“El ciudadano común”

Por Redacción

Los ciudadanos argentinos estamos siendo sometidos a prueba desde hace bastante tiempo, incrementándose esto, últimamente, en forma rayana con lo escandaloso. Denotamos una capacidad de aguante y de tolerancia muy notable, como verdaderos expertos en la materia. Sin embargo, y por suerte, hay evidencias muy claras, como son los fenómenos de los cacerolazos, que sugieren que se está llegando al límite. Si bien las manifestaciones han sido multitudinarias, constituyen coyunturas de advertencia a los gobernantes y a las clases dirigentes pero no parecen ser, a mi modo de ver, la solución definitiva para lograr el país promisorio que habrían supuesto San Martín, Belgrano, Alberdi, Sarmiento, Favaloro y otros que impulsaron a que la Argentina figurara, otrora, en el concierto de países serios y progresistas. La clase dirigente entronizada en el poder político e institucional no percibe que el cambio reclamado por los ciudadanos, que cotidianamente asumen su responsabilidad trabajando y estudiando, aspira a ser más profundo, pretende ir más allá de un cambio de nombres. Al respecto, creo que el camino a transitar debe pensarse en una seria preparación de las generaciones venideras para que las mismas, cuando asuman el timón del país que quiere ingresar al mundo tecnológico y competitivo actual, lo hagan con altura, involucrando a todos los habitantes. Para ello es necesario priorizar la educación y la cultura, porque es la forma de igualar oportunidades dentro de lo que llamamos democracia. Todos los males que nos aquejan se atenuarían en forma notoria si Juan Pueblo accede a una educación sana, amplia y conceptual, incluyendo especialmente a quienes tengan vocación política. La ignorancia de Juan es el campo en el que gran parte de nuestra dirigencia se nutre y se manifiesta en las falencias llamadas intolerancia, corrupción, desigualdad social, etc. Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén