecía estar por aclararse al girar el gobierno hacia la “ortodoxia”, de ahí los pagos a Repsol y el Club de París. Aunque pocos se sienten demasiado preocupados por el hipotético complot antiargentino denunciado por Kicillof, la impresión de que el gobierno de Cristina se alejó de la realidad para refugiarse en una suerte de universo paralelo sí está provocando mucho malestar que, como siempre sucede, ha tenido un impacto inmediato en los diversos mercados cambiarios, afectando no sólo al dólar blue sino también al llamado “contado con liqui” de los empresarios y el de aquellos ahorristas afortunados que consiguen que la AFIP les permita comprar algunos. Como ha ocurrido en tantas ocasiones en el pasado, una proporción sustancial de los habitantes del país ve en la relación del peso con la moneda de referencia un indicio que mide mucho más que el estado coyuntural de las finanzas públicas. La cotización del dólar –mejor dicho, del peso– refleja la confianza, o la falta de ella, en el futuro inmediato. Ha subido tanto últimamente, ampliando la brecha ya considerable que la separaba de la oficial, porque se prevé que el gobierno kirchnerista tratará de atenuar los costos sociales de la carencia de divisas imprimiendo una cantidad colosal de billetes que, desde luego, valdrán cada vez menos. Lo hará porque no le es dado conseguir créditos en los mercados internacionales a tasas que no sean usurarias, porque el superávit comercial tiende a reducirse al caer el precio internacional de la soja, porque intensificar todavía más la presión impositiva sólo serviría para que la recesión se haga aún más profunda y porque la inflación, del 40% anual o más, amenaza con resultar incontrolable. Por lo demás, no hay señales de que el gobierno tenga el propósito de tratar de restaurar el orden en las finanzas nacionales. Antes bien, parece resuelto a limitarse a procurar minimizar los costos políticos de la crisis peleando con Estados Unidos, país que, mal que le pese a Kicillof, sigue siendo una superpotencia económica, una que, para más señas, por sus propios motivos no quiere que la Argentina protagonice una nueva catástrofe no sólo financiera sino también social. Al fin y al cabo, los norteamericanos ya tienen bastantes problemas con la Venezuela chavista. Aunque el gobierno está en condiciones de ralentizar la caída del peso blue en el corto plazo, no podrá hacer mucho para impedir que, después de una pausa breve, siga perdiendo valor, lo que tarde o temprano lo obligaría a devaluar el oficial, como ya hizo en enero. Preferiría no hacerlo porque repercutiría en seguida en el poder adquisitivo de virtualmente todos, pero, como tantos gobiernos han aprendido, a veces no queda otra alternativa que la de dejar de aferrarse a una tasa de cambio desactualizada. Es por lo tanto razonable prever que el peso siga cayendo, acaso con algunos intervalos relativamente tranquilos, hasta que por fin el país se reintegre al sistema financiero mundial. Los optimistas creen que podrá hacerlo en enero del año que viene ya que, sin tener que preocuparse por la cláusula RUFO, para entonces podría negociar en serio con los implacables fondos buitre, pero mientras tanto mucho podría suceder.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Sábado 20 de septiembre de 2014


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