“El caso Nisman”



Recientemente se cumplieron dos años de la muerte (¿asesinato?, ¿suicidio inducido?) del fiscal Alberto Nisman, personaje que hoy se reivindica como una suerte de héroe de la Justicia, habida cuenta de la “quijotesca” labor que se le adjudica, motivo por el cual habría acabado muerto, víctima del poder corrupto y corruptor kirchnerista que él había “valientemente” denunciado horas antes de su deceso.

Néstor Kirchner lo nombró desde el inicio de su presidencia como dilecto colaborador suyo, y uno de los oficios al servicio del régimen más corrupto de la historia que Nisman impulsó como fiscal fue el de perseguir opositores, de lo que no se salvó ni el propio Mauricio Macri (entonces jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires) y otros funcionarios disidentes, persecución en la cual se usaba al sumiso aparato judicial para acosar periodistas y políticos opositores. Posteriormente se confirmó la inocencia de Macri y se demostró una vez más la funcionalidad de Nisman al servicio de una banda que detentaba el poder del Estado perpetrando un latrocinio sistemático y generalizado. A lo dicho, cabe señalar que es de público conocimiento que para estas maniobras Nisman contaba con el apoyo de la Secretaría de Inteligencia que el fallecido Néstor le puso a su disposición.

Pero no fue la de un simple funcionario perseguidor o extorsionador de opositores la obra destacada del solícito Nisman, sino el hecho de que fuera premiado por el propio Kirchner en el 2004 al nombrarlo como fiscal especial y encargársele la causa del atentado terrorista contra el edificio de la AMIA. En tal carácter se le asignó un salario privilegiado (era más alto que el del presidente de la nación) y estaba exento del impuesto a las Ganancias. Paralelamente, el régimen lo volvió a favorecer al nombrarlo docente en la Universidad de Buenos Aires.

Sin embargo, el infatigable becario no sólo usó sus contactos para disfrute propio sino para el nepotismo: hizo nombrar como jueza a quien por entonces fuera su mujer, la abogada Sandra Arroyo Salgado, designada como cabeza del juzgado federal de San Isidro. Nuevamente, ni ella ni él tenían ningún inconveniente moral en gozar de las mieles de un poder corrupto y trepar en el escalafón del descompuesto Estado kirchnerista, es decir del mismo Estado y gobierno al que hoy la jueza supérstite acusa de haber asesinado a su exmarido actuando como un “grupo de tareas”.

Tras la muerte de Néstor en el 2010, Cristina Kirchner decidió cambiar el rumbo investigativo del atentado terrorista a la AMIA, pero esta tendencia iba en desmedro de las teorías que venía esbozando Nisman desde su acaudalada dependencia, la cual no sólo nunca avanzó seriamente en la investigación de marras sino que el propio interesado fue acusado de malversar fondos públicos y utilizar dinero estatal para disfrute de sus habituales juergas nocturnas y correrías de tono prostibulario.

Ante el golpe de timón del PEN, Nisman salió a la palestra denunciando mediáticamente a Cristina Kirchner de pretender pactar impunidad con el terrorismo internacional y acto seguido el ubicuo burócrata apareció misteriosamente muerto en su departamento en el lujoso edificio Le Parc de Buenos Aires.

Quiérase o no, Nisman fue socio/empleado del régimen kirchnerista durante más de una década, hasta que por ajustes de cuentas en el seno de la misma hampa a la que servía fue suicidado por ésta después de beneficiarlo tanto en lo personal como en lo familiar.

Si bien no es pertinente celebrar su muerte, tampoco lo es glorificar ni rendir honores públicos a la figura de quien fue largamente colaborador, cómplice o copartícipe del crimen institucionalizado. Así paga el diablo a quien le sirve, y más allá de los misterios que ensombrecen toda esta sórdida trama la historia de Nisman podría resumirse en la sabiduría popular cuya sentencia, en este caso, sería la siguiente: “El que mal anda, mal acaba”.

Joaquín Bertrán

DNI 5.433.822

“Uno de los oficios al servicio del régimen más corrupto de la historia que Nisman impulsó como fiscal fue perseguir opositores, de lo que no se salvó ni el propio Macri”.

Joaquín Bertrán

DNI 5.433.822

Datos

“Uno de los oficios al servicio del régimen más corrupto de la historia que Nisman impulsó como fiscal fue perseguir opositores, de lo que no se salvó ni el propio Macri”.

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