El camino de un personaje
“El camino de Ida”, la nueva obra de Ricardo Piglia, novela policial que invita a una profunda reflexión.
En mayo del 2011 Ricardo Piglia fue uno de los pocos académicos de Princeton en abrir la boca a propósito del suicidio del profesor español Antonio Calvo. Calvo se había quitado la vida después de conocer que la prestigiosa universidad lo había despedido de sus funciones por motivos nada claros. Sorpresivamente Piglia defendió la memoria de Calvo cuando todos sus colegas e incluso las autoridades de la institución prefirieron llamarse a silencio. “En los 10 años de trabajo de Calvo en la universidad no hubo un solo hecho que justificara el despido”, declaró el escritor.
Había quedado puesta de manifiesto la violencia educada sobre la cual tanto y tan bien reflexiona Piglia en su última novela “El camino de Ida” (Anagrama). El libro es una metáfora de la inteligencia académica expuesta como un cuerpo desnudo a las inclemencias del tiempo. Y el tiempo es la enajenación que anida en lo profundo del lenguaje. Piglia describe los oscuros laberintos de los que está compuesto en parte el circuito de pensamiento academicista. La universidad como una olla a presión. Como una pieza perdida de la sociedad pero que representa de igual modo los conflictos que se encuentran en sus bases.
“El camino de Ida” puede leerse como una novela policial en la que hay un asesino serial y un investigador. El sabueso no es otro que Emilio Renzi, el periodista que atraviesa la obra del autor. Y el criminal es Thomas Munk una reencarnación del “Unabomber”. Pero el libro también puede entenderse como tour psicológico a lo largo y ancho de una mente desquiciada que se conecta a la realidad a través de la ficción. El resultado es funesto, tortuoso y retorcido. Munk es un brillante profesor de Matemáticas que decide iniciar su propia cruzada en contra de la ciencia desde una cabaña perdida en medio de los montes. El intelectual, según lo expone Piglia, ha perdido la brújula que lo unía de una manera neurótica aunque pacífica a lo cotidiano. Como un Quijote de la Mancha con un coeficiente de 160, el profesor empieza por leer literalmente los párrafos de la ficción y termina por querer torcer una realidad que considera podrida en sus cimientos.
Por supuesto, caben las preguntas: ¿cuándo el ser humano no se encuentra atado a lo ficcional? ¿Hasta qué punto es capaz de obrar sobre el predominio de la razón saltándose los fantasmas de lo imaginario?
“¿No es notable que una serie de acontecimientos y el carácter de un individuo concreto se puedan describir transcribiendo el fragmento de una obra literaria? No era la realidad la que permitía comprender una novela, era la novela la que daba a entender una realidad que durante años había sido incomprensible”, escribe Piglia o reflexiona Renzi. Y sigue: “Hay algo solitario y perverso en la abstracción de la lectura de los libros y en este caso se había transformado en un plan de vida”.
Renzi descubre puntos de contacto entre Ida, la persona que lo convocó a dar un curso en una universidad norteamericana a la que asiste con el ánimo triste y cansado, y Munk, el terrorista, leyendo un libro de Joseph Conrad que el desquiciado profesor asimiló como una guía de conducta. La estadía de Renzi se convierte en una pesquisa en el momento en que Ida resulta muerta en circunstancias insólitas. El periodista sospecha que detrás de todo se encuentra la figura de Munk.
“El camino de Ida” es un retrato nada inocente del propio camino que va tomando el pensamiento occidental contemporáneo, violentado por el ejercicio de sus libertades en un marco represivo y no exento de hipocresía.
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
En mayo del 2011 Ricardo Piglia fue uno de los pocos académicos de Princeton en abrir la boca a propósito del suicidio del profesor español Antonio Calvo. Calvo se había quitado la vida después de conocer que la prestigiosa universidad lo había despedido de sus funciones por motivos nada claros. Sorpresivamente Piglia defendió la memoria de Calvo cuando todos sus colegas e incluso las autoridades de la institución prefirieron llamarse a silencio. “En los 10 años de trabajo de Calvo en la universidad no hubo un solo hecho que justificara el despido”, declaró el escritor.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora